PERDONAR ES IR AL PASADO Y VOLVER AL PRESENTE SANA Y SALVA.



PERDONAR ES IR AL PASADO  Y VOLVER AL PRESENTE SANA Y SALVA



Tener un sentido de la vida son vitaminas para el cerebro. Actualmente vemos que muchísimas personas se preguntan menos qué es lo que quieren, qué les motiva, con qué se sentirían realizados. Vivimos como autómatas y olvidamos esa capacidad que tenemos de vivir la vida proactivamente.

Cuando sólo nos limitamos a pensar en sentarnos delante de una pantalla, en tumbarnos en un sofá, no pensar ni hacer nada, eso nos va enfermando. Sin embargo, cuando tomamos las riendas de nuestra vida y la vivimos con sentido porque ayudamos a los demás, escuchamos y sonreímos a las personas de nuestro entorno, porque cuidamos a nuestros padres, dedicamos tiempo para estar y disfrutar con los hijos, hermanos, amigos, es cuando adquirimos ese sentido de la vida que a la vez fortalece nuestro sistema inmunológico y nos permite vivir más sanas.  

Un buen antídoto para el sufrimiento, el estrés, las enfermedades, las pérdidas, los contratiempos, las frustraciones o los reveses de la vida, es el amor: un amor hacia una misma (autoestima) y hacia los demás, ese amor que se traduce en solidaridad, amistad, amor de pareja, de familia, amor hacia los otros, amor a las creencias e ideales, ayudar a los que sufren…

Es impresionante, por ejemplo, el amor que tienen los recuerdos. El poder del recuerdo es capaz de activar las mismas zonas del cerebro que cuando esa situación sucedió en el momento real. El cerebro al revivir las situaciones agradables del pasado segrega las mismas sustancias del momento que ocurrió. Recordar ese momento feliz del nacimiento de un hijo o hija, ese ascenso profesional o económico, aprobar unas oposiciones, o cualquier otro evento especialmente importante, hace que el cerebro segregue sustancias como la serotonina, oxitocina, dopamina y eso ayuda mucho creando un bienestar presente.


Cuando una vive y revive recuerdos trágicos de manera que se engancha al pasado recurrentemente, una puede enfermar.


Cuando revivimos algunas experiencias trágicas o negativas que nos han dolido del pasado y no somos capaces de experimentarlas, comprenderlas, integrarlas y aceptarlas, tampoco seremos capaces de perdonarlas, buscando siempre un culpable exterior. Esta actitud que no es más que un mecanismo de defensa erróneo, nos conduce a un malestar permanente porque no nos permite estar en paz con nosotras mismas ni con la situación o personas que nos causaron ese dolor, ya sea real o imaginario. 

Cuando una intenta comprender porque te han hecho daño te sientes aliviada y puedes entrar en el perdón. El perdón, en realidad, es por una misma, no por el otro, porque hoy en día sabemos que quien no es capaz de perdonar, en su vida se asienta en el rencor, el odio y la venganza, que son auténticos venenos para la salud mental y física. Hoy sabemos que esas emociones nos pueden enfermar, que están en la base de algunas enfermedades. En realidad se puede enfermar de odio.


Cuando perdonas es por ti, el perdón te hace libre, no se exige, se otorga. Y eso sirve tanto para perdonar a los otros como para perdonarte a ti misma.  Por eso perdonar es ir al pasado y volver sana y salva.

(Fuente: Marian Rojas Estapé. Del libro “Cómo hacer que te pasen cosas buenas.”)

SUPERAR LA FRUSTRACIÓN



SUPERAR LA FRUSTRACIÓN

“No desesperes ni tan solo por el hecho que no desesperas. Cuando todo parece acabado, surgen nuevas fuerzas. Eso significa que vives.” Franz Kafka.

No siempre es fácil superar la frustración. Es un sentimiento que aparece cuando las cosas no salen como las habíamos previsto.

La frustración es un estado emocional interesante, porque a veces tiende a sacar lo peor de la persona que está frustrada. 

Cuando nos planteamos cómo superar la frustración no es raro que nos aconsejen que nos compremos libros de autoayuda, que lo que nos dicen es que para realizar nuestros sueños y proyectos hemos de imaginarnos ya en ellos, pensar, proyectar y soñar con ellos.

Habitualmente cuando nos acompaña el sentimiento de frustración, este ejercicio de proyección no hace más que aumentar la frustración, porque con esta proyección de buenas intenciones aparece otra emoción: el miedo. “Y si no lo consigo…”

Por consiguiente, este no es un buen camino. En cambio, cuando conseguimos  deshacernos de este sentimiento, volveremos de nuevo a desear, proyectar y reemprender de nuevo. Pero hasta entonces nos queda todo un camino por recorrer.

Entonces, ¿cómo empezar?

Si la frustración nos acompaña y con ella los sentimientos de negación, sentimientos derrotistas i de desconfianza delante del proyecto que tenemos en marcha, el camino que toca en este momento es el de aceptación.

Aceptación significa: “ser capaces de vivir intensamente y con plenitud lo que en este momento nos toca vivir”.

Así que, ahora lo que nos limita para conseguir nuestras metas es lo mismo que en otras ocasiones nos ayuda a conseguirlas, es decir, focalizar la atención, ponerle ilusión, tener muchas ganas i ser muy impacientes para conseguir el proyecto. En ocasiones estos aspectos son muy buenos, pero en otros, estos mismos componentes generan y mantienen la frustración, porque las cosas no se corresponden a lo que estamos deseando ni lo que habíamos esperado que ocurriera. Y estos mismos ingredientes pueden obstaculizar, enlentecer o bloquear las metas, de manera que parece que no va a llegar nunca ni se van a materializar esos deseos, apareciendo entonces una nueva compañera de camino: la frustración.

Sin embargo cuando logramos aceptar la realidad que estamos viviendo, también conseguimos cambiarla. Desaparecerá la frustración cuando aceptemos que no todo sale de la manera esperada y aceptemos la situación, es entonces cuando tendremos otra mirada más amplia que nos permitirá encontrar otras vías  para ser felices. De esta forma, con otros sentimientos, desde la aceptación, la comprensión y la tranquilidad, seguiremos caminando  hacia nuestros sueños, sin que la frustración nos paralice. Y así a lo largo del camino, puede ser que nos sorprendan nuevas situaciones, nuevos caminos que se entrecruzan  y que, sin pensarlo, nos abran nuevas perspectivas y alternativas que nos pueden traer nuevas oportunidades y que nos hagan sentir bien, que nos den cierta tranquilidad y paz por el camino recorrido, por lo conseguido, aunque no sea exactamente  como lo habíamos soñado.

A la hora de plantearnos superar la frustración hemos de aceptar y vivir positivamente la vida reconociendo  que las cosas no pasan cuando y como queremos. No obstante, aceptar este camino truncado desde la normalidad puede llevarnos hasta una forma diferente de vivir la vida más positivamente y a la larga más feliz. 

Y recuerda:

La frustración forma parte de la vida y, aunque no podemos evitarla, podemos aprender a gestionarla y superarla:

Con conciencia del tipo de sentimientos que provoca analizándolos y gestionándolos.

Diferenciando deseos y necesidades, evitando reaccionar a los primeros como si fueran necesidades que requieren satisfacción y alivio inmediato.

Controlando los impulsos. Antes de actuar y hacer algo que pueda resultar perjudicial, pensemos en otras ocasiones y en los resultados obtenidos. Analicemos los pros y contras. Busquemos consejo de otras personas. Intentemos ver el problema desde diferentes perspectivas.

Aprendiendo a soportar el dolor y el malestar. Con el pensamiento y otras técnicas de apoyo.

Cuidando el ambiente y los hábitos: evitando conductas adictivas, evasivas o compulsivas.

EL SENTIDO DE LA PROPIA VIDA

Entrevista a Boglarka Hadinger, doctora en Psicología; logoterapeuta.

“Ninguna relación es buena si una parte no da”

Tengo 58 años. Nací en Budapest y vivo en Tubinga y Viena. Soy especialista en logoterapia, psicoterapia centrada en hallar el sentido de la propia vida. Estoy casada y tengo dos hijas. Estamos en un momento de cambio que requiere madurez. Tengo creencias sin iglesia

Dar y recibir van unidos?
Ninguna relación es buena, ni siquiera la de padres e hijos, si alguna de las partes no hace algo por los otros. Es importante que todos nos sintamos necesarios y útiles.

¿Qué podemos pedir a los hijos?
Algo más que su felicidad. Debemos enseñarles que ellos también pueden darla: “Llama a tu abuela, que está un poco triste, le alegrará oír tu voz”.

Importante, sí.
Hay que darles pequeñas tareas para que puedan experimentar la sensación de que hacen algo con éxito y por los demás.

Es una excelente idea.
En Sicilia y en Austria hay un proyecto, Una escuela adopta un monumento, en el que los niños se responsabilizan de cuidar un monumento, lo reparan si se estropea y se lo enseñan a los turistas.

Herramientas para la madurez.
Es esencial para relacionarse. En una discusión, la madurez permite que callemos cosas que herirían profundamente al otro y la relación, nos da la capacidad de ser cuidadosos con los que amamos y con el entorno.

¿Cuándo somos adultos?
Cuando nos responsabilizamos de nosotros y de lo que provocamos en los demás, y cimentamos nuestro sentido del humor, que tiene mucho que ver con la madurez: permite tomarse las cosas con cierta distancia y ver que hay algo bueno en cada ser humano. Ser persona es involucrarse en el mundo.

La madurez llega cuando llega, si llega.
Lo primero es saber que uno puede trabajar su madurez interior. Tengo el convencimiento de que cada ser humano tiene una tarea en tres diferentes ámbitos.

A saber…
La primera tarea es el trabajo con uno mismo, aprender a modularse: corregir los defectos, potenciar las virtudes. La segunda es con las personas que nos rodean: entender que si queremos ser felices, no lo seremos si ellos no lo son. Por último, cada uno de nosotros tiene una tarea con el mundo, y eso es la búsqueda de sentido.

Llevamos siglos buscándolo.
Una cosa es el sentido de la vida en general y otra el sentido de la propia vida. Cuando la vida tiene sentido no lo reflexionamos, se da por supuesto.
Pensamos sobre él cuando se vuelve inseguro, y eso ocurre cada vez que perdemos algo importante o cuando ya no estamos satisfechos con lo que tenemos y debemos dar un paso de madurez interna.

Las crisis.
Cualquier crisis, económica, medioambiental e incluso de pareja, son síntomas de algo más profundo. Viktor Frankl, el creador de la logoterapia, dijo que a veces el síntoma es lo sano de una vida patológica.

En una vida se viven unas cuantas.
Ocurre en la pubertad, luego la crisis entre los 40 y los 45 años en el caso de las mujeres, y en el caso de los hombres, entre los 50 y los 55 años, aunque a veces encuentran sentido durante un par de semanas en una minifalda, y la crisis de la vejez.

Demasiadas.
Nos proponen reflexionar, encontrar una nueva tarea y una nueva forma de vivirla, es decir, responder a cómo puedo vivir a partir de ahora para que la vida tenga sentido.

No me parece tarea fácil.
Es una tarea maravillosa: significa que no vivimos de forma automática, es un trabajo interesante, de detective.

¿Mirar por enésima vez al pasado?
A veces resulta necesario porque a menudo en situaciones de crisis nos comportamos como lo hicimos cuando éramos niños porque en esos momentos nos ayudó. Pero hay otro punto de vista más interesante.

Usted dirá.
Mirar el pasado para ver qué competencias tenía; qué cosas me han dolido, porque me indican qué puedo hacer; qué he aprendido o qué me gustaría hacer diferente, por ejemplo, con mis hijos, de como lo hicieron conmigo, y, sobre todo, qué es lo que la vida espera de mí en el futuro.

Casi nada.
Se trata de preguntarse para qué merece la pena seguir viviendo. Si estás vacío de sentido, lo llenas con adicciones, deseos, consumo; o a base de relaciones que te sostengan.Pero siempre llega el día en que el vacío existencial te duele, y si ves la cara de una persona a partir de los 50 sabes si está llevando una vida con sentido o no.

Usted hace terapia de pareja. ¿Qué es necesario para tener una buena relación?
Tiene que ver mucho con la madurez, el enamoramiento escoge a una persona determinada con la que también tenemos una tarea, y sólo después de haber atravesado algunas crisis podemos ser adultos.

Pues venga crisis.
En las primeras reaccionamos como cuando éramos pequeños, y solemos comportarnos con nuestra pareja como padres estrictos, por eso es importante decirnos a nosotros mismos: “Soy adulto: puedo sentarme y hablar. Estar con esta persona me plantea un reto de crecimiento personal”. Cuanto más maduras son las parejas, mejor pueden superar las crisis y aprender de ellas.

En busca de sentido
Hay que ser muy cafre para que la lectura de El hombre en busca de sentido no te deje sumido en profundas reflexiones. Viktor Frankl, neurólogo y psiquiatra vienés, lo escribió en Auschwitz. Explicó que el sentido es lo que nos salva y creó escuela, la logoterapia.
Hadinger, que da clases de logoterapia en la Universidad de Tubinga y en la Sigmund Freud en Viena, fue una de sus alumnas: “Uno sólo se convierte en una persona madura, competente y fascinante cuando empieza también a dar. Dar y recibir van unidos. Frankl decía que ser persona es involucrarse en el mundo”. Ha impartido un seminario en Formación en Logoterapia y Análisis Existencial (ALEA).


Ima Sanchís
Publicado en: La Vanguardia

CÓMO AFECTA LA TECNOLOGÍA AL CEREBRO DE NUESTROS HIJOS.





En la era en la que vivimos los padres nos encontramos ante la tesitura de posicionarnos frente al uso que de las tecnologías hacen nuestros hijos. La tecnología nos rodea y a los niños les encanta, pero ¿debemos los padres fomentar su uso temprano en casa? ¿Sabemos realmente cómo influye la exposición a estas tecnologías en el desarrollo cerebral de nuestros hijos? 

Desde el punto de vista de la neurociencia, todavía no comprendemos en su totalidad el impacto que las nuevas tecnologías, las que han aparecido en los últimos años, pueden tener en el cerebro de los niños. Sin embargo, las evidencias que estamos obteniendo hasta la fecha son contundentes. Por el momento sabemos que un mayor tiempo de exposición a estos dispositivos (tablets, smartphones, videojuegos y TV) está relacionado con mayores índices de miopía, déficit de atención, obesidad y depresión infantil. 
Según los datos que estamos conociendo la exposición temprana o prolongada a estos dispositivos pueden afectar la maduración de distintas estructuras y funciones del cerebro en desarrollo. Por ejemplo, durante los primeros años de vida el cerebro del niño debe comenzar a dominar su concentración. A los pocos meses de edad sólo es capaz de fijar la atención en objetos que se mueven, tienen luces o hacen ruidos como por ejemplo, un sonajero o la madre que se asoma a la cuna. Poco a poco comienza a fijarse en objetos inertes como su muñeco favorito. A medida que se va haciendo mayor es capaz de tener un mayor autocontrol, hasta el punto de ser capaz de concentrarse incluso en aquellas cosas que le resultan menos interesantes como un profesor que no es demasiado ameno o un libro que tenga que estudiar. Mientras el niño va teniendo un dominio cada vez mayor de su atención la parte frontal de su cerebro se va desarrollando permitiéndole también ser más resistente ante otras frustraciones de la vida. 
El principio que hace que la mayoría de videojuegos, apps y programas de televisión pensadas para niños sean tan divertidas y entretenidas es que no exigen ese nivel de concentración del niño, sino que precisamente retroceden a su primera infancia y atrapan su atención con movimiento, imágenes y sonidos al igual que lo hacía el sonajero. En ese sentido lo que a muchos padres les puede parecer ayudar a sus hijos a evolucionar hacia una atención más rápida y mejores reflejos solo significa una involución que provoca dificultades de concentración y no favorece la capacidad de tolerar la frustración, posiblemente la piedra angular más importante sobre la que reside la inteligencia y la felicidad. Facilitar el sentido común. 
La realidad es que las nuevas tecnologías han llegado para quedarse y negar su existencia puede ser tan dañino como no regular la exposición de nuestros hijos a ellas. La tecnología es una herramienta que tiene como fin facilitarnos la vida y también ayudarnos a disfrutarla. Ese es precisamente el sentido que podemos transmitir a nuestros hijos. Es normal que se introduzcan en las aulas de manera paulatina y siempre con un uso controlado y también es normal que en algún momento el niño comience a utilizarlas en casa.

Hasta los 6 años
Es totalmente lógico que utilicemos el móvil en momentos puntuales para enseñar al niño las fotos de las vacaciones. El efecto de este uso es exactamente el mismo que enseñarle un álbum de fotos. También es normal que el niño, pueda coger el smartphone de su tío para poder utilizar una aplicación que sabe se encuentra en su teléfono. Sin embargo, una regla, lógica teniendo en cuenta lo que acabas de leer, es que niños tan pequeños no tengan acceso libre a estos dispositivos, no utilicen los dispositivos de sus propios padres (para evitar que lo hagan con demasiada frecuencia) y cuando utilicen el de otro familiar lo hagan siempre bajo supervisión.
Entre los 6 y los 10 años
El contacto con dispositivos fuera de lo que puede ser su uso para realizar trabajos escolares debería estar bien regulado por normas claras y firmes. Los padres pueden facilitar el acceso a estos dispositivos durante periodos cortos, media hora o 45 minutos los fines de semana. También podemos establecer reglas como que los dispositivos no se utilicen cuando nos vamos de excursión o cuando estamos con otros niños, para facilitar la interacción social. Otra regla de sentido común es que si el niño no demuestra madurez para dejar el dispositivo cuando se le pide y grita, se enfada desproporcionadamente o incumple la norma es una señal de que la actividad le está enganchando más de la cuenta y que no podrá seguir utilizándolo hasta que no aprenda a controlarse.
Entre los 10 y 14 años
A partir de esta edad, el mayor tiempo que el niño utiliza la tecnología se asocia con mayores índices de fracaso escolar. Leer más libros, por el contrario, con un menor riesgo de fracaso escolar. En base a estas evidencias, parece sensato seguir limitando el tiempo de uso de los videojuegos y otras apps para facilitar que el niño se acerque a otros intereses como la lectura o el deporte y asegurarse de que el tiempo de ocio digital ocurra sólo cuando se hayan terminado los deberes.

A partir de los 14 años
El uso de la tecnología para realizar trabajos o comunicarse con compañeros está extendido a estas edades y por lo tanto las principales responsabilidades de los padres son velar porque (1) los contenidos que visite y comparta el adolescente sean adecuados a sus valores y su integridad emocional (2) asegurarse de que el tiempo offline supere al tiempo online, permitiendo que disfrute de otro tipo de actividades y (3) asegurarse de que cuando está estudiando realmente lo haga y no utilice ese tiempo navegando o chateando.
Para lograr que estas pautas se cumplan es imprescindible ayudar al niño desde pequeño a disfrutar de otras actividades, a entender que la tecnología debe ser dosificada y supervisada por sus padres y dotarle de la suficiente capacidad de autocontrol para sobreponerse al desenganche diario. Además, es imprescindible que tengamos en cuenta que el aprendizaje de este tipo de habilidades ocurre en el cerebro del niño tanto por costumbre como por imitación, por lo que el uso que nosotros hagamos de la tecnología y de nuestro tiempo libre marca y de una manera muy clara la forma en la que nuestros hijos la utilizarán.
También es importante que los padres sepan que los niños aprenden más por observación de sus padres y las niñas aprenden sobre todo de la observación de la madre, por lo que es responsabilidad de ambos progenitores mostrar un modelo de interacción con la tecnología basado en la moderación y el autocontrol.





Viktor Frankl, un referente para vivir con sentido.



Viktor Frankl, un referente para vivir con sentido.



Entablo diálogo con una aparente pasajera octogenaria en la estación de tren de Torelló, cerca de Vic, en Cataluña. Me revela que sólo va allí a darse un garbeo. No espera como yo el tren. Se quedará un rato y regresará a su casa. Hay una tortuosa cuesta por medio. Me dice que ir a la estación es una manera de obligarse a salir de casa. “El día que deje de arrancar, allí me quedo”-me confiesa.

Al ver que la escucho con interés (principio de escucha activa recomendado por Dale Carnegie que asumo de manera desinteresada) prosigue explicándome sus cuitas: “Mi marido murió de un infarto a los 54 años. Qué guapo que era. Estaba muy solicitado. Pero me escogió a mí. Pero eso sí, era muy poco detallista. De los aniversarios nunca se acordaba. Pero cómo me acuerdo de él. Deseé morir…”:

Toma aliento y continúa, consciente de mi expectación: “Pero no podía acabar con mis días. Tenía yo familia a quien cuidar. No les podía hacer eso. Me necesitaban”.

Y eso me hace pensar en el razonamiento de Víktor Frankl en su obra “El hombre en busca de sentido”: ¿por qué no nos pegamos un tiro? Pues por eso, aquello o lo otro. Y ese el sentido. La razón para continuar. Esa mujer -sin ser consciente- de ello me estaba hablando como el mismísimo Víktor Frankl en una remota estación de tren.

El periodista digital. Experiencias 28/02/19
Blog del comunicador, periodista y escritor Miguel  Àngel  Violán “Esto es lo que hay”

ENCONTRAR EL SENTIDO DE LA VIDA.


Si no podemos cambiar una situación siempre  nos queda la libertad de cambiar nuestra actitud.

El sentido de la vida según Viktor Frank’l  está en hallar  un propósito, en asumir una responsabilidad para con nosotros mismos. Así que si tenemos un “por qué” vivir podremos  hacer frente a cualquier “cómo”. Solo sintiéndonos libres y seguros del objetivo que nos motiva, seremos capaces de generar cambios para crear una realidad mucho más noble.

Sabemos que es difícil intentar definir  qué es para nosotros “el sentido de la vida”. Tal cuestión abarca matices filosóficos trascendentales y morales. Por eso, a menudo,  nos quedamos en los tópicos de siempre: “ser feliz y hacer felices a los demás” “sentirnos satisfechos” “hacer el bien”…

“El hombre puede conservar un vestigio de la libertad espiritual, de independencia mental, incluso en las más terribles circunstancias de tensión psíquica y física.” Viktor Frank’l.

EL SENTIDO DE LA VIDA. Muchas personas  al intentar dar respuesta a la pregunta ¿Cuál es tu sentido de la vida? experimentan un profundo vacío existencial. ¿ Qué es para mí el sentido de la vida, si lo único que hago es trabajar, si todos mis días son iguales y si en realidad no le encuentro sentido a nada de lo que me rodea? Ante esta situación tan común, el célebre psiquiatra, neurólogo y psicoterapeuta fundador de la Logoterapia, Viktor Frank’l, solía dar una respuesta bastante acertada que nos invita a una adecuada reflexión.

El ser humano no tiene la obligación de definir el sentido de la vida en términos universales. Cada uno de nosotros lo haremos a nuestra manera, partiendo de nosotros mismos, desde nuestro potencial y experiencias, descubriéndonos en nuestro día a día. Es más, el sentido de la vida no solo difiere de una persona a otra, sino que nosotros mismos tendremos un propósito vital en cada etapa de nuestra existencia.

Lo importante es que cada objetivo nos confiera satisfacción y aliento para levantarnos por las mañanas y luchar por aquello que deseamos.

El libro “El hombre en busca de sentido” de V. Frank’l inspiró a millones de personas a asumir una actitud de decir Sí a la vida a pesar de todas las dificultades. Viktor Frank’l un superviviente de los campos de concentración alemanes durante la Segunda Guerra Mundial  tuvo muy claro que su propósito personal en este mundo no iba a ser otro más que el de ayudar a los demás a encontrar su propio sentido de la vida, a elegir su camino. Él explicó en sus trabajos que dicho objetivo lo llevaba a cabo partiendo de tres puntos muy concretos: 
Trabajar día a día con motivación, vivir desde la esfera del amor y tener coraje en cada momento para hacer frente a la adversidad.

 ¿Qué dimensiones serían las que cada uno de nosotros deberíamos trabajar para hallar nuestros propios objetivos vitales?

VIVIR CON DECISIÓN

Todos lo hemos visto alguna vez. Hay personas que aún en las circunstancias más complejas se mantienen firmes, positivas y motivadas por muy oscura que sea su realidad. ¿Cómo lo hacen? ¿De qué  material están hechas sus células, su corazón, su sangre,  sus sentimientos? En realidad, todos compartimos unas mismas estructuras biológicas, pero lo que nos diferencia de estas personas es su decisión. Estar decidido a lograr algo, a superar cualquier obstáculo y a luchar por aquello que deseamos en cada momento, por pequeño que sea, nos ayudará a tener claros nuestros propósitos vitales en cada etapa de nuestra vida.

“Al hombre se le puede arrebatar todo salvo una cosa: la última de las libertades humanas –la elección de la actitud personal ante un conjunto de circunstancias –para decidir su propio camino” V. Frank’l  

Frank’l explica en su libro “El hombre en busca de sentido”  que no hay nada peor que percibir que nuestro sufrimiento no sirve de nada, que el dolor no es más que el eco de la desesperanza. Sin embargo, si somos capaces  de encontrar un propósito, el sufrimiento no solo podrá soportarse, sino que  se convertirá en todo un desafío.

Así, antes de rendirse y de ver en el dolor un sinsentido, busquemos las fuerzas para ver en él una finalidad, un propósito vital con el que alimentar la motivación y la resistencia.


CAMBIAR NUESTRA ACTITUD PARA ENCONTRAR UN SENTIDO A LA VIDA MÁS ELEVADO.

A veces la vida no es justa, en ocasiones nos esforzamos hasta la extenuación, invertimos tiempo, energía, emociones y un trozo de nuestro propio corazón y, sin embargo, el destino nos trae un revés y todo esfuerzo, todo sueño, queda destruido.  Venirnos  abajo en estos casos es más que lógico y comprensible. Ahora bien, cuando esto ocurra tenemos  dos opciones:

·      La primera, asumir  que no podemos cambiar lo que nos ocurre, que somos prisioneros  de las circunstancias y que no hay nada que hacer.

·       La segunda opción y la más recomendable,  es aceptar que, efectivamente, no podemos cambiar lo que nos ha ocurrido, pero sí podemos cambiar nuestra actitud hacia dichas circunstancias.

Así pues, debemos ser capaces de aplicar una actitud más fuerte, resiliente y positiva para poder así hallar un sentido de la vida más esperanzador, más elevado.

El SENTIDO DE LA VIDA NO SE PREGUNTA, SE SIENTE. CADA PERSONA DEBE ENCONTRARLO EN SU INTERIOR.

Todas las respuestas  ante nuestras dudas vitales no están en el exterior. Los libros no nos explicaran cuál es nuestro propio sentido  de la vida, ni tampoco nuestra familia o amigos tienen derecho a dictarnos  nuestros propósitos. En realidad, todas nuestras necesidades, pasiones y objetivos existenciales están en nuestro interior y lo que es más interesante aún, irán cambiando con el tiempo a medida que maduremos, que crezcamos como seres humanos.

Así que nada es tan importante como asumir nuestra propia libertad y responsabilidad personal para definir nuestras metas, esas que haremos nuestras aún en las peores circunstancias. Como explicaba el propio Viktor Frank’l, cada día  y en cada momento tenemos la oportunidad de tomar una decisión, una decisión que determinará si quedar sujetos a las propias circunstancias, como un juguete en manos del destino o actuar con auténtica dignidad, escuchando a nuestro verdadero yo. 

Trabajemos en nuestra libertad personal con valentía, con decisión.



Floren Solà. Soy psicóloga y grafóloga.
La curiosidad por el conocimiento humano es mi cerradura particular, la Psicología es la llave, escribir un arte que estoy aprendiendo.