LA BANALIZACIÓN DEL MAL Y EL SILENCIO DE LOS “HOMBRES BUENOS”

Javier Benegas y Juan M. Blanco                                                                
En 1961, Adolf Eichmann, antiguo nazi, fue localizado en Argentina por el Mosad, secuestrado, trasladado a Israel y juzgado por crímenes contra la humanidad por su participación en la llamada “solución final”. Hannah Arendt, una judía que había huido de Alemania tras la llegada de Hitler al poder, asistió a la vista como corresponsal del diario New Yorker. Filósofa, dotada de una fina inteligencia y gran profundidad de pensamiento, Arendt captó rápidamente la complejidad de aquel juicio. Comprendió que Eichmann, un personaje que en realidad carecía del fanatismo y las motivaciones necesarias para actuar como lo hizo, podría ser una pieza clave para explicar lo ocurrido y desentrañar la verdadera naturaleza de la culpa en la sociedad alemana de los años 30.

Eichmann pertenecía a las SS, sí, pero no ocupaba una posición destacada en la jerarquía nazi. Era un cargo intermedio, sin autonomía para tomar grandes decisiones. A Arendt le sorprendió que fuera más bien un tipo mediocre, del montón, de ningún modo un sádico asesino. No había matado a nadie y tampoco había ordenado hacerlo directamente. Ni siquiera sentía odio hacia los judíos. Era un funcionario común, eso sí, un burócrata muy eficiente. Si se le ordenaba organizar un convoy para enviar judíos a los campos de exterminio, lo hacía diligentemente. Pero con la misma eficacia y devoción habría dispuesto un transporte de juguetes para los niños. No había violado ninguna ley vigente en esa época; al contrario, las había cumplido cabalmente. Y siempre había obedecido prontamente y de manera escrupulosa las órdenes de funcionarios superiores. Entonces, ¿por qué se le juzgaba?, ¿dónde residía exactamente su culpa?

Eichmann era culpable porque había renunciado al pensamiento crítico, al juicio para distinguir el bien del mal

Eichmann no era ni mucho menos estúpido, tampoco malvado por naturaleza. Era culpable porque había renunciado al pensamiento crítico, al juicio para distinguir el bien del mal. Como otros muchos, optó por cumplir órdenes como un autómata, sin plantear la menor objeción, aferrándose a frases hechas, a consignas, en línea con la propaganda que difundía el nazismo. Para Arendt, la culpa de Eichmann radicaba precisamente en esa actitud acrítica, acomodada e insensible. Su delito consistía en negarse a pensar, a reflexionar sobre el carácter manifiestamente injusto, discriminatorio e ilegítimo de las órdenes y las normas que debía aplicar. Cómo él, decenas de miles de personas en Alemania, que no eran intrínsecamente malvadas, habían optado por no reflexionar, no criticar, hacer seguidismo de terribles consignas y leyes. Con su pasividad, su silencio, su nulo pensamiento contribuyeron a la banalización del mal; es decir, a la conversión del mal en mera rutina, algo a lo que la gente acabó acostumbrándose y viendo como normal. Para Arendt, la degradación del pensamiento fue lo que condujo al holocausto.

Una sociedad para burócratas controlada por burócratas… activistas y grupos de interés
El caso de Eichmann es extremo, por supuesto, pero ilustra el problema a la perfección. La Alemania nazi sirve para demostrar hasta qué punto se degrada una sociedad cuando abjura del pensamiento crítico, cuando la gente se aferra a consignas, a lo políticamente correcto. Al aceptar con normalidad leyes, decisiones gubernamentales que violan derechos ciudadanos, que contravienen principios fundamentales del derecho, los individuos contribuyen a que el mal se banalice. Y la sociedad entra en una espiral que conduce a la degradación.

En España, por ejemplo, hay demasiadas aberraciones oficiales sobre las que muy pocos osan manifestarse abiertamente, ejercer el pensamiento crítico, discrepar y oponerse frontalmente. La intromisión sin límites de los burócratas en el ámbito privado de las personas, en su toma de decisiones, hasta las más sencillas y cotidianas, está en el origen de esta anomalía, posiblemente la más grave en función de los costes materiales y humanos que conlleva. Sólo así se explica que hayamos cruzado determinadas líneas rojas, promulgando leyes, como la de violencia de género, que, al igual que en la Alemania nazi, violan la igualdad ante la ley y la presunción de inocencia. La pasividad de informadores e intelectuales ante tamaños atropellos, y también del ciudadano común, es lo que contribuye a la banalización del mal.
Todo es controlado por unos políticos, burócratas, activistas y grupos de interés ignorantes de las complejas interacciones económicas que existen en el mundo real
El poderoso efecto que produce el ejercicio burocrático del poder estatal, donde hasta lo abyecto se convierte en rutinario, explica, para Arendt, la escasísima emergencia de héroes provenientes desde las propias entrañas del nazismo. Lo cual, salvando las distancias, tiene paralelismo con la España del presente, donde un aparato estatal férreamente controlado por burócratas impide la crítica al intolerable fraude legislativo: más de cien mil leyes, normas y regulaciones que ocupan 1.250.000 páginas en el BOE y otras 800.000 en los boletines de las Comunidades Autónomas, han convertido en normal lo anormal. Hoy España es el país de la OCDE con mayores trabas y obstáculos a la actividad económica, lo cual está provocando que mucha gente tenga enormes dificultades para ganarse la vida.
Todo es controlado por unos políticos, burócratas, activistas y grupos de interés que, ignorantes de las complejas interacciones económicas que rigen en el mundo real, ponen cada vez más barreras al común, más controles y coacciones. Un marco regulador, imposible de cumplir, que permite sancionar discrecionalmente, liquidar el principio de igualdad de oportunidades, perseguir a los críticos, favorecer a los amigos y garantizarse puestos, ingresos adicionales y subvenciones.
Motivos para estar preocupados, muy preocupados
Muchos asuntos ponen en grave riesgo nuestro bienestar y, sin embargo, no son objeto del pensamiento crítico ni del debate. Sobre ellos ha caído un manto de silencio, han sido convertidos en tabúes. Entretanto, se desvía la atención y se insiste en que “el fraude fiscal es una de las lacras más profundas de nuestro país”. La propaganda oficial, que apunta invariablemente a un problema cultural, a la tradicional picaresca, y no a la perversa maraña legislativa y los intereses creados, es monolítica. Olvidan que la recaudación nunca será suficiente: ante un aumento de los ingresos, los políticos siempre responderán gastando más. Sin embargo, lejos de promover la simplificación legal, y el recorte de la administración, se exigen competencias parapoliciales, que se hagan públicas las declaraciones tributarias de todos los contribuyentes e, incluso, recompensar a confidentes que denuncien a presuntos defraudadores con un porcentaje de lo recaudado… ¿Pavoroso, no? ¿Recuerda a algo?
En una democracia mínimamente garantista, este trasiego de entrada y salida de la Administración a la Política y de la Política a la Administración debería estar regulado de forma mucho más severa
El origen de esta anomalía está en otra mayor. El burócrata, sea funcionario, abogado del Estado, juez o inspector de Hacienda, tiene todas las facilidades para acceder a la política, puede convertirse en diputado, ministro, y luego regresar sin la más elemental restricción a su puesto de origen, con acceso a información sensible sobre cualquier persona, incluso sobre los que han sido sus adversarios políticos o simplemente sus críticos. En una democracia mínimamente garantista, este trasiego de entrada y salida de la Administración a la Política y de la Política a la Administración debería estar regulado de forma mucho más severa. Es ahí donde debe endurecerse la legislación, donde hay que establecer cortafuegos. Es la Administración la que debe ser contenida y controlada por el ciudadano, por las leyes. No al revés.
Es hasta cierto punto comprensible que mucha gente en la Alemania nazi agachara la cabeza, no se atreviera a levantar la voz: tal osadía podía costar la vida. En la España actual, aunque la degeneración no es comparable, tampoco lo son las consecuencias de ejercer la crítica, de desafiar la opresora e interesada corrección política. A lo sumo conlleva recibir insultos, ser vetado en muchos medios, ver truncada la progresión profesional y, en el peor de los casos, dificultades para llegar a fin de mes. Es un precio relativamente asequible… comparado con las graves consecuencias de no hacerlo. Desgraciadamente, aunque Edmund Burke ya advirtió que para que triunfe el mal, basta con que los hombres buenos no hagan nada, muchos siguen sin estar dispuestos a pagarlo.

LA VIDA ES UN BONITO PASEO



LA VIDA ES UN BONITO PASEO

En mis últimas clases hemos tocado varios temas: la motivación, la mentalidad positiva, el sentido de la vida y los valores. 
Si cada mañana al despertar nos motivamos con afirmaciones y frase positivas, nuestro día será seguramente más hermoso. Al menos lo afrontaremos con una mente abierta y positiva.

Es muy positivo empezar el día con frases como: "seguro que hoy la mayoría de las cosas van a salir bien" " voy a trabajar bien porque puedo hacerlo mejor cada día" "esto no es el Titanic, no se va a hundir"
"Vamos a aportar lo mejor para que todo marche viento en popa."
Si estás feliz y contenta contigo, también lo estarás con los demás.

En las clases hemos elaborado un seminario de lecturas y hemos aportado reflexiones sobre los libros leidos, os dejo la lista, son libros que os harán pensar en vosotras mismas y en vuestra vida :
  • El alquimista.
  • El hombre en busca de sentido.
  • El sentido de la vida. 
  • La deseducación
  • La asertividad para gente extraordinaria.
  • El caballero de la armadura oxidada,
  • Amarse con los ojos abiertos
  • El arte de amargarse la vida.
  • Un mundo feliz
El destino no está predestinado, la propia persona es la que tiene poder para decidir qué hacer y hacia dónde dirigir su vida, existen condicionantes externos que no los podemos modificar pero sí nuestra actitud hacia ellos, y verlo desde otro punto de vista.
En la vida siempre tenemos un porqué que nos hace seguir, y ante las dificultades debemos saber apoyarnos en los puntos fuertes que tenemos y en los recursos que poseemos para solucionarlas.
Para poder estar bien con los demás primero hay que estarlo con nosotras mismas.Todos y todas tenemos armaduras de las que nos tenemos que deshacer, debemos ser capaces de ver nuestra propia armadura y qué es lo que nos impide seguir. Somos lo que pensamos, si nos rodeamos de ruido no nos escuchamos. Hay que luchar contra el medio para llegar al final.
Un mundo mejor es posible, cada una de nosotras puede aportar su grano de arena y no desestimar nuestro esfuerzo porque nos parezca poco o que no contribuye a nada, porque cada pequeña actitud cuenta. Si no nos gusta hacia donde van las cosas, en nuestra mano está cambiarlas. El conformismo y la ceguera nos condenan.
Lo que viene a continuación os ilustrará en clave de humor sobre ese pensar no precisamente positivo.

«Un hombre quiere colgar un cuadro. El clavo ya lo tiene, pero le falta un martillo. El vecino tiene uno. Así ,pues, nuestro hombre decide pedir al vecno que le preste el martillo. Pero le asalta una duda: ¿Qué? ¿Y si no quiere prestármelo? Ahora recuerdo que ayer me saludó algo distraído. Quizás tenía prisa. Pero quizás la prisa no era más que un pretexto, y el hombre abriga algo contra mí. ¿Qué puede ser? Yo no le he hecho nada; algo se habrá metido en la cabeza. Si alguien me pidiese prestada alguna herramienta, yo se la dejaría enseguida. ¿Por qué no ha de hacerlo él también? ¿Cómo puede uno negarse a hacer un favor tan sencillo a otro? Tipos como éste le amargan a uno la vida. Y luego todavía se imagina que dependo de él. Sólo porque tiene un martillo. Esto ya es el colmo. Así nuestro hombre sale precipitado a casa del vecino, toca el timbre, se abre la puerta y, antes de que el vecino tenga tiempo de decir:"buenos días", nuestro hombre le grita furioso:"¡Quédese usted con su martillo, so penco!".»La historia del martillo

 "El hombre en busca de sentido" os dejo este corto video que lo ilustra muy bien.




En la (des)educación, Chomsky nos proporciona excelentes herramientas para desmontar este tipo de enseñanza pensada para la domesticación de los ciudadanos: si los educadores rechazan el adiestramiento tecnocrático que les desintelectualiza para convertirse en intelectuales auténticos que denuncien la hipocresía, las injusticias sociales y la miseria humana, conseguirán que los estudiantes asuman el reto de ensanchar los horizontes de la democracia y de la ciudadanía y, junto a ellos, trabajarán para construir un mundo menos discriminatorio, más democrático, menos deshumanizado y más justo. 
Estas son algunas de las citas del libro "Amarse con los ojos abiertos" 

"Las dificultades son parte integral del camino del amor. No podemos concebir una relación íntima sin conflictos."

"Sufrir porque las cosas no son como yo me las había imaginado no sólo es inútil, sinó que además es infantil."

"Creo que tengo que resolver algunas cosas mias para poder merecer estar contigo."   


Así que como dice mi agenda para este próximo mes "La vida es un bonito paseo" Apliquémonoslo!



A VECES HAY QUE TOMAR DECISIONES QUE DUELEN AL CORAZÓN PERO TRANQUILIZAN AL ALMA


A veces hay que tomar decisiones que duelen al corazón pero tranquilizan al alma por saber que hemos hecho lo correcto.

Nuestras decisiones van tejiendo nuestro día a día, nuestra vida, nuestro destino. Dependerá de cada una de ellas, desde la más simple hasta la más compleja, como será nuestro porvenir. 
A veces evitamos aquello que creemos que nos va a doler emocionalmente y nos atamos a vivir experiencias que nos hacen daño, que nos aburren y que no nos dejan evolucionar. Nos instalamos en ese mundo pequeño y cuanto más tiempo permanecemos en él, más difícil es salir y continuanos aferrados a lo conocido  aunque ello nos cause sufrimiento y dolor.
Para mejorar vamos colocándonos paños de agua tibia, tratando de no tomar la decisión, una decisión difícil pero necesaria y que por apegos y miedos vamos aplazando.


“Jamás dejes que las dudas paralicen tus acciones. Toma siempre todas las decisiones que necesites tomar, incluso sin tener la seguridad o certeza de que estás decidiendo correctamente”  (Paulo Coelho)

La vida a veces se complica y nos enredamos en caminos tortuosos, de tal forma que cuando queremos emprender otra dirección nos damos cuenta de que hemos levantado barreras, cavado zanjas y toda clase de impedimentos para tapar la luz de salida y cuanto más tiempo pasa, más difícil salir, lo cual nos lleva al desencanto y a la frustración. 
Pero una vez que nos damos cuenta de que un cambio es necesario, ya hemos dado el primer paso en nuestro camino y esto significa que nos hemos quitado la venda de los ojos, lo que sigue, aunque duro, no requiere de mayor esfuerzo que reconocer objetivamente la situación, decidirse, actuar y no mirar atrás, al menos en un primer momento.


Tomar decisiones trascendentales nunca es sencillo, abrirse a los cambios requiere fortaleza, incluso para las personas que están bien preparadas.
Pero la realidad apunta a que somos responsables de nuestro bienestar, de generarnos experiencias que nos hagan crecer y vivir desde el amor. Lo que hoy apartemos de nuestra vida y dejemos ir, quizá nos genere dolor, sin embargo si sentimos que hacerlo nos pone en línea con nuestro propósito de vida, no dudemos ni perdamos más tiempo en tomar la decisión que nos conduzca allí donde queremos estar.
La falta de decisión nos puede hacer perder oportunidades tanto de prosperar como de ser felices. Decidir es un acto de valor, es más que escoger entre una cosa u otra, es aceptar un reto, una responsabilidad y asumir valientemente las consecuencias de esa decisión.
Lograr cambios significativos en la vida es algo que no todas las personas logran porque muchas no están dispuestas a ello.
Tomar ese camino difícil, asumir riesgos y caminar por sitios no seguros es más dificil que transitar por caminos sencillos y conocidos, aunque el precio sea la infelicidad, el tedio y la frustración.
Levantarse, dar el primer paso y continuar pisando cada vez más fuerte es un acto de valentia que lleva a la realización de los sueños.  

“Es necesario correr riesgos, seguir ciertos caminos y abandonar otros. Nadie es capaz de elegir sin miedo.” (Paulo Coelho)

APRENDER A MEDITAR CAMINANDO



APRENDER A MEDITAR CAMINANDO
Para algunas personas aprender a meditar es difícil, la mente
no sintoniza bien con esa calma inmóvil en la práctica de una atención plena y en mantener esa quietud en la que se adquiere esa calma mental. Sin embargo, no es necesario mantener una determinada postura ni estar en rigurosa quietud para llegar a ese estado de calma, podemos, al menos al principio, lograrlo mientras caminamos. Empezar a caminar puede descalzar las penas y liberar la mente.

Mindfulness es una poderosa técnica terapéutica pero que no todas las personas son capaces de realizar. Hay personas con una elevada carga de ansiedad que no acaban  de alcanzar ese punto perfecto de relajación donde aprender a ser más conscientes de su mundo interior a través de un estado de relajación.
Así que “Caminar vale la pena aunque te caigas”.
Cuando la mente grita y nuestros pensamientos son repetitivos y obsesivos y llevamos todas nuestras preocupaciones adheridas como una segunda piel sobre nuestro ser, hay una estrategia que casi nunca nos va a fallar: Caminar.
No hay nada mágico en el simple acto de caminar, el movimiento de nuestro cuerpo es como el metrónomo que marca un compás, un ritmo perfecto, donde tarde o temprano la propia mente queda armonizada formando una misma entidad, una misma melodía.
Con cada paso que damos el corazón crece, la respiración se vuelve profunda, sonora, el cerebro se oxigena y nuestro ser se expande a consecuencia de esos movimientos repetitivos para hallar su punto de equilibrio. Ese punto de equilibrio donde tomar las riendas  de nuestra vida mediante ese ejercicio de caminar combinado con la meditación.  
Meditar mientras caminamos es un medio gratificante para un fin saludable. Cuando los psicólogos integramos el Mindfulness o atención plena en la psicoterapia, no buscamos convertir a los pacientes en hábiles meditadores espirituales, ni convencerlos de que pasen los fines de semana en retiros de silencio de línea budista.
La atención plena es una herramienta  para que las personas puedan vivir su vida con más equilibrio, plenitud y con una conciencia más amplia.
Pero la meditación no es fácil y se requiere responsabilidad y voluntad. Aislar el sonido de nuestro entorno, el ruido de nuestras ciudades y acallar la mente necesita entrenamiento y fuerza de voluntad. Por eso, este nuevo enfoque  que se puede resumir en: caminar sin llegar, puede ser un camino más fácil para aquellas personas que han intentado muchas veces  la meditación y la han dejado otras tantas.
La técnica, es muy sencilla, consiste en empezar a caminar  sin tener un destino concreto al que llegar, eso nos permite disfrutar del simple movimiento, caminar por el simple placer de caminar.
Podemos utilizar el símil del mono que va saltando de rama en rama en un viaje un tanto caótico e improductivo, para describir la mente humana. Además esa mente que no logra callar y es sumamente repetitiva, acaba perdiéndose en sus propios laberintos. Pero si logramos apaciguar ese nerviosismo, esos continuos pensamientos repetitivos de nuestra mente a través del movimiento de caminar, de mover las piernas  y de realizar una respiración acompasada  a cada paso que damos, lograremos ese control consciente de nuestra mente y de esos pensamientos.
La técnica de aprender a meditar mientras caminamos es sencilla. Nuestro paseo deberá ser diario y no durar más de media hora, deberemos buscar un entorno natural (no valen las calles llenas de tiendas y gente) y tranquilo. Elegiremos ropa y calzado cómodos.
Veamos la técnica:

  • Empezaremos a caminar a paso normal. Poco a poco deberemos encontrar el ritmo que nos sea más cómodo y relajante, más catártico y liberador. Habrá personas que caminen a buen ritmo y otras con paso más lento.
  • Ahora es el momento de centrar la atención en algún aspecto. Visualizamos en nuestra mente como si fuera una linterna que orienta su luz sobre un aspecto concreto y luego a otro: Primero a la respiración, luego a la sensación de los pies cuando tocan el suelo, más tarde el viento o el calor del sol  acariciando nuestra piel. Focalizamos nuestra atención en esos aspectos de manera cíclica: Primero uno, respiración, luego otro movimiento pies, luego el tercero el viento  o sol  acariciando nuestra piel… vamos repitiendo
  • Poco a poco nos iremos dando cuenta de que ya no necesitamos centrar nuestra atención en cada uno de esos aspectos del cuerpo. Al cabo de los días el foco de nuestra linterna será tan amplio que lo vamos a percibir todo de una vez.
  • Nuestra conciencia se habrá ampliado tanto que nuestro “ser” formará un todo perfecto en calma y armonía.

CAMINAR EN UN LABERINTO: LA MAGIA DE LA CONCENTRACIÓN.
Vamos ahora un poco más allá. Imaginemos que en tu caso, ni te es útil el Mindfulness, ni logras aprender a meditar mientras caminas. El simple hecho de salir de casa y andar sin un rumbo fijo te distrae, dispersa tu mente y no logras hallar tu punto de equilibrio, tu centro, tu punto de calma.
En este caso podemos iniciarnos en una práctica tan curiosa como antigua en muchas culturas. Hablamos de recorrer un laberinto. Esta práctica ancestral es como visualizar los propios problemas tatuados en el suelo para recorrerlos paso a paso mientras encontramos una salida. Se sabe, que algunas de las formas más tempranas de  laberintos se encuentran en Grecia y que tenían como finalidad hallar un sentido para la propia vida a través de esos circuitos en espiral. Era otro tipo de meditación que a día de hoy se sigue practicando en diversos países.
Puntos a tener en cuenta:

  •  En los laberintos no hay una única salida ni se gana cuando una haya cómo salir de él. El beneficio está en el propio recorrido y en lo que conseguimos mientras lo transitamos
  • El objetivo es calmar la mente, abrir el corazón a través del propio recorrido del laberinto.
  • Cuando se entra en el laberinto primero hay que detenerse a reflexionar, pensando qué deberíamos dejar ir antes de iniciar ese recorrido concéntrico para centrarnos de forma plena en el presente, en el aquí y ahora
  • Se camina despacio, un pie tras otro y viendo en todo momento la forma de los trazos y de los caminos.
  • Cuando se llega al centro o “roseta” del laberinto, debemos descansar y meditar unos minutos sobre el trayecto recorrido. El objetivo de este ejercicio no es encontrar la salida a la maraña de nuestros problemas, sino salir fortalecidos por el aprendizaje adquirido durante el proceso.

La mente puede ir en mil direcciones.
Pero sobre esta hermosa senda, camino en paz.
A cada paso, un suave viento sopla.
A cada paso, se abre una flor.

Fuente: El arte de vivir despierto. Thich Nhat Hanh (Maestro de Zen)