EL CORAZÓN TIENE RAZONES QUE LA RAZÓN IGNORA

 

El corazón tiene razones que la razón ignora. Blaise Pascal


El corazón es a menudo más fuerte que la razón. Las razones del corazón no son siempre racionales, las ganas y el deseo, la razón las ignora.

Además, ¿por qué  ser razonable en el amor, por ejemplo?

A veces es difícil comprender la atracción que podemos sentir por una persona y entender  porque hacemos cosas contra natura por otra persona. Porque el corazón no escucha a la razón. Es así de sencillo (y complicado). Sin embargo el paso del tiempo, el mayor conocimiento de la otra persona, el formarse una nueva imagen de ella permite eliminar la atracción, la fantasía y es esa nueva realidad la que hace que el corazón y la razón remen al mismo compás. Así pueden pasar los años hasta  que nos damos cuenta que aquello que en un momento nos sirvió, hoy ya no funciona de la misma manera. Nos damos cuenta que nos habíamos congelado en el paradigma.

Se trata de ver la vida con otra mirada, para lo cual deberemos retroceder  al paradigma original, ya sea mental o emocional, porque sólo desde la verdad que hallemos podremos sanarnos.

Eso, evidentemente,  no es fácil porque vamos  a encontrarnos en un juego de emociones y racionalidades intenso, fuerte. En todo caso será un proceso incómodo en el que tendremos que utilizar potentes herramientas desde la emoción y desde la razón para restablecer el equilibrio.

“Acéptate tal como eres y habrás silenciado al más severo de los jueces. “

Aquí es donde trabajaremos con la autoestima y el autocuidado. Entender lo que somos y cómo somos, potenciar el amor hacia uno mismo. Aceptar lo que somos entendiendo  que ninguna persona es mejor que otra en una relación, entender que somos diferentes y cada uno tenemos nuestras fortalezas y debilidades. No buscar cambiar lo que somos –nuestro paradigma real- aunque sí que podemos  incorporar nuevas herramientas con las que potenciar las facetas que deseemos. La autorregulación incorporada a través de prácticas como el yoga y la meditación, junto con el acompañamiento de la psicoterapia, son prácticas muy eficaces para llevar con éxito estos tipos de procesos de integración del Yo interno. Este yo integrado toma decisiones y regula nuestras emociones basándose en lo que nuestro corazón (el yo emotivo)  nuestras vísceras (el yo  sensorial e intuitivo) y nuestra mente (el yo cognitivo y neuropsicológico) nos dicen, de común acuerdo, que es cierto. Cuando se halla incorporado un conocimiento integrado y sutil del yo, se es capaz de vivir tanto intuitivamente como a partir de los conocimientos de que al cabo de los años hemos ido haciendo acopio. A esta integración de nuestras personalidades emotiva y racional se entiende en términos de “mente llena de sabiduría”, de esta forma, una mente sabia agrega el conocimiento intuitivo y el análisis  lógico a la experiencia emocional.

“Sabiduría no es acumulación de hechos, nombres o información. Sabiduría es la transformación que conseguimos en nuestro espacio interior.”

Por eso acabaré diciendo desde mi perspectiva de psicóloga, que ante algo crucial, como puede ser la elección de una carrera universitaria o un trabajo, debe primar la cabeza, pero y aquí vine el quid de la cuestión, no hay que olvidar que el corazón es el primero que guía las decisiones. Y es que, a veces es muy difícil dejar de lado nuestro corazón, ¿verdad?

 




LAS FASES DE LA DESESCALADA. EUFORIA, IMPRUDENCIA, IRRESPONSABILIDAD


LAS FASES DE LA DESESCALADA. EUFORIA, IMPRUDENCIA, IRRESPONSABILIDAD…



Ha llegado, fase 3 de la desescalada. Da la impresión de que el COVID-19 ya no es una amenaza, así que releo la experiencia de esta superviviente de 19 años para no olvidar como es el mundo en el que vivo.

“Bicho contagioso. Hola, me llamo Eva y soy un bicho contagioso. Esta es la clave, esta es la única manera de parar el Coronavirus.... No sabéis lo que es realmente, no tenéis ni idea. Los medios de comunicación no han sabido o no han querido contar la verdad de este virus. Muchas imágenes de gente aplaudiendo en los balcones, de sanitarios tratados como héroes y de orgullo de comportamiento social pero nada de la realidad de la enfermedad.

El 12 de marzo yo estaba en Alemania, trabajando, viviendo sola, haciendo mi vida, feliz. Y de pronto sonó el teléfono. Mi madre. «Eva, tienes que venirte ya. Esto se va a poner feo. No quiero que te quedes allí sola, no sé cuándo van a cerrar las fronteras. Papá ha tenido que cerrar su empresa y yo también. Haz la maleta»... así empezó todo.

Fue un shock, pero nunca pensé, era inimaginable saber lo que me esperaba a la vuelta. Después de la aventura que supuso llegar hasta Suiza desde donde salía mi vuelo, el avión aterrizó en Barajas. En el aeropuerto se respiraba tensión, tristeza y silencio. Mi madre estaba esperando al otro lado de la puerta. «Tu padre ha empezado con fiebre esta mañana...».

La llegada a casa fue aún más extraña. Nada de grandes abrazos, recibimientos entusiastas. Tensión, organización. «Papá está aislado en la habitación. No puedes entrar. Salúdale desde la puerta. No puedes ver a tus amigos. No puedes salir de casa. Estamos todos en aislamiento domiciliario». Ayer estaba tomándome una cerveza en una terraza de Alemania y hoy estoy en la boca del lobo.

Días desconcertantes. De termómetros, oxímetro y lejía. Lejía por todas partes. Llamadas de médicos. Incertidumbre. Papá empeora. La fiebre no baja. La hidroxicloroquina no funciona.
Papá se va al hospital. Neumonía bilateral. PCR +. Tiene Covid. Trece horas tirado en un banco metálico de una sala de urgencias. Solo. Tiritando. 39,8 de fiebre. No hay hueco. No hay camas libres.

Pasan los días. Por fin está en una habitación. Tiene los pulmones mal pero está con oxígeno. Todo controlado. Nos cuenta un médico que tenemos mucha suerte porque en su ficha de ingreso pone «candidato a UCI»... esa es la parte más cruel y tremenda. Significa que muchos otros no lo son. Que no van a intentar salvarles porque no hay capacidad sanitaria para todos. ¿En serio? ¿En 2020 en España se van a morir personas porque no hay hueco ni medios para atenderles?

Y entonces pienso en mi amigo y sus abuelos muertos hace dos días y me planteo lo que será vivir en una residencia de ancianos.... No sé qué decirle. No sé cómo ayudarle.
Papá es candidato a UCI y menos mal porque cuando creemos que ya está a salvo, de pronto una tarde llega la crisis respiratoria grave. Horas de incertidumbre. No respira. Se ahoga. Médicos y enfermeras hacen lo que pueden. Ángeles de la guarda. Le cambian de habitación. Ahora tiene una máquina que hincha sus pulmones. Le dicen que si no aguanta le tienen que intubar. Que las siguientes 24 horas son cruciales...

Mientras tanto, en casa: En casa, el infierno a distancia lo vivimos como podemos. Mi madre pasa horas mirando al móvil, que no suena. Esperando noticias. Llegan resultados de la última analítica. Oigo a mi madre decir algo de principio de fallo multiorgánico.... ¿Estás de coña? ¿Se va a morir? Mi padre. El vikingo que puede con todo. ¿Puede que no resista las próximas horas? ¿No voy a volver a verle? Ni siquiera me he despedido. Cambian de medicación. Van probando una y otra. Intensivistas, neumólogos, internistas y enfermeras están desconcertados. Se nota.

Los días en casa son interminables. Hemos dejado de jugar. Ni siquiera parchís online. Mi hermana no enciende el móvil. No quiere hablar. Con nadie. Yo hago lo que puedo. Cocino. Gestiono la compra que vecinos y amigos nos traen amablemente. Siempre faltan pimientos.

Seguimos en aislamiento domiciliario. No podemos pisar la calle. Mi madre pasa horas al teléfono. Buscando noticias de la evolución de mi padre. Las noches son más largas aún.
Desfilamos en vela por la casa. Nos encontramos en la cocina o en el baño. 4 de la mañana. Nadie puede dormir. Papá por favor, respira. Y de pronto empieza a remontar. Milagro. Su antiguo compañero de habitación no lo supera... Pero papá sí. Ya está. La analítica empieza a estabilizarse. La saturación de oxígeno con el respirador se mantiene por encima de 90%. Eso es bueno.

Pasan los días y nos dicen que si sigue así, puede volver a casa. Ese día de pronto me entero de que el Covid no sólo produce neumonía... Empiezan a hablar de una fase trombótica. ¿Qué es eso? ¿Ahora coágulos en el pulmón? ¿Esto no era una gripe que sólo afecta a los ancianos?
Papá vuelve a casa. Antes de darle el alta, el médico le dice que no sabe qué secuelas va a sufrir. Que puede que no pueda volver a caminar sin agotarse. Sus pulmones están dañados.
Estamos muy nerviosas. Vamos a volver a verle. Los vecinos salen a los balcones para recibirle. Un gran abrazo a distancia. Maravilloso. Y lloramos. De emoción, nervios. Y otra vez aislamiento en la habitación. Otra vez lejía, termómetro, pulsi. Está muy débil pero está en casa. Ya está. Se acabó.
Pasan los días. Mentira. No se ha acabado. Los pies de papá se ponen azules. Sigue la maldita fase trombótica. Mi madre le pincha heparina a diario. Satura a 91%.

Hoy voy a cocinar sémola con verduras. Yo elijo el menú a diario. Mi madre pasa por la cocina prueba el plato y me dice que está incomible... Demasiado salado. Mi hermana y yo no lo notamos. Acabamos de perder el gusto. Mi madre empieza a encontrarse mal. Mi hermana y yo también. Más termómetro. Más pastillas. Y un día empezamos a encontrarnos mejor y papá sale de la habitación después de un mes encerrado entre cuatro paredes. Ya está. Se acabó el infierno.
Mentira. A los 15 días empiezo a vomitar. Me duele. Me muero. Como si me estuvieran clavando una espada en el estómago. Mamá llama al 112. Noche sin dormir. No soporto el dolor. La cabeza me va a estallar. Acaban de empezar las neuralgias
Al día siguiente mi madre está leyendo un libro para desconectar un rato de todo y de pronto deja de ver por un ojo. El oído empieza a doler. Ha perdido la vista y está sorda. ¿Pero esto no era una gripe? ¿No se va a acabar nunca?

Otra vez hospital. Mi madre a oscuras tumbada en una habitación. Con esto tampoco contábamos. ¿El coronavirus tiene un rebrote?!Pero si ya estábamos bien! ¡Esto se había acabado! ¿Y ahora vuelta a empezar? ¿Estás de coña?
Me muero de dolor de estómago. Mi cabeza va a estallar. Como si un látigo la atravesara desde la nuca hasta el ojo. Más medicinas. Seguimos sin pisar la calle. Hablan de cambio de fase a todas horas. Me da igual. Yo sigo en «arresto» domiciliario. Soy un bicho contagioso. Me he hecho pruebas y ha dado igm +. Eso significa que mi cuerpo está peleando contra el virus.

Mi hermana una noche empieza a encontrarse mal. Le cuesta respirar. Otra vez hospital. Satura a 93%. Sus linfocitos están bajos. Su cuerpo está peleando contra el virus y de momento no está ganando... ¿¿¿pero no se suponía que no afecta a los niños???
Me cuenta un amigo que un hombre de 46 años ha caído desplomado en la calle con sus barras de pan bajo el brazo. Infarto fulminante. Covid+. ¿Esto no era una puta gripe?
Más medicinas. Cortisona. Nos hinchamos como globos. Me duele la cabeza. Odio la neuralgia. Odio el coronavirus y odio esta sociedad de mierda que se ha olvidado de lo importante.

Nuevos síntomas. Las venas se hinchan. Las manos de mi hermana se vuelven naranjas. Tengo moratones. Tengo hipotermia, 35,2 de fiebre. Náuseas. Me mareo.
Oigo a la gente haciendo deporte en la calle. Veo desde la ventana grupos de adolescentes en bici haciendo el capullo. Sin distancia. Sin mascarillas. Inconscientes. Sois una panda de gilipollas inconscientes. La cabeza me mata. Puto bicho.

Y pienso que otras familias van a tener que pasar por este infierno porque la gente no sabe. No conoce. Los periodistas no cuentan la verdad. Y todo se convierte en un tema político. Qué asco. Y la verdad es la siguiente... Este virus es desconocido, desconcertante. Ataca cuando menos te lo esperas y donde menos te lo esperas. Ahora tengo claro que no. No es una gripe. No sólo afecta a los mayores o personas de riesgo.

Me he repetido las pruebas. Ya no soy positivo. Pero tampoco he creado anticuerpos... ¿En serio? ¿Después de todo esto no soy inmune? He cumplido 20 años y el único regalo que realmente quería era ser igg+. Entrar en el club de los inmunes.

Nos dan el alta domiciliaria. Después de dos meses y 6 días podemos pisar la calle.
No tengo miedo, ya lo he pasado, sé que a día de hoy no contagio, y estoy convencida de que si lo vuelvo a pillar no va a ser grave porque mi cuerpo va a saber frenarlo. O eso quiero creer.

Y a pesar de todo, cada vez que quede con mis amigos, que por fin ha llegado el momento, cada vez que salga por la puerta, actuaré igual que hace dos semanas, igual que hace un mes, como si siguiese contagiado. Mascarilla en boca todo el día, alcohol en manos y por desgracia, distancia. No por mí, sino por los demás. Por evitar traer de nuevo el virus a casa y que tú también lo lleves a la tuya.

¿Te imaginas lo que sería no volver a ver a tu padre? ¿Te imaginas que por hacerte un selfie con un colega tu madre sufriera un ictus? ¿Te imaginas cómo te sentirías si alguien cercano enfermara de verdad?
Por eso... me llamo Eva, y seguiré actuando como si fuera un bicho contagioso...
Y tú también deberías hacerlo.”
Agradecimiento a Eva y a todos los que han estado ahí cuidando de nosotros. (Extraído de ABC  Padres e hijos. 8/06/20)

No hace falta añadir si no que, seamos inteligentes, tengamos sentido común y no bajemos la guardia. No hay inmunidad de grupo. El Covid-19 sigue estando, la humanidad ha entrado en una nueva fase (que no son las fases 1, 2, 3… de desescalada) se trata de la fase de la incertidumbre sobre la supervivencia.

MITOS Y CREENCIAS SOBRE LA VEJEZ


EL TEMOR A ENVEJECER

Ese temor a envejecer nace de una serie de actitudes, mitos y estereotipos erróneos que tiene tanto la gente mayor como toda la sociedad en la que vivimos. Estos mitos, creencias y prejuicios son la causa que veamos la vejez como una etapa de la vida muy negativa. Por un lado no queremos morir jóvenes, por el otro nos da miedo volvernos viejos. Es totalmente cierto que la vejez tiene aspectos negativos, como los tiene cada una de las etapas que hemos vivido: la niñez, la adolescencia, la primera juventud, la adultez y la madurez. 
Todas sin excepción tienen una parte positiva y otra negativa. 
Depende de nosotras como vivimos cada una de estas etapas.

QUEMANDO ETAPAS

Etapa infantil. Aprendemos a vivir con la realidad de que el tiempo escapa a nuestro control y domina todo lo que hacemos. De niños  un minuto se convierte en 20 si se le ha prometido llevarle a jugar al parque.

Etapa adolescente. El tiempo pasa  y no sé qué camino tomar en la forma de afrontar las situaciones. En la adolescencia nos inquietábamos porque necesitábamos respuestas para poner rumbo hacia el futuro.

Etapa primera adultez. Nos labramos nuestra profesión, trabajábamos y no dejábamos de formarnos y aprender para realizar proyectos y alcanzar metas. Pero a medida que íbamos avanzando percibimos la necesidad de otras cosas, por ejemplo, ser madres, antes que fuera demasiado tarde.

Etapa segunda adultez. Una profesión consolidada, hijos que crecen, la familia soñada. Pero recordar la edad nos hace ver que la vida se esfuma y esas aficiones aparcadas, ahora surgen y nos susurran al oído que las pongamos en práctica. Se abre un espacio de mayor libertad para cumplir sueños.

Etapa madura. Gozamos de buena salud, proyectos personales y profesionales realizados, una vida solucionada. En esta etapa surgen sueños y afinidades que ponemos en marcha: viajar, aprender a tocar el piano,o estudiar un nuevo idioma, entre otras cosas.

Etapa de la vejez. La vida aprieta y ya no hay tiempo que perder. Surgen sentimientos encontrados de incertidumbre y miedo. ¿Qué hacer ahora?

Vemos que la vejez es una etapa más en la cual se debe aprender y disfrutar como en las otras etapas vividas, asumiéndola, sin miedo, comprendiendo que si bien habrá cambios físicos, el estado emocional será fundamental para permitir vivirla de la mejor forma.



MITOS, CREENCIAS Y REALIDADES



 Más de la mayoría de las personas mayores de 70 años tienen problemas  de memoria, se           desorientan con facilidad, sufren demencias, son seniles.

FALSO. Cada vez más estudios desmienten esta información. La mayor parte de la gente tiene pequeños olvidos, que no tendrían mucha importancia  si ellos mismos o las personas de su alrededor no se la dieran. Sólo un pequeño porcentaje sufren este problema. Según estadísticas brindadas por el neurólogo del Instituto Nacional de Ciencias Neurológicas Danilo Sánchez Coronel, el 1% de la población de 60 años padece Alzheimer, en los adultos mayores de 60 a 65 años es el 2%; mientras que en los mayores de 65 años a 70 es del 4%; porcentaje que sube a 8% si es mayor de 70 años; en tanto que en los mayores de 75 años llega al 16%.  


La gente mayor no tiene capacidad ni interés para las relaciones sexuales.

FALSO. La edad no impide tener una vida sexual satisfactoria y activa. Puede existir con el paso de los años una disminución a la respuesta de estímulos sexuales y algunas molestias que se pueden corregir fácilmente.

Todos los adultos mayores son iguales.

FALSO. Hay más variedad entre las personas mayores que en ningún otro grupo de edad.


Los adultos mayores tienen actitudes muy rígidas y se repiten mucho.

FALSO. Existe la creencia de que los mayores son incapaces de adaptarse a los nuevos tiempos con sus tecnologías, pero hay un porcentaje altísimo de personas mayores de 65 años que no tienen ninguna dificultad en hacer uso de las nuevas tecnologías y aprenden continuamente nuevos programas y avances.

La vejez dificulta la capacidad de aprender.

FALSO. Los patrones  de aprendizaje pueden variar y la velocidad de aprender puede disminuir, pero la capacidad de aprender persiste durante toda la vida y si se practica puede incrementar la memoria y la inteligencia.



 Los olvidos probablemente indican el comienzo de una demencia.

FALSO. La pérdida de memoria puede estar causada por múltiples factores, entre ellos la medicación o la depresión.


La gran mayoría de los adultos mayores sufren depresión. Y la depresión en la vejez es más duradera y difícil de tratar que en edades más jóvenes.

FALSO. La gran mayoría de los adultos mayores  no están deprimidos. La depresión no es parte intrínseca del envejecimiento. La edad, por sí sola no es un factor de riesgo para sufrir depresión. En cuanto al curso de la depresión en los mayores es idéntico al de los jóvenes. La respuesta al tratamiento de la depresión evoluciona tan positivamente en mayores como en otros trastornos de la edad.





Las personas mayores que trabajan son menos efectivos que los jóvenes.

FALSO. Depende del tipo de trabajo y de la persona. Si el trabajo no requiere mucha fuerza o velocidad, las personas mayores son más constantes, más efectivas en su rendimiento, en su ritmo y en su velocidad, han aprendido a suplir carencias con sus propias herramientas y con la experiencia, eso los hacen iguales de efectivos que trabajadores más jóvenes. Suelen ser más responsables y comprometidos en su trabajo por lo que hay menos absentismo y menos accidentes laborales.



La mayor parte de las personas mayores están muy arraigadas a sus costumbres y no cambian.

FALSO. Pueden cambiar al igual que cualquier otra persona, siempre y cuando haya motivación y convencimiento, si creen que vale la pena el esfuerzo.

La mayoría de gente mayor se aíslan, se vuelven solitarios, amargados y gruñones.

FALSO. El carácter de la gente mayor depende  de su personalidad, de las experiencias vividas, de la sociedad en la que vive, de los apoyos que recibe, los roles que ha vivido y el resultado de los mismos. Por lo tanto hay una gran variedad en el carácter de los adultos mayores. Si se aíslan, es por decisión propia y por gusto, los que tienen un carácter más introvertido buscarán conocerse  mejor a sí mismos y hacer balance de su vida. 

Debemos tener en cuenta que muchas veces son la familia o los grupos sociales  los que se alejan, los excluyen o los evitan, haciéndoles sentir rechazados. 

En ocasiones sucede que económicamente o físicamente  no tengan la capacidad para participar, sin embargo la inmensa mayoría desea participar socialmente, trabajar, ser productivos, hacer voluntariado y seguir siendo activos socialmente. 

Es falso y se ha demostrado que la edad no tiene nada que ver con el mal humor. Gente amargada y gruñona la encontramos a cualquier edad. 
Hay personas  insatisfechas con su vida, esta actitud también puede estar relacionada con las expectativas y creencias que cada persona tiene sobre la vejez.

Los viejos son inútiles, no pueden aportar nada.

FALSO. Los adultos mayores tienen ciertas limitaciones e incluso pérdidas. Es cierto que pierden visión, oído y fuerza, pero no pierden inteligencia, tienen más experiencia, comenten menos errores y pueden seguir siendo muy productivos. 
Miguel Ángel  produjo obras importantes después de los 70 años y muchos otros como Bertrand Russell obtuvo el Premio Novel de Literatura con 78 años. Otros artistas como Charles Chaplin, Arthur Miller, Pablo Picasso y un largo etcétera, mantuvieron su creatividad hasta el final de sus vidas, muy entrada la vejez.

Las personas mayores son una carga y un estorbo.

FALSO. En cuanto a ser una carga, depende de la percepción personal. En nuestra sociedad  se da más valor y prioridad a la consideración que las obligaciones son hacia los menores no hacia los mayores.

Esta creencia se puede dar por dos motivos:

Cuando aparece la necesidad y la persona mayor necesita la ayuda de sus hijos, éstos deben elegir entre repartir tiempo y recursos para atenderle y ayudarle, o bien, utilizar éstos recursos para sí mismos, creándose un conflicto interno y apareciendo la culpabilidad. Una de las formas de resolverlo es proyectando la culpa hacia el anciano, buscando justificaciones  que los eximan de culpa.

Asimismo, ver a la persona anciana, es ver un reflejo de sí mismos, de un futuro que también les llegará. Estas emociones reflejan el miedo que sienten dando como resultado el apartarse emocionalmente de todo lo que implica ser viejo. Por eso, en ocasiones sí se vuelve una relación difícil que afecta a las dos partes, la una demandando atención, la otra ignorando esa demanda y ambas culpándose mutuamente.




DESAMOR Y RUPTURA

 El Desamor



Cierro los ojos y respiro. Me imagino en un lugar del futuro y mi pareja no está. La busco y no la encuentro. Mi mirada es transparente y alegre. No me siento sola, no estoy sola. Mi corazón está lleno, mi alma limpia, mi espíritu tranquilo. 

Este ejercicio de proyección al futuro nos ayuda en el presente a discernir entre lo que sentimos y lo que vivimos.

Según el modelo del psicólogo estadounidense Robert Sternberg, una relación sana se define por el nivel de compromiso, de intimidad y de pasión.

El compromiso significa tener los mismos objetivos e ir en la misma dirección para conseguirlos. Si hay diferencias importantes, si no hay planes de futuro o éstos no coinciden, la relación supone un esfuerzo frustrante y ya no se es un equipo.

La intimidad es auténtica y sana cuando se comparte la misma filosofía de vida, se puede hablar de cualquier tema, sentir y disentir. Las palabras de valoración de la pareja son el índice de la felicidad en la relación. En este aspecto será la cantidad y calidad de pensamientos y palabras de reconocimiento el indicativo de que la relación naufraga. Los secretos, mentiras, falta de comunicación y temor a las respuestas indica claramente falta de confianza que desemboca en frustración y dolor.

La pasión es la necesidad que tiene la pareja de muestras de cariño, de disfrutar de una sexualidad plena por ambas partes, compartir emociones, risas, ocio y tener una complicidad. A veces encontramos parejas que con el tiempo han llegado a ser amigos con una variante de sexualidad a base de caricias, complicidades, charlas apasionadas, besos y un alto grado de romanticismo. 

En las terapias de pareja que acudieron a la consulta de psicoterapia, una de ellas, Montse y Nando, parecía que su problema más importante estaba localizado en la falta de deseo. Ambos sabían divertirse juntos, se les veía comprometidos. A lo largo de la terapia salieron a la luz las dificultades de Nando para expresar sus emociones y para comunicar sus pensamientos. Por otro lado, Montse era una mujer muy impulsiva y bastante inestable, le costaba acompañar a su pareja emocionalmente. Tiempo después ella quiso comprar una vivienda y trasladarse a otra ciudad juntos pero Nando no participaba de estos sueños. Un tiempo después Nando habló con su mujer y le dijo que ya no sentía por ella lo mismo, fue su manera de romper la relación.

Las rupturas, al producirse marcan a las dos partes de la relación. Si hay una buena autoestima, si la persona es fuerte y confía  en sus capacidades saldrá adelante y fortalecida al finalizar la etapa del duelo. Inevitablemente pasará por  momentos de tristeza y rabia, a veces con incredulidad y regateo, con la esperanza de reavivar la llama. Pero al final sanarán las heridas y afloraran nuevos sentimientos que atraerán nuevas oportunidades.

Una de las pautas que funcionan bien es que cada vez que  la pareja venga a nuestra mente invadiendo los pensamientos podamos ser capaces de  desearle que las cosas le vayan bien, con toda la sinceridad posible, luego podemos buscar esos pequeños regalos que la vida ofrece, las cosas bellas que la existencia nos da día a día y recordar siempre que a veces una ruptura significa regalar y regalarse libertad.

Reconstrucción. Lo más importante es recuperar la vida interior que poseemos y reconstruir. El miedo, la angustia y la tristeza que se siente en la primera fase irán difuminándose con el tiempo, por lo que la inestabilidad actual pasará a una  mayor seguridad proporcionando poco a poco estabilidad emocional.

En una segunda fase ya podremos  definir objetivos y metas, estableceremos  planes de acción que se dirigirán a hacer realidad la construcción de nuestros sueños.
Y en la siguiente fase llegarán los sentimientos de satisfacción con uno mismo y con la vida que se va construyendo. Los pensamientos  y actitudes van a ir acordes con el disfrute y la paz interior.

El proceso de ruptura es un proceso doloroso que se supera pero  cuando se traspasa el límite de lo aceptable en el sufrimiento, no dudes en pedir ayuda profesional.




PERDONAR ES IR AL PASADO Y VOLVER AL PRESENTE SANA Y SALVA.



PERDONAR ES IR AL PASADO  Y VOLVER AL PRESENTE SANA Y SALVA



Tener un sentido de la vida son vitaminas para el cerebro. Actualmente vemos que muchísimas personas se preguntan menos qué es lo que quieren, qué les motiva, con qué se sentirían realizados. Vivimos como autómatas y olvidamos esa capacidad que tenemos de vivir la vida proactivamente.

Cuando sólo nos limitamos a pensar en sentarnos delante de una pantalla, en tumbarnos en un sofá, no pensar ni hacer nada, eso nos va enfermando. Sin embargo, cuando tomamos las riendas de nuestra vida y la vivimos con sentido porque ayudamos a los demás, escuchamos y sonreímos a las personas de nuestro entorno, porque cuidamos a nuestros padres, dedicamos tiempo para estar y disfrutar con los hijos, hermanos, amigos, es cuando adquirimos ese sentido de la vida que a la vez fortalece nuestro sistema inmunológico y nos permite vivir más sanas.  

Un buen antídoto para el sufrimiento, el estrés, las enfermedades, las pérdidas, los contratiempos, las frustraciones o los reveses de la vida, es el amor: un amor hacia una misma (autoestima) y hacia los demás, ese amor que se traduce en solidaridad, amistad, amor de pareja, de familia, amor hacia los otros, amor a las creencias e ideales, ayudar a los que sufren…

Es impresionante, por ejemplo, el amor que tienen los recuerdos. El poder del recuerdo es capaz de activar las mismas zonas del cerebro que cuando esa situación sucedió en el momento real. El cerebro al revivir las situaciones agradables del pasado segrega las mismas sustancias del momento que ocurrió. Recordar ese momento feliz del nacimiento de un hijo o hija, ese ascenso profesional o económico, aprobar unas oposiciones, o cualquier otro evento especialmente importante, hace que el cerebro segregue sustancias como la serotonina, oxitocina, dopamina y eso ayuda mucho creando un bienestar presente.


Cuando una vive y revive recuerdos trágicos de manera que se engancha al pasado recurrentemente, una puede enfermar.


Cuando revivimos algunas experiencias trágicas o negativas que nos han dolido del pasado y no somos capaces de experimentarlas, comprenderlas, integrarlas y aceptarlas, tampoco seremos capaces de perdonarlas, buscando siempre un culpable exterior. Esta actitud que no es más que un mecanismo de defensa erróneo, nos conduce a un malestar permanente porque no nos permite estar en paz con nosotras mismas ni con la situación o personas que nos causaron ese dolor, ya sea real o imaginario. 

Cuando una intenta comprender porque te han hecho daño te sientes aliviada y puedes entrar en el perdón. El perdón, en realidad, es por una misma, no por el otro, porque hoy en día sabemos que quien no es capaz de perdonar, en su vida se asienta en el rencor, el odio y la venganza, que son auténticos venenos para la salud mental y física. Hoy sabemos que esas emociones nos pueden enfermar, que están en la base de algunas enfermedades. En realidad se puede enfermar de odio.


Cuando perdonas es por ti, el perdón te hace libre, no se exige, se otorga. Y eso sirve tanto para perdonar a los otros como para perdonarte a ti misma.  Por eso perdonar es ir al pasado y volver sana y salva.

(Fuente: Marian Rojas Estapé. Del libro “Cómo hacer que te pasen cosas buenas.”)

SUPERAR LA FRUSTRACIÓN



SUPERAR LA FRUSTRACIÓN

“No desesperes ni tan solo por el hecho que no desesperas. Cuando todo parece acabado, surgen nuevas fuerzas. Eso significa que vives.” Franz Kafka.

No siempre es fácil superar la frustración. Es un sentimiento que aparece cuando las cosas no salen como las habíamos previsto.

La frustración es un estado emocional interesante, porque a veces tiende a sacar lo peor de la persona que está frustrada. 

Cuando nos planteamos cómo superar la frustración no es raro que nos aconsejen que nos compremos libros de autoayuda, que lo que nos dicen es que para realizar nuestros sueños y proyectos hemos de imaginarnos ya en ellos, pensar, proyectar y soñar con ellos.

Habitualmente cuando nos acompaña el sentimiento de frustración, este ejercicio de proyección no hace más que aumentar la frustración, porque con esta proyección de buenas intenciones aparece otra emoción: el miedo. “Y si no lo consigo…”

Por consiguiente, este no es un buen camino. En cambio, cuando conseguimos  deshacernos de este sentimiento, volveremos de nuevo a desear, proyectar y reemprender de nuevo. Pero hasta entonces nos queda todo un camino por recorrer.

Entonces, ¿cómo empezar?

Si la frustración nos acompaña y con ella los sentimientos de negación, sentimientos derrotistas i de desconfianza delante del proyecto que tenemos en marcha, el camino que toca en este momento es el de aceptación.

Aceptación significa: “ser capaces de vivir intensamente y con plenitud lo que en este momento nos toca vivir”.

Así que, ahora lo que nos limita para conseguir nuestras metas es lo mismo que en otras ocasiones nos ayuda a conseguirlas, es decir, focalizar la atención, ponerle ilusión, tener muchas ganas i ser muy impacientes para conseguir el proyecto. En ocasiones estos aspectos son muy buenos, pero en otros, estos mismos componentes generan y mantienen la frustración, porque las cosas no se corresponden a lo que estamos deseando ni lo que habíamos esperado que ocurriera. Y estos mismos ingredientes pueden obstaculizar, enlentecer o bloquear las metas, de manera que parece que no va a llegar nunca ni se van a materializar esos deseos, apareciendo entonces una nueva compañera de camino: la frustración.

Sin embargo cuando logramos aceptar la realidad que estamos viviendo, también conseguimos cambiarla. Desaparecerá la frustración cuando aceptemos que no todo sale de la manera esperada y aceptemos la situación, es entonces cuando tendremos otra mirada más amplia que nos permitirá encontrar otras vías  para ser felices. De esta forma, con otros sentimientos, desde la aceptación, la comprensión y la tranquilidad, seguiremos caminando  hacia nuestros sueños, sin que la frustración nos paralice. Y así a lo largo del camino, puede ser que nos sorprendan nuevas situaciones, nuevos caminos que se entrecruzan  y que, sin pensarlo, nos abran nuevas perspectivas y alternativas que nos pueden traer nuevas oportunidades y que nos hagan sentir bien, que nos den cierta tranquilidad y paz por el camino recorrido, por lo conseguido, aunque no sea exactamente  como lo habíamos soñado.

A la hora de plantearnos superar la frustración hemos de aceptar y vivir positivamente la vida reconociendo  que las cosas no pasan cuando y como queremos. No obstante, aceptar este camino truncado desde la normalidad puede llevarnos hasta una forma diferente de vivir la vida más positivamente y a la larga más feliz. 

Y recuerda:

La frustración forma parte de la vida y, aunque no podemos evitarla, podemos aprender a gestionarla y superarla:

Con conciencia del tipo de sentimientos que provoca analizándolos y gestionándolos.

Diferenciando deseos y necesidades, evitando reaccionar a los primeros como si fueran necesidades que requieren satisfacción y alivio inmediato.

Controlando los impulsos. Antes de actuar y hacer algo que pueda resultar perjudicial, pensemos en otras ocasiones y en los resultados obtenidos. Analicemos los pros y contras. Busquemos consejo de otras personas. Intentemos ver el problema desde diferentes perspectivas.

Aprendiendo a soportar el dolor y el malestar. Con el pensamiento y otras técnicas de apoyo.

Cuidando el ambiente y los hábitos: evitando conductas adictivas, evasivas o compulsivas.

EL SENTIDO DE LA PROPIA VIDA

Entrevista a Boglarka Hadinger, doctora en Psicología; logoterapeuta.

“Ninguna relación es buena si una parte no da”

Tengo 58 años. Nací en Budapest y vivo en Tubinga y Viena. Soy especialista en logoterapia, psicoterapia centrada en hallar el sentido de la propia vida. Estoy casada y tengo dos hijas. Estamos en un momento de cambio que requiere madurez. Tengo creencias sin iglesia

Dar y recibir van unidos?
Ninguna relación es buena, ni siquiera la de padres e hijos, si alguna de las partes no hace algo por los otros. Es importante que todos nos sintamos necesarios y útiles.

¿Qué podemos pedir a los hijos?
Algo más que su felicidad. Debemos enseñarles que ellos también pueden darla: “Llama a tu abuela, que está un poco triste, le alegrará oír tu voz”.

Importante, sí.
Hay que darles pequeñas tareas para que puedan experimentar la sensación de que hacen algo con éxito y por los demás.

Es una excelente idea.
En Sicilia y en Austria hay un proyecto, Una escuela adopta un monumento, en el que los niños se responsabilizan de cuidar un monumento, lo reparan si se estropea y se lo enseñan a los turistas.

Herramientas para la madurez.
Es esencial para relacionarse. En una discusión, la madurez permite que callemos cosas que herirían profundamente al otro y la relación, nos da la capacidad de ser cuidadosos con los que amamos y con el entorno.

¿Cuándo somos adultos?
Cuando nos responsabilizamos de nosotros y de lo que provocamos en los demás, y cimentamos nuestro sentido del humor, que tiene mucho que ver con la madurez: permite tomarse las cosas con cierta distancia y ver que hay algo bueno en cada ser humano. Ser persona es involucrarse en el mundo.

La madurez llega cuando llega, si llega.
Lo primero es saber que uno puede trabajar su madurez interior. Tengo el convencimiento de que cada ser humano tiene una tarea en tres diferentes ámbitos.

A saber…
La primera tarea es el trabajo con uno mismo, aprender a modularse: corregir los defectos, potenciar las virtudes. La segunda es con las personas que nos rodean: entender que si queremos ser felices, no lo seremos si ellos no lo son. Por último, cada uno de nosotros tiene una tarea con el mundo, y eso es la búsqueda de sentido.

Llevamos siglos buscándolo.
Una cosa es el sentido de la vida en general y otra el sentido de la propia vida. Cuando la vida tiene sentido no lo reflexionamos, se da por supuesto.
Pensamos sobre él cuando se vuelve inseguro, y eso ocurre cada vez que perdemos algo importante o cuando ya no estamos satisfechos con lo que tenemos y debemos dar un paso de madurez interna.

Las crisis.
Cualquier crisis, económica, medioambiental e incluso de pareja, son síntomas de algo más profundo. Viktor Frankl, el creador de la logoterapia, dijo que a veces el síntoma es lo sano de una vida patológica.

En una vida se viven unas cuantas.
Ocurre en la pubertad, luego la crisis entre los 40 y los 45 años en el caso de las mujeres, y en el caso de los hombres, entre los 50 y los 55 años, aunque a veces encuentran sentido durante un par de semanas en una minifalda, y la crisis de la vejez.

Demasiadas.
Nos proponen reflexionar, encontrar una nueva tarea y una nueva forma de vivirla, es decir, responder a cómo puedo vivir a partir de ahora para que la vida tenga sentido.

No me parece tarea fácil.
Es una tarea maravillosa: significa que no vivimos de forma automática, es un trabajo interesante, de detective.

¿Mirar por enésima vez al pasado?
A veces resulta necesario porque a menudo en situaciones de crisis nos comportamos como lo hicimos cuando éramos niños porque en esos momentos nos ayudó. Pero hay otro punto de vista más interesante.

Usted dirá.
Mirar el pasado para ver qué competencias tenía; qué cosas me han dolido, porque me indican qué puedo hacer; qué he aprendido o qué me gustaría hacer diferente, por ejemplo, con mis hijos, de como lo hicieron conmigo, y, sobre todo, qué es lo que la vida espera de mí en el futuro.

Casi nada.
Se trata de preguntarse para qué merece la pena seguir viviendo. Si estás vacío de sentido, lo llenas con adicciones, deseos, consumo; o a base de relaciones que te sostengan.Pero siempre llega el día en que el vacío existencial te duele, y si ves la cara de una persona a partir de los 50 sabes si está llevando una vida con sentido o no.

Usted hace terapia de pareja. ¿Qué es necesario para tener una buena relación?
Tiene que ver mucho con la madurez, el enamoramiento escoge a una persona determinada con la que también tenemos una tarea, y sólo después de haber atravesado algunas crisis podemos ser adultos.

Pues venga crisis.
En las primeras reaccionamos como cuando éramos pequeños, y solemos comportarnos con nuestra pareja como padres estrictos, por eso es importante decirnos a nosotros mismos: “Soy adulto: puedo sentarme y hablar. Estar con esta persona me plantea un reto de crecimiento personal”. Cuanto más maduras son las parejas, mejor pueden superar las crisis y aprender de ellas.

En busca de sentido
Hay que ser muy cafre para que la lectura de El hombre en busca de sentido no te deje sumido en profundas reflexiones. Viktor Frankl, neurólogo y psiquiatra vienés, lo escribió en Auschwitz. Explicó que el sentido es lo que nos salva y creó escuela, la logoterapia.
Hadinger, que da clases de logoterapia en la Universidad de Tubinga y en la Sigmund Freud en Viena, fue una de sus alumnas: “Uno sólo se convierte en una persona madura, competente y fascinante cuando empieza también a dar. Dar y recibir van unidos. Frankl decía que ser persona es involucrarse en el mundo”. Ha impartido un seminario en Formación en Logoterapia y Análisis Existencial (ALEA).


Ima Sanchís
Publicado en: La Vanguardia