INVESTIGACIÓN/RESEARCH PAPERS
LA FILOSOFÍA DE MATRIX
La trilogía de Matrix de los hermanos Wachowski, fue un rotundo éxito en los cines, que, además de entretener, planteaba una serie de reflexiones filosóficas muy interesantes.
Matrix pertenece al género de las distopías, que se refieren a las sociedades ficticias indeseables. Se trata del antónimo de utopía. El término distopía fue creado por John Stuart Mill a finales del siglo XIX.
“Lo que generalmente se llama realidad es considerado por la filosofía como cosa corrupta, que puede aparecer como real, pero que no es real en sí y por sí”.
-Friedrich Hegel-
Matrix y el mito de la caverna de Platón
El primer matiz filosófico que aparece en Matrix es el mito de la caverna de Platón (La República, Libro VII). Un prisionero atado en el fondo de una caverna y con la cara hacia la pared ve sobre ella sombras de estatuas que están detrás de él y considera a esas sombras objetos reales (imaginación).
Pero si el prisionero se libera de las ataduras y sale de la caverna, ve las estatuas que producen las sombras (la creencia), ve los perfiles de las cosas que hay fuera de la caverna y que no logra distinguir bien por la luz del sol y finalmente, ve las cosas claramente, iluminadas por el sol y ve al mismo sol. Con el mito de la caverna, Platón nos explica la existencia de dos mundos: el mundo sensible (el que perciben los sentidos) y el mundo de las ideas (el verdadero y que solo se puede alcanzar con la razón).
Existe un paralelismo entre Matrix y el mito de la caverna de Platón, aunque en Matrix lo que el “prisionero” liberado ve, no es el sol, sino una realidad totalmente desoladora.
Descartes, los sueños, lo real y el Genio Maligno
En Matrix existen dos mundos: el real, donde las máquinas controlan a los humanos y los siembran para obtener energía, y el de Matrix, un mundo virtual donde las mentes de los humanos son esclavizadas y creen vivir en la normalidad.
Por tanto, el componente filosófico de la película es el problema de lo real. Descartes analizó el tema de lo real y se preguntó: ¿Cómo saber si en este preciso momento no estás soñando?
Para Descartes, el hombre es la unión de cuerpo y mente, pero solo de la mente puede provenir nuestra seguridad. El hombre es una cosa que piensa. Incluso dormidos, en el sueño tenemos la duda de que estemos dormidos, por lo que tenemos una experiencia mental que nos permite afirmar que existimos.
“Pienso, luego existo.”
-René Descartes-
Es lo que sucede en Matrix. En la película los humanos no saben si lo que viven es real o es un sueño. Las máquinas han creado una realidad simulada que se confunde con la auténtica.
El personaje protagonista, Neo, vive atormentado con la sensación de si está soñando o lo que ve es real y le pregunta a su compañero Choi, en una de las primeras secuencias del film: “¿Alguna vez has tenido la sensación de no saber con seguridad si sueñas o estás despierto?”
Descartes, una vez que llega a la conclusión de que ha sido engañado, piensa que no ha sido Dios quien ha llevado a cabo el engaño sino el Genio Maligno. Ese Genio Maligno de Descartes en la película Matrix son las máquinas, que han creado una realidad virtual malvada.
El paralelismo entre la filosofía de Descartes y la película es claro: no se distingue la realidad del sueño y existe un Genio Maligno que es el creador del engaño.
El existencialismo de Sartre
A lo largo de la trilogía de Matrix se plantea el problema del existencialismo, ya que se afirma que nada de lo que creíamos que existía, existe realmente; es una simple alucinación creada por unas máquinas para sacar beneficios de nosotros.
Para analizar este aspecto filosófico de Matrix podemos acudir a Jean Paul Sartre, representante del existencialismo.
“El hombre nace libre, responsable y sin excusas.”
-Jean Paul Sartre-
La filosofía de Sartre se refiere a la libertad humana y a la no creencia en el destino. La idea fundamental es la de la elección. En la película de Matrix, el protagonista Neo, tiene que elegir desde el principio: la pastilla roja o la azul. Sartre sostiene que “Si no elijo, también elijo”.
Por lo tanto, se nos plantean, a través de una película, aspectos fundamentales de la vida y de la filosofía, que nos permiten cuestionarnos muchas facetas de nuestra existencia.
¿Cuál es el contenido social de la película Matrix?
La sociedad distópica de Matrix es una ilusión. Un artificio creado por las máquinas que en su engaño tiene controlado al hombre mientras vive embaucado por la simulación. La realidad física del hombre vive encapsulada en un entorno apocalíptico como nutriente eléctrico del yugo mecánico y artificial.
¿Cómo se relaciona Matrix con la realidad?
Recordemos lo que en el film se dice respecto a la realidad. ... En Matrix se nos presenta una sociedad humana que vive en una realidad virtual compartida, una en la que se revela que nuestras sensaciones no son sino impulsos eléctricos en el cerebro, es decir, un mero juego imaginario-simbólico.
Matrix como recurso didáctico en Filosofía
Matrix es una película de éxito que gusta a una gran parte de adolescentes, aunque a muchos les cuesta comprenderla y no ven más allá del despliegue de efectos especiales y actualización de las cintas de artes marciales. A pesar de ello plantea algunas cuestiones relacionadas con el pensamiento filosófico y evoca, si bien de manera equívoca, el célebre mito platónico de la caverna.
Los dos grandes temas filosóficos presentes en Matrix se corresponden con las dos versiones más conocidas de un experimento mental semejante en muchos aspectos a lo que podríamos llamar la hipótesis Matrix. La primera versión es “la máquina de experiencias” de R. Nozick, la segunda es conocida como “cerebros en una cubeta” de H. Putnam. El foco de la primera se corresponde con la elección entre la pastilla roja y la pastilla azul, cuya secuencia clave es la traición de Cifra, y se resume en la pregunta ¿por qué no elegir la pastilla azul?, o en otras palabras ¿por qué es preferible el mundo real? La segunda versión apunta básicamente a una cuestión de teoría del conocimiento: ¿cómo sabemos que no vivimos en un mundo simulado, sino en un mundo real? (hipótesis escéptica).
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INDEFENSIÓN APRENDIDA Y LA SITUACIÓN SOCIAL QUE VIVIMOS
EL EXPERIMENTO
Universidad de Pensilvania año 1967. El Psicólogo y profesor Seligman realiza su famoso experimento sobre la “Indefensión aprendida”.
El experimento consistió en tres grupos de perros. Al primer grupo se le dio una estimulación absolutamente normal, es decir sin ningún tipo de estimulación aversiva. Al segundo grupo se presentaron descargas, pero se dispusieron unas palancas accesibles para que los animales las pudieran tocar y evitar esas desagradables descargas. Al tercer grupo no se les puso ninguna palanca por lo que no tenían forma de evitar las descargas. En algunas ocasiones del experimento algunos de los perros de este tercer grupo los pasaron al segundo grupo y otras veces eran devueltos al grupo tercero en el que se encontraban antes. Finalmente se llevaron a todos los perros de los tres grupos a una caja problema en la que tenían que saltar una valla para evitar una descarga eléctrica. Todos los animales aprendieron a saltar la valla para evitar las descargas excepto los perros del tercer grupo. Seligman, para validar el experimento y comprobar que no existía otra razón externa que contaminase el experimento, al tercer grupo de perros les administró una droga, se volvió a repetir todo el experimento de la misma forma y el resultado no varió. Los perros del tercer grupo no saltaban la valla que les evitaría las descargas, se quedaban inactivos en un rincón.
¿Qué se descubrió en esos animales del experimento de Seligman? Se descubrieron una serie de características como la inhibición (equiparable a una actitud sumisa), pasividad (pretendían adaptarse a la situación porque no pensaban que tuviesen ningún tipo de control a ese castigo) impotencia delante de una situación que se creía inevitable. Todo ello se convierte en creencias disfuncionales como Impotencia, Incompetencia, Depresión, Aislamiento, Estrés, Ansiedad y Desidia.
SITUACIÓN SOCIAL ACTUAL
Ahora imaginemos que ese mismo experimento se realiza con humanos. En lugar de utilizar descargas, se utilizan situaciones de MIEDO y ESTRÉS frente a las cuales, los sujetos no tienen ninguna salida.
Si comparamos este experimento con las campañas de terror por parte de los gobiernos y de los medios de comunicación nos daremos cuenta de que existe una gran similitud.
El experimento de Seligman transportado a la población a escala mundial.
Nos describen una situación de la cual no podemos escapar. Nos presentan a través de los medios, noticias e imágenes sobre situaciones catastróficas de personas enfermas, de personas que mueren. Nos presentan cifras en las cadenas de televisión. Nos dicen que cada día hay más muertos o más personas hospitalizadas. Todo ello conduce a la realización de acciones i/o de juicios con nosotros mismos y con los demás. En este caso son atribuciones generales que nos aplicamos a nosotros mismos en cualquier tipo de conducta, que tenemos que realizar, aquí entrarían todas aquellas conductas asociadas al trastorno obsesivo-compulsivo como por ejemplo el lavado de manos con hidroalcohol, el limpiarse los zapatos antes de entrar en casa, el uso de mascarillas, la desinfección constante de todo lo que traemos del exterior a en nuestra casa, aislamiento impuesto o voluntario.
Esta atribución interna viene relacionada con una atribución externa, con esa percepción “del otro” como amenaza, siempre y cuando no siga nuestro mismo ritual.
Esto es un paralelismo entre lo que está viviendo la sociedad ahora mismo y lo que es la indefensión aprendida.
Seligman descubrió que este tipo de aprendizaje, no solamente se realiza con vistas a entender la depresión, sino con vistas a entender las enfermedades mentales, fobia social, ansiedad, agorafobia.
El resultado de esta reflexión es bastante inquietante porque nos encontramos delante de una sociedad verdaderamente enferma, no ya de depresión, sino de un tipo de enfermedad patológica asociada a la antropofobia, que es miedo al ser humano como portador de enfermedad y que deriva del resultado de todo este conjunto de actividades desarrolladas durante casi un año, con la intención de inocular e introducir el miedo en toda la población.
Es por tanto interesante que hagamos una reflexión sobre la indefensión aprendida y lo que está ocurriendo en nuestra sociedad, al mismo tiempo que hacernos preguntas sobre si se trata de un experimento social i, si es así, con qué objetivo, quién mueve los hilos, a quién creer, cómo salir de ésta situación y qué acciones realizar. Todo ello desemboca en interesantes reflexiones que nos pueden ayudar a cambiar el paradigma actual.
Síntomas de la indefensión aprendida:
Sumisión
Creer no tener control
Tristeza
Miedo paralizante y antropofóbico
Estrés
Depresión
Incapacidad de discernir y actuar


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LA BANALIZACIÓN DEL MAL Y EL SILENCIO DE LOS “HOMBRES BUENOS”
Javier Benegas y Juan M. Blanco
En 1961, Adolf Eichmann, antiguo nazi, fue localizado en Argentina por el Mosad, secuestrado, trasladado a Israel y juzgado por crímenes contra la humanidad por su participación en la llamada “solución final”. Hannah Arendt, una judía que había huido de Alemania tras la llegada de Hitler al poder, asistió a la vista como corresponsal del diario New Yorker. Filósofa, dotada de una fina inteligencia y gran profundidad de pensamiento, Arendt captó rápidamente la complejidad de aquel juicio. Comprendió que Eichmann, un personaje que en realidad carecía del fanatismo y las motivaciones necesarias para actuar como lo hizo, podría ser una pieza clave para explicar lo ocurrido y desentrañar la verdadera naturaleza de la culpa en la sociedad alemana de los años 30.
Eichmann pertenecía a las SS, sí, pero no ocupaba una posición destacada en la jerarquía nazi. Era un cargo intermedio, sin autonomía para tomar grandes decisiones. A Arendt le sorprendió que fuera más bien un tipo mediocre, del montón, de ningún modo un sádico asesino. No había matado a nadie y tampoco había ordenado hacerlo directamente. Ni siquiera sentía odio hacia los judíos. Era un funcionario común, eso sí, un burócrata muy eficiente. Si se le ordenaba organizar un convoy para enviar judíos a los campos de exterminio, lo hacía diligentemente. Pero con la misma eficacia y devoción habría dispuesto un transporte de juguetes para los niños. No había violado ninguna ley vigente en esa época; al contrario, las había cumplido cabalmente. Y siempre había obedecido prontamente y de manera escrupulosa las órdenes de funcionarios superiores. Entonces, ¿por qué se le juzgaba?, ¿dónde residía exactamente su culpa?
Eichmann era culpable porque había renunciado al pensamiento crítico, al juicio para distinguir el bien del mal
Eichmann no era ni mucho menos estúpido, tampoco malvado por naturaleza. Era culpable porque había renunciado al pensamiento crítico, al juicio para distinguir el bien del mal. Como otros muchos, optó por cumplir órdenes como un autómata, sin plantear la menor objeción, aferrándose a frases hechas, a consignas, en línea con la propaganda que difundía el nazismo. Para Arendt, la culpa de Eichmann radicaba precisamente en esa actitud acrítica, acomodada e insensible. Su delito consistía en negarse a pensar, a reflexionar sobre el carácter manifiestamente injusto, discriminatorio e ilegítimo de las órdenes y las normas que debía aplicar. Cómo él, decenas de miles de personas en Alemania, que no eran intrínsecamente malvadas, habían optado por no reflexionar, no criticar, hacer seguidismo de terribles consignas y leyes. Con su pasividad, su silencio, su nulo pensamiento contribuyeron a la banalización del mal; es decir, a la conversión del mal en mera rutina, algo a lo que la gente acabó acostumbrándose y viendo como normal. Para Arendt, la degradación del pensamiento fue lo que condujo al holocausto.
Una sociedad para burócratas controlada por burócratas… activistas y grupos de interés
El caso de Eichmann es extremo, por supuesto, pero ilustra el problema a la perfección. La Alemania nazi sirve para demostrar hasta qué punto se degrada una sociedad cuando abjura del pensamiento crítico, cuando la gente se aferra a consignas, a lo políticamente correcto. Al aceptar con normalidad leyes, decisiones gubernamentales que violan derechos ciudadanos, que contravienen principios fundamentales del derecho, los individuos contribuyen a que el mal se banalice. Y la sociedad entra en una espiral que conduce a la degradación.
En España, por ejemplo, hay demasiadas aberraciones oficiales sobre las que muy pocos osan manifestarse abiertamente, ejercer el pensamiento crítico, discrepar y oponerse frontalmente. La intromisión sin límites de los burócratas en el ámbito privado de las personas, en su toma de decisiones, hasta las más sencillas y cotidianas, está en el origen de esta anomalía, posiblemente la más grave en función de los costes materiales y humanos que conlleva. Sólo así se explica que hayamos cruzado determinadas líneas rojas, promulgando leyes, como la de violencia de género, que, al igual que en la Alemania nazi, violan la igualdad ante la ley y la presunción de inocencia. La pasividad de informadores e intelectuales ante tamaños atropellos, y también del ciudadano común, es lo que contribuye a la banalización del mal. Todo es controlado por unos políticos, burócratas, activistas y grupos de interés ignorantes de las complejas interacciones económicas que existen en el mundo real
El poderoso efecto que produce el ejercicio burocrático del poder estatal, donde hasta lo abyecto se convierte en rutinario, explica, para Arendt, la escasísima emergencia de héroes provenientes desde las propias entrañas del nazismo. Lo cual, salvando las distancias, tiene paralelismo con la España del presente, donde un aparato estatal férreamente controlado por burócratas impide la crítica al intolerable fraude legislativo: más de cien mil leyes, normas y regulaciones que ocupan 1.250.000 páginas en el BOE y otras 800.000 en los boletines de las Comunidades Autónomas, han convertido en normal lo anormal. Hoy España es el país de la OCDE con mayores trabas y obstáculos a la actividad económica, lo cual está provocando que mucha gente tenga enormes dificultades para ganarse la vida. Todo es controlado por unos políticos, burócratas, activistas y grupos de interés que, ignorantes de las complejas interacciones económicas que rigen en el mundo real, ponen cada vez más barreras al común, más controles y coacciones. Un marco regulador, imposible de cumplir, que permite sancionar discrecionalmente, liquidar el principio de igualdad de oportunidades, perseguir a los críticos, favorecer a los amigos y garantizarse puestos, ingresos adicionales y subvenciones.
Motivos para estar preocupados, muy preocupados
Muchos asuntos ponen en grave riesgo nuestro bienestar y, sin embargo, no son objeto del pensamiento crítico ni del debate. Sobre ellos ha caído un manto de silencio, han sido convertidos en tabúes. Entretanto, se desvía la atención y se insiste en que “el fraude fiscal es una de las lacras más profundas de nuestro país”. La propaganda oficial, que apunta invariablemente a un problema cultural, a la tradicional picaresca, y no a la perversa maraña legislativa y los intereses creados, es monolítica. Olvidan que la recaudación nunca será suficiente: ante un aumento de los ingresos, los políticos siempre responderán gastando más. Sin embargo, lejos de promover la simplificación legal, y el recorte de la administración, se exigen competencias parapoliciales, que se hagan públicas las declaraciones tributarias de todos los contribuyentes e, incluso, recompensar a confidentes que denuncien a presuntos defraudadores con un porcentaje de lo recaudado… ¿Pavoroso, no? ¿Recuerda a algo? En una democracia mínimamente garantista, este trasiego de entrada y salida de la Administración a la Política y de la Política a la Administración debería estar regulado de forma mucho más severa
El origen de esta anomalía está en otra mayor. El burócrata, sea funcionario, abogado del Estado, juez o inspector de Hacienda, tiene todas las facilidades para acceder a la política, puede convertirse en diputado, ministro, y luego regresar sin la más elemental restricción a su puesto de origen, con acceso a información sensible sobre cualquier persona, incluso sobre los que han sido sus adversarios políticos o simplemente sus críticos. En una democracia mínimamente garantista, este trasiego de entrada y salida de la Administración a la Política y de la Política a la Administración debería estar regulado de forma mucho más severa. Es ahí donde debe endurecerse la legislación, donde hay que establecer cortafuegos. Es la Administración la que debe ser contenida y controlada por el ciudadano, por las leyes. No al revés.
Es hasta cierto punto comprensible que mucha gente en la Alemania nazi agachara la cabeza, no se atreviera a levantar la voz: tal osadía podía costar la vida. En la España actual, aunque la degeneración no es comparable, tampoco lo son las consecuencias de ejercer la crítica, de desafiar la opresora e interesada corrección política. A lo sumo conlleva recibir insultos, ser vetado en muchos medios, ver truncada la progresión profesional y, en el peor de los casos, dificultades para llegar a fin de mes. Es un precio relativamente asequible… comparado con las graves consecuencias de no hacerlo. Desgraciadamente, aunque Edmund Burke ya advirtió que para que triunfe el mal, basta con que los hombres buenos no hagan nada, muchos siguen sin estar dispuestos a pagarlo.
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Aristóteles y la Psicología Positiva
Algunas de las ideas de la psicología positiva moderna hunden sus raíces en la filosofía de Aristóteles. En concreto, las "fortalezas del carácter", que se han encontrado asociadas a la felicidad o la satisfacción vital, guardan paralelismos con la ética de las virtudes aristotélicas. Son rasgos que pueden ayudar a orientar el comportamiento en una forma positiva. Pero en la práctica, muchas veces nos encontramos con que no es fácil saber qué respuesta requiere una situación dada, o cómo traducir principios abstractos (humanitarismo, justicia, etc.) en acciones concretas. Y aquí es donde, de nuevo, Aristóteles acude en nuestro auxilio con su concepto de phronesis o "sabiduría práctica".
¿Le dirías a tu mejor amiga, que está a punto de asistir a una boda con su nuevo traje, que éste le queda horrible? ¿Elegirías ser honesto y decirle lo que parece una verdad evidente?... ¿O tal vez es mejor ser amable y, aunando todas tus capacidades de control de la expresión facial, sonreírle mientras pronuncias una mentira piadosa? Honestidad y amabilidad son ambas "fortalezas del carácter", en términos de la psicología positiva. Pero ¿cómo se articulan en esta situación, donde ciertamente se encuentran en conflicto?
Barry Schwartz y Kenneth Sharpe son dos psicólogos, tal vez menos conocidos que otros como Martin Seligman o Robert Sternberg, que han realizado interesantes aportaciones al tema de las relaciones entre sabiduría, "fortalezas del carácter" y felicidad.
Pero vayamos por partes. Una de las contribuciones más destacadas, dentro de la psicología positiva, es la identificación y clasificación de veinticuatro "fortalezas del carácter", que se agrupan en torno a seis "virtudes": sabiduría y conocimiento, valor, humanitarismo y amor, justicia, templanza y transcendencia1,2. Su adquisición y puesta en práctica a lo largo de toda una vida tendría como resultado la felicidad, el crecimiento personal y la construcción de relaciones interpersonales saludables y significativas3, aunque lo cierto es que tales virtudes y fortalezas no se contemplan como meros "instrumentos" para alcanzar estas "ventajas", sino que serían algo intrínsecamente valioso.
En este sentido, la psicología positiva las ha señalado como algo deseable, aunque Schwartz y Sharpe ponen de manifiesto algunas deficiencias en el modo en que los psicólogos se han referido habitualmente a las fortalezas del carácter4. En concreto, hay tres aspectos que resultan especialmente problemáticos cuando se trata de llevar a efecto una conducta orientada según el listado de virtudes y fortalezas:
En primer lugar, está la cuestión de la relevancia: una situación concreta puede requerir de la puesta en marcha de una fortaleza en particular y no de otras. Y averiguar qué demanda cada circunstancia no siempre es fácil.
En segundo lugar, las fortalezas y virtudes a veces entran en conflicto. El caso planteado al inicio es paradigmático... ¿eliges honestidad o amabilidad? ¿susto o muerte? Actuar partiendo de una virtud puede ir en contra de otra.
Finalmente, un problema no menor es el de la especificidad, es decir, cómo se traducen unos principios u orientaciones que son generales, abstractos e intangibles en una acción concreta que afecta a personas reales en unas circunstancias determinadas.
Para solventar estas dificultades, Schwartz y Sharpe proponen incorporar el concepto aristotélico de phronesis o "sabiduría práctica" a la caja de herramientas de la psicología positiva4. Pero ciertamente, no se trataría de una virtud entre otras, sino que tendría el papel fundamental de orquestar a las demás, articularlas para determinar qué es lo mejor que se puede hacer en una situación y establecer a partir de qué principios actuar en cada situación. Se trata, por decirlo de alguna forma, de la "virtud maestra", sin la cual las demás resultarían poco eficaces en la práctica y el camino hacia la felicidad sería errático. Aunque la phronesis se ha equiparado en muchas ocasiones a la "prudencia", desde la óptica de Schwartz y Sharpe parece que tiene que ver más con el "discernimiento", es decir, con el análisis y la reflexión sobre cómo moverse ante situaciones concretas, con el fin de distinguir qué actuaciones llevan a un mayor crecimiento personal y qué comportamientos podrían obstaculizar la felicidad propia y ajena.
Ahora bien, ¿cómo se adquiere esta "sabiduría práctica"? Siguiendo a Aristóteles, Schwartz y Sharpe sostienen que se trata de una virtud que puede aprenderse pero que no puede ser "enseñada", al menos en un sentido académico o escolar. Tal y como afirman:
"La sabiduría es producto de la experiencia. Uno llega a ser sabio enfrentándose a situaciones difíciles y ambiguas, usando su capacidad de juicio para decidir qué hacer, haciéndolo y reflexionando sobre ello. Uno llega a ser sabio practicando".
Sin embargo, aunque la "sabiduría práctica" no pueda ser enseñada, sí que puede ser facilitada o, por el contrario, obstaculizada. De manera concreta, Schwartz y Sharpe sostienen que hay dos barreras importantes en la actualidad para esta forma de sabiduría, se trata de la presión por obtener resultados y de la burocratización (tal vez podría decirse, la "automatización") de muchas áreas de la vida profesional y personal.
La sabiduría práctica requiere tiempo para pensar y para conocer las circunstancias particulares en las que se desenvuelve la vida de alguien (o la nuestra propia); implica además cierta capacidad de análisis, para lo cual es fundamental pararse a escuchar, informarse, conocer en profundidad las situaciones, y también, hacer todo ello desde una perspectiva flexible y abierta. No menos importante, la sabiduría práctica implica una fuerte motivación por tratar de hacer lo correcto en cada situación. Pero estas circunstancias favorecedoras no siempre se dan, como señalan los autores con algunos ejemplos. Sería el caso de un médico sobrepasado por la cantidad de pacientes que debe atender a la hora o el de un maestro que ha de seguir un programa escolar excesivamente rígido y estandarizado. En ambos casos, es difícil que uno y otro puedan dedicarse a valorar lo específico de las circunstancias de sus pacientes y alumnos, respectivamente. Por ello, hay una conclusión que parece clara: si queremos disponer de personas más sabias, también necesitamos instituciones y organizaciones que lo sean.
El artículo de Schwartz y Sharpe es interesante no sólo por su contenido, sino también por la forma en que está escrito. Los autores combinan ejemplos concretos y sugerentes con otros conceptos abstractos propios de la filosofía aristotélica en que se basan, pero sin perder de vista el paradigma de la psicología positiva en el que se desenvuelve su argumentación. Las partes más densas desde un punto de vista conceptual se leen de manera accesible, sin que lo didáctico menoscabe el rigor. En cualquier caso, para aquellos que prefieran "ver la película" en vez de "leer el libro" –y también para quienes deseen ambas cosas- existe una charla TEDtalk en la que ambos autores, Schwartz y Sharpe, comentan y extienden muchas de las ideas que aparecen en su artículo, incorporando reflexiones como la siguiente:
"Necesitamos desesperadamente, más allá, o además, de mejores normas y de incentivos razonablemente inteligentes, necesitamos virtud, necesitamos carácter, necesitamos gente que desee hacer lo correcto. Y, en particular, la virtud que más nos hace falta es lo que Aristóteles llamó la sabiduría práctica. La sabiduría práctica es la voluntad moral de hacer lo correcto y la habilidad moral de discernir qué es lo correcto".
REFERENCIAS
Peterson, C., & Seligman, M. E. (2004). Character strengths and virtues: A handbook and classification. Oxford University Press.
Seligman, M. E., Steen, T. A., Park, N., & Peterson, C. (2005). Positive psychology progress. American psychologist, 60(5), 410-421.
Niemiec, R. M. (2013). VIA character strengths: Research and practice (The first 10 years). In Well-being and cultures (pp. 11-29). Springer, Dordrecht.
Schwartz, B., & Sharpe, K. (2006). Practical Wisdom: Aristotle meets Positive Psychology. Journal of Happiness Studies, 7 (3), 377-39
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UNA SESIÓN DE TERAPIA BREVE ESTRATÉGICA.
Imagine el lector que acude, como cliente, a una primera entrevista con una profesional de salud mental. Por teléfono se ha concertado el día y la hora de la entrevista, y la profesional ha invitado a la sesión a todos aquellos miembros de la familia que Ud. considera que pueden ser de ayuda. Ahora están todos en el centro. Está nervioso, preocupado por el problema. Sus familiares también parecen preocupados.
Tras aguardar un momento en la sala de espera, les invitan a pasar a una sala funcional, pero agradable. No hay una gran mesa de despacho, sino una pequeña mesa en el centro de la habitación, y a su alrededor varias sillas.
La psicóloga les saluda y se presenta. Tras ponerse cómodos, hay algo de charla social y parece que el ambiente se distiende y se relaja. La terapeuta se permite alguna broma mientras le dicen sus nombres, sus edades y profesiones.
Tras explicarles el sentido de la entrevista y la forma de trabajo, la psicóloga hace una pequeña ronda, preguntando a todos y cada uno de los presentes en qué les gustaría recibir ayuda. Uds. le describen sucintamente qué es lo que les preocupa. La terapeuta les escucha con atención, y da la impresión de haber entendido cuál es la preocupación de cada uno, pero no pide más detalles sobre la historia del problema. Tras apenas cinco minutos de conversación, hace una pregunta curiosa: "Verán , hemos observado con mucha frecuencia que entre el momento en que una persona o una familia contacta con nosotros para pedir una cita y el momento en que celebramos la primera entrevista ya se producen mejorías. ¿Uds. que mejorías han notado desde que llamaron para pedir esta consulta?"
Ud. no sabe muy bien que responder, porque le parece que la situación está igual de mal que en los últimos años, pero su mujer sí contesta, y describe que los tres últimos días las cosas han estado algo mejor en casa. Su hija también parece haberlo notado, aunque dice que no le ha dado mucha importancia. La terapeuta parece interesarse mucho por estos pequeños cambios. Pregunta sobre ellos a todos Uds., y Ud. mismo recuerda también que el lunes anterior las cosas fueron algo mejor. Poco tiempo después, todos Uds. están comentando las implicaciones de estos cambios, discutiendo acerca de cuál es la mejor forma de mantenerlos en marcha, investigando que es lo que cada uno de Uds. ha puesto de su parte. Incluso su hijo mayor, que parecía como ausente al principio de la sesión, está participando activamente. El tiempo ha pasado volando y llevan ya casi media hora de conversación. Entonces la terapeuta les pide permiso para plantearles una pregunta, según ella,
"un poco extraña", pero útil para terminar de hacerse una idea "de a dónde quieren ir Uds."
"Supongan que esta noche, mientras están durmiendo, sucede una especie de milagro y los problemas que les han traído aquí se terminan de resolver del todo, no como en la vida real, poco a poco y con el esfuerzo de todos, sino de repente, de forma milagrosa. Como están durmiendo no se dan cuenta de que este milagro se produce.
¿Qué cosas van a notar diferentes mañana que les hagan darse cuenta de que esta especie de Milagro se ha producido?" Pues sí que era una pregunta extraña. Pero no es difícil contestarla: el problema habría desaparecido del todo. ¡Ni más ni menos!. La terapeuta asiente:
"¿Cómo va a notar Ud. que el problema ha desaparecido? ¿Qué van a hacer Uds. diferente?". Ud. empieza a describir esa especie de "milagro". La terapeuta sigue muy interesado por lo que le está explicando. "¿Y cómo va a reaccionar su mujer cuando Ud. le diga ....?". Poco a poco, van creando entre todos algo así como una pintura del futuro. Hay cosas que Ud. no se había planteado, cosas nuevas que oye decir a su familia, e incluso algunas que le sorprende a Ud. mismo oírse decir. A veces le cuesta detallar ese futuro sin el problema, pero la terapeuta se muestra paciente y comprensiva, y no insiste cuando alguno se "atasca". Pasa otra media hora, y parece que la entrevista toca a su fin.
Antes de salir, la psicóloga hace un resumen de lo que le han dicho entre todos. Sí, desde luego les ha escuchado con atención. Parece que ya va a levantarse, pero luego da la impresión de que recuerda algo: "Permítanme que les haga una pregunta más...".
("Como Colombo, el detective de la tele", piensa Ud.)"En una escala de 1 a 10, en la que 1 sería el momento en que las cosas estuvieron peor, y 10 el momento en el que los problemas que les han traído aquí están resueltos, es decir, algo así como el día después de esa especie de milagro que me han descrito tan bien... Díganme ¿dónde pondrían esta última semana, de 1 a 10?." Bueno, a Ud. se le dan bien los números. Un cinco. Sí, un cinco.
Es curioso, porque cuando llamó para pedir la consulta veía las cosas mucho más negras. Tienen mejor aspecto ahora. Su hija contesta "cinco", también. Su hijo dice que un tres, pero su mujer incluso dice que ve las cosas en un seis. La psicóloga parece querer aprovechar los últimos minutos de la entrevista: "Dígame, señora, ¿qué cosas entran en ese seis?" Y a Ud. "¿Cuál diría que es el secreto para haber pasado de 1 a 5?". Poco después, la terapeuta abandona la sala unos minutos, "para ordenar mis ideas". Y Ud. aprovecha para fumar un cigarrillo.
Publicación de Navarro Góngora, A. Fuertes y T. Ugidos, ed. Intervención y Prevención en Salud Mental. Salamanca: Amarú, 1999.Doctor en Psicología.Coordinador del Master Universitario de Formación de Terapeutas Sistémicos.
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SECRETO BIEN GUARDADO
¿En qué consiste el éxito de una terapia psicológica?:
¿En el tipo de enfoque utilizado? ¿En el uso de técnicas y dinámicas pertinentes? ¿En la eficacia de ciertas intervenciones verbales? ¿En el modo en que el terapeuta conduce la sesión?
¿Se debe a la trayectoria y reconocimiento de quien dirige e interpela? ¿A la idoneidad del profesional? ¿A la simpatía que provoca quien consulta?
El alma (psique en griego) se despliega de múltiples maneras. Y se esconde, también, de variados modos.
Acceder a una terapia es aceptar que el alma, tarde o temprano, será invitada a salir a escena. Que los múltiples disfraces que utilizamos para enmascararla y ocultarla deberán colgarse en el perchero durante un rato.
Elegir un terapeuta para que oficie de guía mientras dura la sesión, es decirle en voz muy baja: "No me es fácil despojarme de este abrigo, aprendí a caminar toda la vida con él, pero por alguna razón me pesa y quiero saber cómo se siente andar por la vida más liviano."
Desvestirse es un acto íntimo. Desnudarse implica mayor intimidad.
En inglés, intimidad se dice "Intimacy" (Into me see)
Existe intimidad cuando uno es capaz de ver a través de esas capas que abrigan (y muchas veces sofocan) al alma. Que la mantienen prisionera. Que no le permiten desplegarse en toda su dimensión y belleza.
La intimidad no es algo que se produzca de manera voluntaria. No es algo que yo elija hacer. Es, más bien, lo que yo dejo de entorpecer para que suceda. Aquello a lo que decido no ponerle más obstáculos ni estrategias en mí vínculo con el otro. Animarse a ser íntimo es un acto de gran coraje. De entrega. De suma confianza.
En una buena terapia existe intimidad.
Y cuando el vínculo logra derribar los muros de la desconfianza y el temor, la relación que se logra, es sagrada. Y poderosa.
Se establece entonces una conexión profunda y sanadora. Sumamente sanadora. No para uno solo sino para los dos.

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DE POR QUÉ ADMIRAMOS A MILTON ERICKSON
Porque creía que el poder cambiar está latente en cada paciente, y tiene que ser despertado, ayudándolo a reconocerse tal cual es.
Porque propuso y llevó a la práctica la utilización de las anécdotas, dichos, analogías, metáforas… para establecer empatía con un paciente y con los procesos que están o no dentro de su conciencia inmediata.
Porque practicó la comunicación inductiva. El mensaje implícito dentro de una comunicación formal. Por ejemplo, el mensaje a nivel psicológico incluido en una conversación sobre algún tema social.
Porque sabía que el cambio ocurre en un contexto que incluye la comunicación efectiva y que la comunicación efectiva incluye el contexto.
Porque estaba convencido de que el psicoanálisis se adapta a todos los problemas de todas las épocas, pero la psicoterapia es específica para cada persona en particular.
Porque no fue un recolector neutral de datos sino un buscador de soluciones.
Porque su orientación era hacia el futuro. Cuando una meta era conseguida, se proponía una nueva.
Porque no produjo “Ericksonianos ortodoxos”, sino que estimuló avances que se ramificaron en múltiples direcciones, lo cual ilustra elocuentemente su profundo respeto por la libertad e individualidad de sus alumnos y de sus pacientes.
Porque propuso que terapia es todo aquello que cambia la pauta de conducta habitual.
Y porque donde muchos terapeutas han sido entrenados en escuchar, Erickson se entrenó a sí mismo en ser un comunicador para construir la respuesta de su paciente.noviembre 10, 2008 Alejandro Jodorowsky
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