PSICOLOGÍA

               

  PSICOLOGÍA: 

RESPONDIENDO PREGUNTAS


El arte de ser sabio consiste en ignorar con inteligencia


Sabio no es aquel que acumula muchos conocimientos y experiencias. Sino más bien quien sabe utilizar de forma efectiva cada cosa aprendida y, además, sabe ignorar con inteligencia todo aquello que no es útil, que no le permite crecer para avanzar como persona.

Sabiduría es también saber diferenciar el lastre de lo que le ofrece energía. Porque vivir es, al fin y al cabo, economizar y tener claro qué es lo importante.

Ahora bien, parece que la mayoría no aplicamos esta sencilla regla. Según un estudio llevado a cabo por el doctor Daniel Gilber, de la Universidad de Harvard, las personas tenemos una capacidad asombrosa de centrar la atención en cosas “que no están sucediendo”. Nos preocupamos por aspectos que no son importantes minando así nuestra capacidad de ser felices en el “aquí y ahora”.

El arte de saber ignorar con inteligencia no es fácil de aplicar en nuestro día a día. Se debe, sobre todo, a que ignorar supone en muchos casos alejarnos de ciertas situaciones e incluso de personas. Estamos ante un acto de auténtica valentía, que debe venir precedido por un tipo de discriminación meditada.  Reflexionemos sobre ello.

La primera regla de la vida nos indica que la persona más sabia es aquella que sabe ser feliz y que es capaz de eliminar de su existencia todo aquello que le hace daño o que no es útil.


Ignorar con inteligencia es aprender a priorizar

Ser feliz es para muchos un arte donde en un momento dado, se aprende por fin a elegir, a tomar decisiones. Es más, trabajos tan interesantes como el estudio llevado a cabo en la Universidad de psicología de Oviedo por el psicólogo Ignacio Madera, nos explican que este proceso cognitivo es clave para el bienestar y equilibrio personal. 

Para ello, es necesario adquirir una perspectiva no solo más positiva de las cosas, sino también más realista, ahí donde el autoconocimiento y la autoestima siempre serán fundamentales.

Cómo aprender a establecer prioridades

Para aprender a establecer prioridades es necesario dar a cada cosa que nos rodea su auténtico valor. No el que puede tener de manera objetiva, sino el que puede acumular en función de nuestras necesidades y deseos.

Para conseguirlo, debemos atender estas dimensiones.

Si nos cuesta elegir entre lo que es importante y lo que no, es porque tenemos un conflicto interno entre las cosas que queremos y las que sabemos que nos convienen. Además, tenemos miedo a “quedar mal”, “hacer daño” o incluso a actuar de una forma diferente a como esperan los demás si nos atrevemos a romper vínculos.

A mayor nivel de estrés y ansiedad, más nos costará establecer prioridades. Así pues, reflexionemos sobre qué situaciones y qué personas tienen auténtico valor para nosotras en momentos de calma personal, cuando estemos más centrados y relajados.

Pensemos en aquello que es importante para nosotros y no para los demás, sin temer a las críticas ajenas o lo que se pueda pensar por las decisiones que queramos tomar.

Entender que priorizar no es únicamente ignorar con inteligencia lo que nos hace daño. Es por encima de todo, reorganizar nuestra vida para encontrar espacios propios para ser felices.

Ignorar personas también es saludable

Según un interesante trabajo publicado en la revista Livesciencie, las relaciones personales que nos ocasionan estrés o sufrimiento afectan a nuestra salud mental. Experimentamos un aumento de cortisol en sangre y de la presión arterial, hasta el punto de correr el riesgo de sufrir problemas cardíacos severos. No merece la pena.

Aprender a ignorar a quienes no nos aportan nada

No se trata de ir a malas ni de hacer uso de chantajes. Ignorar con inteligencia es un arte que puede llevarse a cabo con elegancia y sin llegar a extremos innecesarios. Para ello, tendremos en cuenta estos puntos sobre los que reflexionar.

No nos preocupemos por lo que no podamos cambiar. Aceptemos, por ejemplo, que ese familiar seguirá teniendo esa actitud cerrada, que mi compañero de trabajo va a ser igual de entrometido. Dejemos de acumular emociones negativas como rabia o frustración y limitémonos  aceptarlos tal y como son.

Ignoremos críticas ajenas mientras aumentamos la  propia confianza. Es muy posible que en el momento en que decidamos poner distancia de quien no nos interesa, aparezcan los reproches. Debemos entender que las críticas no nos definen, las críticas no soy yo. Fortalecer la autoestima y saborear cada paso que damos en libertad lejos de quien nos hace daño, es un triunfo personal.

Cuando la ayuda es un acto interesado, es muy  importante aprender a discriminar los actos de supuesto altruismo. Hay quien nos repite aquello de “yo lo hago todo por ti, para mí eres lo más importante”, cuando en realidad la balanza de esa relación se inclina siempre hacia un lado que no es el nuestro. Nunca existe el equilibrio.

Cuanto más ligero, mejor. En la vida merece la pena contar con “personas” y no acumular “gente”. Así pues, prioricemos  y avancemos ligeros. Ligeros de enfados, rabia, frustraciones y, sobre todo, de personas que lejos de valer la alegría solo valen penas y distancias.

Para concluir, un modo de ganar en bienestar y paz mental es aprendiendo a tomar decisiones más valientes y en armonía con las propias necesidades. Pongámoslo en práctica.

El arte de ser sabio es comprender qué vínculos es mejor dejar de alimentar sin tener ninguna carga de conciencia por haber dicho “no” a quien jamás se preocupó en decirnos “sí”.






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CINCO MANTRAS PARA RECUPERAR EL ÁNIMO Y LA ENERGÍA


Si ahora mismo no estás en tu mejor momento, toma nota de estos mantras para recuperar el ánimo y la energía.


1. “El dolor que siento tiene una razón de ser”
Sentir dolor es una de las características humanas. Si no lo hicieses, no podrías apreciar todo lo bueno que tiene la vida, ni tampoco aprenderías lo difícil que son a veces las cosas, y lo fuerte que debes ser. El dolor tiene una razón de ser: descubrirla, o aprender a convivir con ella es algo que te llevará tiempo, pero debes convencerte de que tarde o temprano lo lograrás.

2. “El miedo es una buena razón para empezar a amar”
Sentir miedo es algo habitual: miedo a lo que no conoces. Miedo a ser lastimada. Miedo a equivocarte. Sin embargo, detrás del miedo hay ilusión, hay ganas, y todo esto puede indicarte que aquello por lo que luchas, que te hace sentirte tan asustada, puede ser algo que realmente valga la pena. Así que, ¡adelante! Que el miedo no te siga manteniendo paralizado ni te haga sentir mal.


3. “Cuando limpio mis pensamientos, limpio también mi vida”
A veces es necesario pasar un tiempo a solas, sin nadie más para entender por qué te afecta de ese modo este mal momento. Entenderte a ti mismo es importante para superarlo. Y una vez superes ese dolor y limpies tus pensamientos más tóxicos, estarás también preparado para mejorar tu vida. Deshacerte de lo malo de tu cabeza es enfrentar la vida con una perspectiva más positiva.

4. “No debo luchar contra el dolor, debo asumirlo”
Luchar contra el dolor es algo realmente peligroso. De hecho, concentrarte en no experimentarlo solo te hará sentir peor. ¿Qué debes hacer entonces en esos malos momentos? Simple. Dejar que pase. Has de sentir ese mal trago y has de experimentarlo. Una vez que haya pasado, sin darle mayor importancia, estarás preparado para poder avanzar y estar mejor que ahora.

5. “Soy única, valgo la pena y decido ser feliz”
Cuando pasas por un momento de debilidad, es probable que te sientas realmente pequeño, que no vales nada. Debes convencerte de todo lo bueno que has hecho, de lo que has logrado, y de las características que te hacen especial. Porque no hay duda de que lo eres. Si no te lo crees hoy, repítelo mañana, y así hasta que logres el efecto que estás buscando. ¡Funciona de verdad!
Fuente: Rincón del Tíbet



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EL EGO  Y MI SER.   REFLEXIONES A MIS ALUMNOS. 


¿Cómo podemos saber que nos relacionamos desde el SER y cómo sabemos  que el EGO nos está boicoteando nuevamente en nuestro desarrollo personal? 

Cuando sentimos que nos alejamos del bienestar, de la paz y de la armonía, aspectos en los que ya hemos conectado anteriormente, entonces debemos entender que el EGO está otra vez intentando manipular, tiranizar y boicotear. Ese es el juego del EGO. 

No debemos frustrarnos por ello ya que es algo habitual, lo importante es darnos cuenta. Para los que empiezan ese camino y también los que ya llevamos tiempo en él, es importante entender que ese EGO quiere sacar el máximo provecho de todo, cosechar resultados, es su ilusión. Sin embargo, los que trabajamos en el SER confiamos más en el proceso inconsciente y en la vida con humildad que en la meta final y lo que hacemos es repensarnos transformando viejas formas de pensar en un nuevo enfoque y perspectiva  cambiando nuestra mentalidad.

En la formación que imparto, algunos alumnos me preguntan si lo están haciendo bien, les digo que sí, pero que no es fácil, esto no es dos más dos igual a cuatro, a veces se retrocede, pero eso es parte del proceso de aprendizaje y no pasa nada, se trata de  como cada uno se gestiona a sí mismo mientras se realiza el proceso y, por supuesto, lo hacen bien, se trata  de detectar cuando el EGO te está sacando de tu centro armónico, tranquilo, relajado y esperanzado y aquí es cuando algunas veces este EGO te habla a través de tus pensamientos disruptivos, repetitivos y te generan perturbación porque te los crees sin tan siquiera cuestionarlos.

Cuando se ha iniciado el camino, las exigencias del EGO ya no son materialistas como antes, ahora tienen un cariz espiritual y oímos que  nos susurra:

 "Debería haber encontrado mi propósito!

 ¿Cómo que no estoy meditando una hora a diario?

¿ Y hoy porqué no he hecho mi clase de yoga?" 

Este es el juego. La conciencia escucha  estos pensamientos que están impregnados de un matiz espiritual. En este momento es mejor pensar que estamos en el viaje en lugar de sentirmos frustrados. No debemos dejarnos manipular por el EGO, porque se trata de un EGO disfrazado de SER. 

¿Cuál es el juego del EGO? 

Pues, ni más ni menos, que hacernos sentir mal, generar insatisfacción y perturbarnos. Si eso lo podemos ver claro sin dejarnos arrastrar por los pensamientos, podremos  detectarlo y centrarnos en nosotros mismos sin culpabilizarnos, porque la sabiduría no pasa por una acumulación de conocimientos y actitudes modélicas, se trata  de ser más conscientes, darnos cuenta de como actúa ese EGO castrador y acusador para alejarnos del bienestar. 

No seremos más felices cuando honremos nuestro propósito o talento sino cuando estemos más en línea con nuestros valores, entonces estaremos más motivados. 

El EGO siempre está cuestionándolo todo, sacándonos del momento presente y nos hace sufrir. Pero al ser conscientes de ello y de que nuestra mente es una fábrica de pensamientos neuróticos y perturbadores que muchas veces se disfrazan de espiritualidad,  eso es ya dar un paso de gigante  en nuestro desarrollo personal.

La pregunta es ¿desde dónde actúo? ¿desde el EGO disfrazado de espiritualidad o desde el SER? Porque muchas personas manifiestan propósito y espiritualidad pero se sienten tensionadas por dentro y no debería ser así porque el SER  es paz y bienestar. 

Así que lo mejor  es dejarnos fluir a través del SER, darnos cuenta del cambio que hemos hecho y seguiremos haciendo, porque esa transformación es un trabajo interno diario, ese camino que hemos elegido no se acaba nunca, no se trata de que he llegado a la cima y ahí me quedo, no, esto es un continuo caminar por la vida donde nos encontraremos con etapas en que estaremos  más descentrados y otras en las que estaremos mejor porque nos daremos cuenta que hemos soltado hábitos y creencias. En  algunas veremos  como lo hemos hecho bien y lo hemos incorporado  y en otras que nos hemos rendido porque somos seres imperfectos, controladores e impulsivos, sin embargo admitir eso nos hace humildes y mejores para continuar el camino. 

A mis alumnos les suelo decir que es mejor equivocarse y aprender que creer ser mejor que nadie. La humildad proporciona más felicidad que la arrogancia y la soberbia ya que éstas suelen hacer estragos en el espíritu. 

Es muy beneficioso admitir  que hay cosas que escapan a nuestro control porque hay tránsitos e historias que van más allá  de lo que somos capaces de entender. Pero siempre  nos queda ese pequeño reducto de supuesto libre albedrío de aceptación. Aceptarme tal como soy aunque sufra, aunque  no haya encontrado mi propósito y aún así estar en paz con ello.

El verdadero sabio es la persona que está conectada con el instante presente, que es lo único que existe y en paz con la realidad tal como es en este momento y desde ahí construir el siguiente instante.

DESARROLLO PERSONAL

Floren Solà. Psicóloga, Logoterapeuta.

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CADA AMOR ES INCOMPARABLE. CADA REENCUENTRO ES EXCLUSIVO, CADA RELACIÓN ES ÚNICA.

                        

Hay teorías para todo, pero las teorías son solo eso, teorías, las personas somos muy complejas y cada persona, cada pareja es un mundo. Esta es la razón por la que cuando buscamos en internet o en redes explicaciones a lo que sentimos muchas veces las teorías y los estudios no reflejan totalmente nuestro sentir.

Encontraremos de todo: cómo volver con tu ex, reglas a seguir para volver con tu ella, cuando tiene sentido y cuando no lo tiene el volver con tu ex, estrategias, complicaciones de volver, pros y contras, olvidar, reemprender, continuar, volver a empezar una antigua relación, como volver a una relación pasada que no debió acabar, etc. Vamos a encontrar miles de artículos porque hay miles de situaciones y nadie nos va a poder decir lo que es mejor para nosotros, porque solo nosotras sabemos lo que queremos, lo que nos conviene y si dudamos o no lo sabemos vamos a tener que descubrirlo solas guiándonos de nuestra experiencia y sobre todo de nuestra intuición.

Y eso cómo lo vamos a poder hacer cuando nuestra vida es un caos. Pues bien, primero vamos a ordenar nuestra vida, eso sí podemos hacerlo. El segundo paso es hacer de la forma más honesta posible un repaso a nuestra historia personal incidiendo en ese periodo en el que estuvimos con esa pareja con la que pretendemos volver. El tercer paso es un análisis de nuestros sentimientos, expectativas y razonamientos, sin olvidar en qué momento estamos y está nuestra expareja, finalmente estableceremos el contacto intentando saber  la situación física, psíquica y emocional de nuestra expareja.

Hemos de tener en cuenta varias cosas que nos van a ayudar. Ser realistas, saber si es una posibilidad real o es una idea fantasiosa. Y siempre tener en cuenta qué es lo que nos separó de esa pareja. Si fue maltrato del tipo que sea, está fuera de lugar volver.

Si quedan sentimientos, volver con una expareja, puede ser una buena opción (fenómeno psicológico conocido por economía sentimental).

Una de las cosas que experimentamos los seres humanos a lo largo del camino por la vida son las rutinas y algunas no son precisamente elegidas: un trabajo monótono, una vivienda que se ha convertido en rutinaria, una ciudad que te lleva una y otra vez a los mismos planes, las mismas atracciones, los mismos lugares, unas compañías monótonas, una pareja que acaba por aburrirnos.  El paso del tiempo trae madurez pero también hastío y sensación de fracaso en muchas personas. Si a eso sumamos esos programas televisivos de telerrealidad, series y películas de ficción románticas o, al contrario, de relaciones tortuosas y además entramos en las redes sociales donde vemos no solo los perfiles de amigos sino también de nuestros ex, ya tenemos el caldo de cultivo para entrar en pensamientos bucle sobre nuestras relaciones pasadas.

A veces nos recreamos en esas exparejas y comenzamos a idealizar situaciones y también a la persona en sí. Ahí nuestra mente se vuelve perezosa en eso de volver a empezar a buscar directa o indirectamente pareja. Y, la pereza es bastante perniciosa ya que puede hacer que no escuchemos esa voz interior que nos advierte del dolor, la tristeza y el daño que nos hicieron. Y las emociones incluso las intensas como el sufrimiento o la tristeza pueden llenar vacíos que nos empujan a volver con parejas que han sido nefastas. Por tanto reconstruir o retomar una relación también puede ser  una tentación o una meta. Estadísticamente las parejas que vuelven a estar juntas y les va bien llega al 50%, así que nos la jugamos.

Veamos ahora en general, sin entrar en la idiosincrasia de cada pareja en particular, las ventajas de ir a una relación anterior frente a entrar en una relación nueva, siempre que aún existan esos sentimientos de amor que nos unieron.

En una relación ya vivida sabemos muy bien donde nos estamos metiendo. Michael McNulty, terapeuta de parejas,  dice que cada relación romántica tiene “diferencias perpetuas”. Estos son puntos de posible conflicto, como navegar en un espacio de vida compartido, el dinero, el sexo, los hijos, los amigos, la familia y otros. estas diferencias perpetuas representan el 69 % de los problemas que enfrentan la mayoría de las parejas en una relación. Por eso que algunas personas puedan querer volver a estar con una pareja anterior o tratar de aguantar con la actual.

Aunque a menudo comenzamos una nueva relación esperando que sea mejor que la anterior, hay que tener cierta cautela. Si estás en una relación y piensas en dejarla, ¡cuidado! porque básicamente estás intercambiando el 69 % de diferencias perpetuas con una pareja con el 69% de diferencias perpetuas para la otra parte.

Por tanto, si vuelves con un ex, al menos ya sabes cuáles serán esas diferencias perpetuas. Entrar en el ritmo de la relación puede parecer menos complicado que conocer a alguien nuevo y empezar de cero.

Otro beneficio de volver con un ex es la facilidad con la que podéis adoptar ciertas rutinas -probablemente ya confías en esa persona aunque sea en el sentido más pragmático.

Al mismo tiempo, este regreso puede hacerte ver lo que has madurado. Con una expareja, obtienes un fotograma de un antes y un después de tu evolución (también de la suya). Una de las razones más comunes para que los ex reinicien su romance es “sentir que han crecido y madurado”. Que entonces no estaban preparados, que la situación no era la idónea, las circunstancias estaban en contra, pero ahora sí es el momento.

 A veces, con la sabiduría de los años y las experiencias en otras relaciones, las personas sienten que tal vez puedan resolver ese obstáculo que en su día fue insalvable o, simplemente, que ya no exista. En la fantasía o en la realidad, nuestras ex parejas también forman parte de nuestra historia, y podemos querer volver a esos lugares y a ese tiempo en los que en un momento fuimos felices.

Volver con una expareja puede tener sus ventajas y desventajas. Lo bueno es que la realidad ha demostrado que una nueva oportunidad, desde la experiencia que nos da el paso de los años, puede ser buena, especialmente si el otro es una buena persona.


«Siempre hay un poco de locura en el amor. Pero siempre hay también un poco de razón en la locura».

-Friedrich Nietzsche-

 

En ese estado de cosas, dar una oportunidad a la otra persona para que te eche de menos es una buena forma de acercamiento, aunque ese acercamiento a veces puede durar mucho tiempo, pero también tenemos que dejar que las cosas sucedan cuando ambas partes están preparadas para ello. Cuando queda mucho amor tras una ruptura se establece el deseo consciente e inconsciente de volver, aún existiendo sentimientos muy potentes de tristeza y sufrimiento. 

El sentimiento más negativo es el miedo y debemos conocerlo puesto que este sentimiento nos bloquea e inmoviliza. Aun así, si una de las partes tiene el impulso casi instintivo de volver, va a tener que sufrir en silencio y dar la oportunidad a la otra parte para que sane sus heridas y pueda ver crecer su amor al tiempo que ve disminuir su miedo. Si hay odio y rabia no queda más opción que esperar a que desaparezcan y no dejarse llevar por la ansiedad sino dar tiempo a la otra persona para sanar. 

Este tiempo es el que va a permitir a las dos partes a percibir la vida sin el otro y va a ser normal que se vayan sucediendo periodos de añoranza mutua. Poco a poco se va fortaleciendo la personalidad, se va madurando y se va asentando ese sentimiento de amor. Si en lugar de moderarte tienes cada vez más desesperación, es hora de replantearte la situación:

¿De verdad es el amor lo que te une a tu ex pareja o más bien se trata de una fuerte dependencia? 

La imposibilidad de vivir sin él o ella son una señal de que está en juego algo más que un gran amor. En cambio, si tras mucho tiempo aún sientes ese amor, en los más o menos largos contactos, si has sabido si era el momento o no, si has renunciado a presionarlo y si has dejado que pueda llenar sus necesidades y tener sus experiencias, ese amor va a ser lo más sólido de tu vida, algo que jamás nada ni nadie podrá romper nunca. Hay una película que refleja muy bien ese tipo de emociones y sentimientos con el paso del tiempo: One Day (Siempre el mismo día) 2011

Así que no mendigues amor. Aprende a estar contigo mismo/a y espera a que esa pareja esté preparada y quiera volver contigo, no importa el tiempo que pase, siempre es mejor estar preparado que quedarse corto. No creas que si le dices cuanto le echas de menos o le reiteras que sin ella no puedes vivir, va a caer en tus brazos, en realidad ocurrirá lo contrario. 

No sobrecargues a tu ex pareja, deja que tenga sus vivencias y realiza también las tuyas, eso os enriquecerá a los dos. Dale una oportunidad y dátela a ti también. Recuerda que cuando se cortó la relación fue porque las cosas no marchaban bien sea en el sentido que sea, cuando queda amor tras esa ruptura es muy probable que se pueda retomar. El tiempo permite, a su vez, percibir la vida sin el otro, vivir experiencias nuevas. 

Al principio habrá dolor, sufrimiento y una fuerte nostalgia. Eso es normal. Con el tiempo esos sentimientos se van apaciguando y queda la nostalgia y ese amor siempre vivo. Mientras va pasando el tiempo fortalécete, dedícate tiempo a ti, cultiva amistades, aprende, vive, quiérete. Y como he apuntado antes, si esto te resulta difícil, observa bien lo que ocurre en tu interior, eso puede ser también una señal de alarma y puede que veas a tu expareja como un apoyo al que no quieres renunciar. 

El amor incondicional consiste en dejar libre a tu ex pareja si es feliz no estando contigo, no lo olvides, no es lo que yo quiero es lo que yo quiero para ti que te haga feliz aunque tenga que renunciar a ti.

Y finalmente haz un análisis exhaustivo  de esa relación que terminó, que fue lo que llevó a la ruptura. Aprovecha la distancia para pensar con tranquilidad. Crece, madura. Examina tus errores y aprende. Haz lo mismo con los de la otra persona y piensa en ello, saca tus propias conclusiones. Al final cuando sientas que estás fuerte y tengas una vida satisfactoria,  puedes buscar el acercamiento o quizá la vida te proporcione ese encuentro. En ese acercamiento valorareis y evaluareis honestamente si hay interés, hablareis a dúo sobre lo que sentís i será el momento de que ese fuego vuelva a prender y arderá, no lo dudes.

Floren Solà    Psicóloga

                                                               

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EL INCONSCIENTE, EL CONSCIENTE  Y EL SUBCONSCIENTE

Carl Gustav Jung decía:

“Hasta que el Inconsciente no se haga consciente, el  Subconsciente seguirá dominando tu vida y tú le llamarás destino”.

A diario nos damos cuenta que en pequeñas cosas de la vida es el inconsciente el que dirige nuestra vida y no tanto la voluntad.

Según Jung el arquetipo sombra se define como el aspecto inconsciente de la personalidad caracterizado por rasgos y actitudes que el consciente no reconoce como propios. El inconsciente lucha por mostrarse pero es reprimido continuamente por el ego. La sombra está formada por energía psíquica reprimida que se proyecta en el exterior. Hay muchas formas de alimentar a la sombra, la más usual es lo que conocemos por “Luchar por ser bueno o buena”.

Todos tenemos una doble historia, la que mostramos y la que ocultamos. Con la primera nos identificamos, la segunda la rechazamos. Es precisamente la historia oculta la que nos hace repetir una y otra vez situaciones, dramas y patrones que nos perjudican. ¿Cómo educamos a nuestros hijos? ¿Cómo creamos proyectos que no llegan a la meta porque nos boicoteamos? o ¿cómo fracasan relaciones al establecerlas con ideas preconcebidas? Vamos a poner algunos ejemplos: Imaginemos que queremos mejorar nuestra economía y queremos ganar más dinero. Para ello nos esforzamos mucho y dirigimos las energías a conseguirlo. Al fin, llega la oportunidad pero el inconsciente nos sabotea porque tenemos unas creencias contrapuestas a un nivel más profundo y que nos dicen que las personas con dinero no son honestas, que el dinero corrompe y trae problemas, mucha infelicidad, que conduce a una ambición desmesurada, que genera envidias. Todas esas ideas opuestas no permanecen en la mente, el inconsciente va a buscar la forma de que no alcancemos ese objetivo porque no queremos ser deshonestos, corruptos e infelices y no queremos sufrir por poseer más dinero. 

Otro ejemplo sería en la educación  de nuestros hijos, la cual queremos  que sea respetuosa con nuevas técnicas y métodos que contemplen la paciencia, la escucha activa, la comprensión y la ecuanimidad, pero nos encontramos que a pesar de la buena voluntad y la convicción de hacerlo bien perdemos los papeles y gritamos, amenazamos y castigamos a nuestros niños repitiendo patrones aprendidos y entonces nos sentimos frustrados. Eso ocurre porque muchas veces tenemos esa creencia inconsciente, que el entorno social nos ha transmitido, de que los niños y niñas que se portan mal, de alguna manera, tienen que ser castigados. Otro ejemplo nos lleva a las relaciones de parejas que queremos que sean unas relaciones donde impere el amor incondicional, la confianza mutua, el respeto y la armonía, pero nuestras creencias aquí tampoco nos acompañan, porque dependiendo de lo que hayamos aprendido y la información acumulada en el inconsciente esto afectará a nuestras relaciones de pareja y a los vínculos. Así, podremos desear tener confianza, pero sin conseguir dominar los celos, proyectando sobre las parejas nuestros miedos no resueltos porque no hemos conseguido alinear el consciente con el inconsciente topándonos directamente con  el fracaso.

Jung contempla la Psique como una unidad de procesos conscientes e inconscientes, en la que encontramos  la personalidad o ego y la sombra como parte oculta. La parte consciente de la Psique ocupa un 5% y la inconsciente un 95%. Y esta parte consciente, muy inferior, va intentando continuamente bloquearnos, controlarnos, nos indica lo que está bien y lo que está mal, lo que hay que hacer, lo que no, las creencias y como interpretar la vida; así vamos creando nuestra sombra que se almacena en  el Inconsciente pero no se queda ahí si no que se va expresando en lo que hacemos. Está en esas reacciones que no acabo de entender y que justifico cuando algo va mal. En esos errores repetidos tantas veces y que parece que nunca aprendo de ellos. Esas discusiones  que siempre acaban con dolor de cabeza y una gran frustración y en esos conflictos en las relaciones que se repiten.  

En realidad el destino es algo que estamos creando continuamente en nuestras vidas. Tomar conciencia de ello y permitir que esa sombra salga, la acepte y la reconozca por doloroso que sea, será lo que me va a permitir cambiar el rumbo de mi vida y mejorarla. La sombra la estamos creando continuamente, el reconocerla y ser consciente de ella al tiempo que vamos trabajando con ella y la vamos aceptando es un trabajo que no acaba mientras seguimos vivos. Al conectar,  aunque sea con un mínimo aspecto de ella, por sutil que sea, adquirimos fuerza, creatividad, inspiración y coherencia lo qual nos permite avanzar mucho mejor en nuestra vida. Como dice el psicólogo Enric Corbera: “Nuestra sombra es una de las fuentes del agua de la vida y por mucho que se intente ocultar, ésta siempre acabará manando.” Esta agua de la vida es la esencia de la espiritualidad en el sentido no religioso, porque una mente que está integrando constantemente su parte oscura con su personalidad, está integrando las dos polaridades, pudiendo sacar la mejor parte para desarrollar sus capacidades espirituales además de las físicas y mentales. Al aceptar nuestra sombra alcanzamos nuestra plenitud.

Volviendo a la reflexión inicial, de que diariamente  nos damos  cuenta que es nuestro inconsciente el que dirige nuestra vida, recordemos, por ejemplo, aquel día que perdimos la paciencia y reaccionamos de forma exagerada delante de unos comentarios  que nos hizo una persona de nuestro entorno. O una frase de un conocido que nos hizo reaccionar de una forma demasiado sumisa. A muchos les inquietan esas reacciones y a otros ni siquiera se percatan de ello. Unos quieren retomar el control y hacen algo al respecto, otros, por el contrario, lo dejan pasar. Pero todos nos tendríamos que dar cuenta de estas situaciones y reacciones y actuar sobre ellas.

El inconsciente familiar –ese arquetipo – acumula experiencias y vivencias de nuestros ancestros, todo lo no dicho, los secretos, los incestos, los hijos no deseados, los abusos, los malos tratos, violaciones, muertes… Nina Canolt, autora  del libro “como reparamos los errores de nuestros antepasados”, nos viene  a decir: “una historia transmitida con una falsa explicación a los familiares, provoca destrozos en el inconsciente de los descendientes.” Por ejemplo, obsesiones e ideas que no se acaban de comprender, conductas compensatorias, sufrimientos, comportamientos que llevan al sufrimiento propio y ajeno y que no acabamos de entender pero que hay un impulso  que llevan a realizarlas. 

Además de la familia la sombra tiene muchos otros senderos, una de las formas que tenemos de compensar las sombras familiares transmitidas es con nuestras parejas y no me refiero solo a las parejas sentimentales, también parejas de socios, compañeros de trabajo, amistades etc. Se llama a esta forma de compensar estas sombras resonancias familiares. Se trata de la información que se ha acumulado en el inconsciente, al final esas alianzas con nuestras parejas, del tipo que sean, serán espejos perfectos de todos los “no dicho” y  de las omisiones que ha habido en nuestras familias. La información que llevamos cada uno resuena en las relaciones que establecemos en nuestras vidas. Por eso es importante prestar atención en lo que vemos en esa persona que nos gusta o en aquella que nos desagrada.

Françoise Dolto, médico y psicoanalista nos dice que “Al final el niño integrará en su inconsciente mucha información que él no va a poder procesar, pero que estará condicionando su forma de vivir.”

Una de las mejores cosas que podemos hacer es tomar conciencia de ello y sanar nuestras relaciones interpersonales para favorecer a nuestros niños.

Reequilibrar  nuestra sombra requiere del consciente y del inconsciente. La sombra reprimida la podemos proyectar en nuestro trabajo, con nuestros amigos, parejas, vecinos, en nuestra cultura, en los nacionalismos  intransigentes, en los activismos exacerbados etc. Utilizamos la sombra para asustar a los niños: “mira que viene el hombre del saco” o peor aún “Si no eres bueno no te querré”.

La sombra cuando se manifiesta suele ser explosiva o tener un efecto desproporcionado ante  una situación dada. Eso nos descoloca porque no llegamos a explicarnos nuestras reacciones. Hay acciones como aguantar inferencias de nuestra pareja, familia u otras personas cercanas que nos obligan a hacer cosas  que no deseamos y todos los “tengo que” “debo de" son expresiones derivadas de ello que nos obligan y nos indican que estamos acumulando sombra. Así como  las historias que  nos contamos a nosotros mismos para justificarnos y además convencernos que sí, sí queríamos hacer tal o cual cosa o no, no queríamos hacerla. Así pues, las soluciones o los conflictos en nuestras vidas pasa por  toma de conciencia de la sombra e integrarla mediante el “no juicio” y la plena aceptación entendiendo que toda experiencia en la vida tiene un sentido y sabiendo honestamente donde quiero estar y que quiero hacer, así como  dejar de buscar culpables fuera de mí. 

Esta es una forma de honrar a nuestros ancestros, respetar nuestra familia y entender nuestras actuaciones. Al no juzgar y comprender que, por ejemplo, otros miembros de la familia actuaron de cierta manera, entendemos el porqué de sus reacciones y acciones según lo que llevaban en sus sombras y tomamos conciencia  de que nuestros antepasados  no supieron o no pudieron hacerlo de otra forma mejor. Sí que es cierto que todos llevamos una carga, pero es nuestra alma la que asume eso y cuando eres consciente de ello empiezas a tener otra visión de las cosas siendo más auténtico y alineado con tu inconsciente. Connie Zweig y Jeremiah Abrams en su libro “Encuentro con la sombra. El poder del lado oscuro de la naturaleza humana”,  nos dice una frase que resume lo anterior: “Probablemente terminaremos sintiéndonos inclinados hacia aquellas personas que compensan nuestras propias carencias y correremos el riesgo de no desarrollarnos por nosotros mismos”.

Muchas veces elegimos una pareja  porque vemos en ella esa manera de ser que a mí me gustaría o que puede realizar cosas que a mí me es muy difícil hacerlas.

Como dice Enric Corbera: “Al esconder nuestra sombra apagamos nuestra luz”. 

Tennessee Williams dijo: “Mata a mis demonios y mis ángeles morirán también" Nosotras nos podemos preguntar: ¿Cuánta sombra hemos llamado destino en nuestra vida?


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BUSCANDO LA FELICIDAD   ¿QUÉ ES LA FELICIDAD?

La felicidad es como una mariposa, cuando más la persigues más huye, pero si vuelves la atención a otras cosas ella viene y suavemente se posa  en tu hombro. La felicidad es una forma de caminar por la vida”.

La felicidad  es difícil de definir, debe experimentarse para conocerla. No hay una única idea que defina la felicidad, ni una guía, ni claves para la felicidad. Podemos hallar estudios que nos den una aproximación a la experiencia del bienestar físico y psicológico pero la felicidad en realidad es un proceso, un camino y se puede experimentar por momentos más o menos largos, más o menos intensos. La felicidad tiene relación con el sentido de nuestra vida. ¿Qué es lo que deseamos?, ¿qué es para cada una de nosotras vivir?, ¿qué nos hace sentir bien, plenos y realizados? ¿A qué le damos valor? Son estas y otras preguntas similares las que nos van a dar la pauta de como ser felices en nuestro andar por la vida. Esto además nos ayudará a encontrar sentido a nuestra vida, a discernir en este mundo que ya perdido  el “norte”  y el sentido, cuál es el nuestro, a donde nos dirigimos, quienes somos, qué estamos haciendo y como nos sentimos con todo ello. Preguntas y respuestas que nos darán la clave de qué es lo que buscamos, acaso son nuevas sensaciones que experimentamos de forma rápida, gratificaciones del momento que enseguida nos dejan un vacío que nos afanamos en volver a llenar. La comida, bebida, el juego, las compras, ¿de eso se trata ser felices?

La verdadera felicidad no puede ser eso tan efímero, esas cosas materiales que una vez las posees deja de tener interés. Esas personas a las que  nos aferramos exigiendo amor cuando no somos capaces de dárnoslo a nosotras mismas y menos de darlo a la otra persona. Decimos “quererla” pero querer algo o a alguien es poseer. Yo quiero una manzana, la quiero para un beneficio propio, saborearla, comerla, nutrirme de ella. Amar es diferente de “querer”, amar no es poseer, amar es entregar y con esa entrega que hace feliz a la otra persona es experimentar esa felicidad. Eso es amor incondicional y ese es el camino a la felicidad. La felicidad es encontrar los auténticos valores personales, esos que nos hacen ser y sentir que somos buenas personas o que nos ayudan a ello. Tener unos principios claros ayuda a clarificar a donde nos dirigimos y entender el mundo en el que estamos y encontrar la felicidad con nuestra forma de vivir, de ayudar a los demás desinteresadamente, de ser coherentes con nosotras mismas. Viktor Frank’l decía que él había encontrado el sentido de su vida ayudando a otros a encontrar el suyo, eso se puede decir que es realización, por tanto, felicidad. La felicidad sin significado caracteriza una vida relativamente superficial, decía Frank’l y este es uno de los signos de nuestro tiempo. Por eso Frank’l nos invitaba a dejar de buscar la felicidad, Hoy parece que sea una obligación el ser felices y ahí están los cientos de libros de autoayuda, las dietas para vernos más bien, decretos y frases prefabricadas de ser felices. Jung dijo que  la felicidad requiere que seamos capaces de mirar primero en nuestro interior. Solo cuando despertamos, solo cuando hacemos consciente lo inconsciente y dejamos atrás las sombras, nos sentimos libres para alcanzar aquello que nos hace felices. Jung hacía referencia a ese proceso mediante el que logramos convertirnos en individuos psicológicos libres, pero unidos en todas nuestras partes. Sin miedos, sin angustias, formando una totalidad donde nada queda en la sombra, ahí donde lo inconsciente se vuelve consciente y tenemos claros nuestros propósitos.

Si pensamos en la vida de personajes como  Oliver Sacks, Jung, Kant, Rilke o Frankl, entendemos por qué todos estos hombres nunca buscaron la felicidad. Buscaron, más bien, algo que le diera sentido a su vida y con ello quedaron para siempre impresos en lo que ninguna catástrofe puede borrar. “Ningún hombre puede vivir sin significado”, dijo Jung alguna vez. Algo realmente grave sucede cuando el ser humano deja de buscar un sentido más grande que sí mismo y se dedica a recibir placer. La búsqueda de sentido implica, desde luego, discusiones, angustia, tristeza y decepción. Pero sin estos mecanismos de duda es difícil trascender o llevar una vida que, aunque no feliz, sea un poco más plena. Si existe un sentido del todo, escribió Frankl, entonces debe haber sentido en el sufrimiento. El ser humano siempre apunta, y está dirigido, a algo o alguien distinto de uno mismo; ya sea un sentido de satisfacer o el conocer a otro ser humano. Entre uno más se olvida de sí mismo –al entregarse a una causa para servir o a otra persona que amar– más humano es.

La eudaimonía o la clave de la felicidad según Carl Jung

Eudaimonía significa tener buena fortuna, riqueza o felicidad. Es un florecimiento interno que según Carl Jung todos deberíamos promover tomando contacto primero con nuestro propio daimon. Se trata de un genio interno, de un arquetipo que guía nuestras pasiones y motivaciones inconscientes, ese que define nuestras esencias y al que deberíamos escuchar más a menudo.

Si hay algo que abunda en exceso en casi cualquier lado (librerías, redes sociales, mensajes impresos en nuestra ropa) es la necesidad de ser felices. No hay anuncio de televisión donde no se nos sugiera que al beber ese refresco o tener ese móvil, experimentaremos nuevas y maravillosas sensaciones. Hay una visión de la felicidad actual que adquiere un tono casi imperativo.

“El carácter del hombre es su daimon”.

-Heráclito-

 

Vivimos una postmodernidad donde esa obligación por ser felices nos lleva muy a menudo a la propia infelicidad. Recordemos, por ejemplo, lo que nos dice el matemático y filósofo Nassim Nicholas Taleb en su libro El cisne negro: las personas aún creemos que todo el mundo está lleno de cisnes blancos, que basta con esforzarse para conseguir lo que uno desea, que las promesas que nos hicieron de niños ser harán un día realidad.

Sin embargo, según Taleb, nuestro mundo es tremendamente complejo. Tanto, que cuando vemos un cisne negro no sabemos cómo reaccionar, nos volvemos vulnerables porque no sabemos gestionar los imprevistos y la incertidumbre. La felicidad, por tanto, nunca podrá hallarse si ponemos la mirada en el exterior. Debemos fortalecer nuestro carácter, nuestro daimon, como diría el propio Carl Jung.

La eudaimonía y la importancia de conocernos a nosotros mismos

Uno de los herederos del legado de Carl Jung fue James Hillman. Este analista junguiano fue uno de los exponentes que más profundizó en el concepto de los arquetipos, y más concretamente, en la ideal del daimon. En su libro The Souls Code nos recuerda la importancia de tomar contacto con ese genio o “demonio” interno para poder construir una vida plena, una felicidad real. Para comprender mejor esta interesante teoría, analicemos con detenimiento lo que nos revela el profesor Hillman en su libro.


¿Qué es un daimon?

Daimon en griego significa demonio. Sin embargo, lejos de tener una atribución negativa o maligna, simboliza en realidad la entidad más elevada del ser humano. En la ética de Aristóteles, daimon era virtud y la sabiduría en su aspecto más práctico.

Carl Jung, por su parte, nos explicó que el daimon habita en nuestro inconsciente. Guía muchos de nuestros actos, nos impulsa, nos susurra ideas, nos inspira y da voz a nuestra intuición. Sin embargo, en la sociedad actual y en el ritmo de vida que llevamos a día de hoy es común alejarnos de esa voz interna.

Una educación orientada a formar personas iguales y un mercado laboral que no valora la originalidad, merma por completo la oportunidad de sacar a la luz este duende interno. Esa entidad está llena de vitalidad, tiene un enorme potencial y clama por liberar su impulso creativo, sin embargo, no siempre nos atrevemos darle su espacio.

El daimon y la eudaimonía: cuestión de valentía

El doctor James Hillman nos sugiere que pocas cosas son tan decisivas como aprender a escuchar a ese espíritu, a esa entidad mágica y colorida que habita en todas nuestras motivaciones. Por ello, nada puede inspirarnos más que esa frase que estaba inscrita en el pronaos del templo de Apolo en Delfos: “conócete a ti mismo”.

Quien deja de poner su mirada en el exterior, en lo que quieren los otros y se inicia por fin en el viaje del autoconocimiento, logrará alcanzar a su daimon.

Ahora bien, abrazar la eudaimonía no siempre es fácil. Porque en ocasiones, el daimon quiere cosas que nuestro entorno no entiende. Tal vez el abogado no quiera ejercer la abogacía, tal vez desee ser artista. Puede a su vez que el artista famoso y acaudalado, ya no quiera crear, puede que su daimon le pida ejercer una labor humanitaria. Puede también que nuestro daimon nos clame mayor independencia, espacios propios y libertades que ahora no nos atrevemos a pedir.

La eudaimonía exige sin duda altas dosis de valentía. Aún más, si nos atrevemos a escuchar a esa voz interior, a ese daimon inquieto y hambriento por hacer cosas, nos someterá a diferentes castigos. Tal y como nos recuerda Carl Jung, si no somos capaces de escuchar las necesidades del daimon, nuestra alma enfermará. Porque ir en contra de nuestros deseos y motivaciones trae la infelicidad.

¿Cómo cultivar la eudaimonía?

Sabemos ya que nada puede ser tan decisivo como favorecer el autoconocimiento. Tomar contacto con nuestros deseos, nuestras esencias, identidades y valores personales es sin duda un modo de abrazar nuestro daimon y de reconocerlo. Sin embargo, no basta con tomar contacto con él, con decirle “sé que estás ahí”. Debemos darle libertad, libertad creativa, libertad de expresión.

Cultivar una auténtica eudaimonía exige hacer cambios, implica dejar a un lado esquemas impuestos desde el exterior y ser capaces de crear nuestra propia realidad. Así, debemos ser a su vez plenamente conscientes de la complejidad de nuestro entorno, ahí donde lo imprevisto, la incertidumbre y las dificultades serán constantes. El daimon quiere cosas, pero para alcanzar la eudaimonía debemos lidiar también con unos escenarios donde no es fácil expresarnos, realizarnos.

En relación a esto mismo nos viene bien recordar lo que Immanuel Kant nos explicó una vez: para ser felices debemos aprender a ser sagaces. Es decir, debemos ser capaces de elegir los medios adecuados para conseguir la mayor cantidad bienestar propio. Queda claro que tal empresa, tal finalidad, no es nada fácil.

Por ello, siempre tenemos a nuestro alcance la terapia Junguiana. Este enfoque terapéutico está orientado precisamente a este fin, a poner a nuestro alcance la eudaimonía, ayudándonos a discernir nuestras singularidades y potencial para alcanzar la felicidad que queremos, la que se ajusta a nosotros mismos.




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 VACIANDO NUESTRA MOCHILA EMOCIONAL

“El arte de vivir implica saber cuando aferrarse y cuando dejar ir”.  Havelock Ellis

 


La metáfora de la mochila cargada a nuestra espalda  alude al significado de un peso subjetivo derivado de la carga emocional y también, por qué no, material.

Estas cargas suelen tener caras, tamaños y significados muy diferentes. Algunas pueden expresarse en forma de conflictos no resueltos, otras a través de heridas mal curadas, etcétera. Lo importante en este caso es que dichas experiencias repercuten en nuestro estado de ánimo y en nuestro modo de enfrentarnos al día a día.

En el mundo actual, la sobrecarga parece ser algo natural, algo con lo que nacemos y debemos aprender a vivir sin dar muestra de disgusto por ello. La necesidad del ahora, de la inmediatez o del nunca, nos tiraniza convirtiéndonos en esclavos de nuestros propios pasos. Resulta curioso como a través del caminar tomamos conciencia de nuestra lentitud al andar y es justo allí, en ese punto muerto, donde tomamos conciencia de que algo nos está arrastrando sin dejarnos avanzar.

A veces ese algo puede ser una persona, una relación tóxica, puede ser también un sentimiento mal gestionado como la culpa, una emoción enquistada con la que no conectamos del todo o por qué no, una falta de autoestima y autoconocimiento. Todas estas experiencias, nos tiñen y transforman, configurando parte de nuestra historia; sin embargo a estas alturas del viaje lo realmente importante es aprender a resolver la siguiente pregunta.

Llevar a cuestas nuestra mochila emocional sin sacar de vez en cuando lo que llevamos dentro genera heridas emocionales que son importantes sanar.

¿Cómo podemos vaciar?

Desde la perspectiva terapéutica, resulta realmente importante que las personas aprendamos a vaciar nuestra propia mochila y así poder proseguir con nuestro viaje sin dañarnos a nosotros mismos y haciendo más confortable nuestra experiencia de vida.

Por complicado que resulte, es importante hacer hueco a nuevas experiencias, que oxigenen nuestra mochila y rompan con anclajes ya pasados y trillados. Durante este proceso de soltar, deberemos dejar ciertos pesos en nuestro camino y será muy habitual a medida que vayamos avanzando que volvamos la vista atrás por la simple inercia de recuperar aquello que tanto tiempo nos acompañó durante nuestro proceso de crecimiento. Pero creedme, esta intención de volver recoger lo que quedó a atrás no es más que vértigo ante lo desconocido, a la incertidumbre y a lo que sucederá.

El acto de vaciar implica un acto de consciencia, de reflexión, de escucha y de reparación, a través de la cual, atendemos a nuestros pesos sin perder las ganas de seguir adelante ni dejar el presente en manos del pasado, ya que soltar no es un simple adiós, más bien un agradecimiento por lo aprendido y por lo que sucedió.

Descarga tu mochila emocional.

Cada uno de nosotros soporta en su espalda el peso de las situaciones vividas en forma de mochila emocional. Su contenido son recuerdos y experiencias de diferentes tamaños que de alguna manera no hemos soltado y quedan reflejados en nuestra piel.

Si no aprendemos a vaciar nuestra mochila de las experiencias tóxicas y negativas, cuanto más tiempo pase, más cargada estará y mayor peso tendremos que soportar, repercutiendo en nuestro estado de ánimo y en nuestras futuras elaciones.

No es lo mismo avanzar con heridas emocionales que se abren y duelen que con heridas que hayan sido sanadas y nos han proporcionado una oportunidad de aprendizaje.

El fantasma de la culpa, la sensación de traición o abandono, las voces críticas, los vacíos de las ausencias o la carga de la frustración conforman entre otras cosas ese peso que nos hace caminar despacio y nos impide disfrutar con plenitud. Son experiencias que nos tiñen y transforman y que configuran parte de nuestra historia. Pero, ¿cómo vaciarnos de ello si llega un momento en el que forma parte de nosotros?

Revisa tu mochila y reflexiona sobre lo que llevas dentro, tanto lo que hayas incorporado tú como lo que hayan depositado otras personas. Tómate tu tiempo. Aunque no puedas verlo, está presente en tu día a día. Ten en cuenta que muchas de tus reacciones tienen que ver con el peso que soportas; para aliviarlo tendrás que aprender a diferenciar entre lo que te ayuda y lo que no. Llevar tu mochila a rebosar es un lastre para cualquier avance que pretendas hacer.

No dejes que tu mochila se sobrecargue hasta llegar al punto de que no puedas casi moverte y la vida, en general, te pese. No pierdas las ganas de seguir adelante ni dejes tu presente a manos del pasado. Tampoco te obsesiones con olvidar, porque el olvido no es amigo de la intención.

Por incómodo y complicado que resulte tienes que sacar lo que llevas dentro, para aprender a crecer con ello en lugar de anclarte. El primer paso consiste en reconocer qué provoca nuestro peso y aceptarlo.

Puede que incluso te inunde un sentimiento de identidad y de apego que te impida, en un principio, deshacerte del peso que conforma tu mochila emocional. Ese vértigo es el miedo enmascarado, fruto de la rutina, te has acostumbrado tanto a esas heridas que si faltan parece que no eres nadie y se origina un vacío. Pero créeme, solo es el temor a la incertidumbre y a lo desconocido: el temor a soltar.

Aprende a vaciarla soltando todo aquello que te tiene preso del pasado y te agota. Acepta tus errores, identifica y conoce tus emociones, dale alas a tus sueños, descubre tus fortalezas, valórate y sobre todo, aprende que crecer es aceptar lo que te pasa y no luchar contra ello.Encuentra una enseñanza en tus vivencias. Recuerda que a veces soltar no es un simple adiós sino un agradecimiento por lo aprendido para seguir avanzando con más sabiduría.

¿Cómo evitar que tu mochila emocional dañe tus relaciones?

Por supuesto cada experiencia vivida nos deja una huella de una u otra manera, tenemos marcas en la piel, pero lo importante y lo que provocará la diferencia es qué hacemos con ellas, las podemos usar para crecer o para justificar lo que no sabemos afrontar y gestionar. En consulta veo, en muchos momentos, cómo una parte de la pareja justifica y defiende sus conductas disfuncionales con los traumas y malas vivencias del pasado, por ejemplo, soy inseguro y te controlo porque en mi pasado me han engañado. No debería ser así, esto lo que muestra es que no se ha hecho un proceso emocional ni la gestión necesaria para pasar del trauma al aprendizaje.

Lo primero que recomiendo a la parte de la pareja que lleve la carga emocional es que revise la mochila y reflexione sobre lo que lleva dentro, aunque no lo creamos gran parte de las reacciones y del estado emocional del día a día tiene que ver con lo que soportamos a nivel emocional. Por incómodo y complicado que resulte se debe analizar qué hay dentro y aprender a aceptarlo, ese es el primer paso, pero hacen falta dos más.

El segundo es aprender a vaciar la mochila soltando todo el peso del pasado, aceptar los errores, identificar las emociones y buscar el camino para resolverlas, muchas veces hace falta un apoyo externo para superar las vivencias negativas, un psicólogo.

Y el tercer paso es compartirlas con la persona que te acompaña, tu pareja. Ésta también tiene derecho a ser consciente de lo que puede afectar y/o condicionar la relación. No acostumbramos a tener presente que el pasado y el cómo lo tengamos ubicado afecta el ahora.

Pero es importante también el papel que adopte la pareja, puede ser un apoyo, sí,  pero no debe encargarse ni responsabilizarse de ello porque ahí empieza la toxicidad. Cuando la pareja coge el trabajo emocional del otro, se hace responsable y asume un papel de educador, maestro o psicólogo que no le toca, genera una dinámica disfuncional en la relación.

En definitiva se trata de soltar y eso nos cuesta. A veces, ciertamente las circunstancias que no elegimos no nos ayudan a soltar lo que nos daña. Sin embargo, podemos tratar de asumir ciertas incomodidades sin caer en sufrimientos añadidos. Y para ello deberemos elegir dónde colocar nuestra mirada, darnos otras explicaciones. Esto significa, hacerse nuevas preguntas, fijarnos en nuevos detalles y cambiar algunos hábitos. Cuánto más vacía esté la mochila más fácil resultará. Otro elemento importante que nos impide soltar lo que nos daña es empecinarnos en que algo salga tal como lo habíamos planeado, que encaje en nuestros esquemas de la forma que lo habíamos imaginado. Entre lo que imaginamos y lo que sucede existe un gran abanico de posibilidades. 

La vida, es pues, un continuo flujo de cosas, relaciones y situaciones. Todo va y viene en una constante oportunidad de mejorar y prosperar. Si queremos tener una vida más rica y próspera con nuevas oportunidades debemos crear espacio en nuestro corazón y en nuestra mente, limpiando y sanando para que lleguen esos cambios deseados y también para pasar página, cerrar círculos o terminar etapas. Eso nos va a permitir, si lo hacemos bien, terminar con viejas creencias del pasado. Solo una actitud más abierta, amorosa y más lúcida hacia nosotros mismos, puede ayudarnos a identificar lo que ya no nos sirve. Elegir darnos tiempo en lugar de criticar, juzgar o exigirnos siempre, es la única forma de realizar verdaderos cambios en nuestra vida. Nos convertimos en lo que pensamos y hacemos . La impaciencia y el perfeccionismo solo crean obstáculos y sensaciones desagradables de que una no vale y de que algo nunca llegará, dándo así razón al pasado.  Aferrarse así al pasado por miedo  a no saber quien somos sin la mirada o la aprobación del otro o por temos a tener que reconstruir-se sin otro modelo que el nuestro despues de habernos abandonado tanto tiempo, es ponerse piedras en el camino impidiendo que el flujo natural de todo lo bueno fluya y podamos vivienciarlo. Es una forma de estancarnos, bloquearnos e impedir que lo que más nos llena y hace felices se pueda producir. 

Vamos pues, por todas esas razones y otras muchas a descargar nuestra mochila. 

Fuentes: La mente es maravillosa. Taller de Psicologia de la vida cotidiana. Foto: Gabinete Psicologico Puente



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 EL CORAZÓN TIENE RAZONES  QUE LA RAZÓN IGNORA

El corazón tiene razones que la razón ignora. Blaise Pascal


El corazón es a menudo más fuerte que la razón. Las razones del corazón no son siempre racionales, las ganas y el deseo, la razón las ignora.

Además, ¿por qué  ser razonable en el amor, por ejemplo?

A veces es difícil comprender la atracción que podemos sentir por una persona y entender  porque hacemos cosas contra natura por otra persona. Porque el corazón no escucha a la razón. Es así de sencillo (y complicado). Sin embargo el paso del tiempo, el mayor conocimiento de la otra persona, el formarse una nueva imagen de ella permite eliminar la atracción, la fantasía y es esa nueva realidad la que hace que el corazón y la razón remen al mismo compás. Así pueden pasar los años hasta  que nos damos cuenta que aquello que en un momento nos sirvió, hoy ya no funciona de la misma manera. Nos damos cuenta que nos habíamos congelado en el paradigma.

Se trata de ver la vida con otra mirada, para lo cual deberemos retroceder  al paradigma original, ya sea mental o emocional, porque sólo desde la verdad que hallemos podremos sanarnos.

Eso, evidentemente,  no es fácil porque vamos  a encontrarnos en un juego de emociones y racionalidades intenso, fuerte. En todo caso será un proceso incómodo en el que tendremos que utilizar potentes herramientas desde la emoción y desde la razón para restablecer el equilibrio.

“Acéptate tal como eres y habrás silenciado al más severo de los jueces. “

Aquí es donde trabajaremos con la autoestima y el autocuidado. Entender lo que somos y cómo somos, potenciar el amor hacia uno mismo. Aceptar lo que somos entendiendo  que ninguna persona es mejor que otra en una relación, entender que somos diferentes y cada uno tenemos nuestras fortalezas y debilidades. No buscar cambiar lo que somos –nuestro paradigma real- aunque sí que podemos  incorporar nuevas herramientas con las que potenciar las facetas que deseemos. La autorregulación incorporada a través de prácticas como el yoga y la meditación, junto con el acompañamiento de la psicoterapia, son prácticas muy eficaces para llevar con éxito estos tipos de procesos de integración del Yo interno. Este yo integrado toma decisiones y regula nuestras emociones basándose en lo que nuestro corazón (el yo emotivo)  nuestras vísceras (el yo  sensorial e intuitivo) y nuestra mente (el yo cognitivo y neuropsicológico) nos dicen, de común acuerdo, que es cierto. Cuando se halla incorporado un conocimiento integrado y sutil del yo, se es capaz de vivir tanto intuitivamente como a partir de los conocimientos de que al cabo de los años hemos ido haciendo acopio. A esta integración de nuestras personalidades emotiva y racional se entiende en términos de “mente llena de sabiduría”, de esta forma, una mente sabia agrega el conocimiento intuitivo y el análisis  lógico a la experiencia emocional.

“Sabiduría no es acumulación de hechos, nombres o información. Sabiduría es la transformación que conseguimos en nuestro espacio interior.”

Por eso acabaré diciendo desde mi perspectiva de psicóloga, que ante algo crucial, como puede ser la elección de una carrera universitaria o un trabajo, debe primar la cabeza, pero y aquí vine el quid de la cuestión, no hay que olvidar que el corazón es el primero que guía las decisiones. Y es que, a veces es muy difícil dejar de lado nuestro corazón, ¿verdad?

 





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CON LA EDAD SABES LO QUE QUIERES Y LO QUE NO QUIERES




La edad nos vuelve más selectivas y hábiles  a la hora de aplicar filtros protectores.  Así van decayendo miedos, inseguridades y aprendemos a priorizar nuestras necesidades.  Madurar es aprender de nuestro pasado, saber lo que queremos y luchar por ello.

“La edad es un tema de la mente sobre la materia: si no te importa no importa”

Con la edad seleccionamos nuestras amistades, ya no es importante el número sino la calidad:
“Pocos y buenos”. 

También hemos aprendido que el número de relaciones sociales no se correlaciona directamente con la felicidad, es la calidad de las mismas lo que nos confiere autentico bienestar, equilibrio personal y satisfacción que nos permite, a su vez, ganar en sabiduría.  A medida que maduramos  el número de relaciones sociales decae para reducirse a un círculo más pequeño y sólido. Y con esto se favorece una verdadera salud mental.
Por otra parte ganar en años no significa obligatoriamente ganar en sabiduría, equilibrio y templanza, los patrones de personalidad evolucionan, no hay duda, pero parten casi siempre de un mismo sustrato. Una persona poco receptiva y de mentalidad rígida, acostumbrada a ver el mundo con el filtro de la negatividad, no va a experimentar una  revolución interior con sólo soplar más velas en su pastel de cumpleaños.

La madurez física y la madurez psicológica no son lo mismo. 

Aristóteles sostenía que en todo rasgo de carácter hay un exceso, una carencia o una virtud que nos habrá de acompañar a medida que maduremos. Sin embargo, solo quien es capaz de practicar la bondad y el autoconocimiento gozaba, según el filósofo griego, de esa virtud con la que uno mismo será capaz conectar con la auténtica felicidad al saber qué es lo prioritario.
Es decir, dependiendo como me perciba a mí misma, seré capaz de entender el mundo que me rodea. Si soy una persona tacaña percibiré a las personas generosas como derrochadoras. El defecto  en mi carácter desvía mi percepción intelectual y emocional.
Pero al practicar  ese autoconocimiento donde la bondad y el respeto son esenciales, se aplica un filtro mental adecuado para  buscar y rodearse sólo de aquello que armoniza con esos principios.

Rodearnos de personas nobles, auténticas y enriquecedoras nos facilita una mejor salud mental y emocional. 

Llegar al conocimiento de saber quién eres y lo que quieres, no es egoísmo. La vida se compone de momentos, personas y experiencias encadenadas como perlas de un collar, por eso es importante ser selectivas y dar valor a ese collar brillante e intenso. Y recordemos que ser selectivas no significa ser egoístas.

Así que ganar en edad tiene muchas ventajas  siempre que tengamos una mente abierta e intuitiva que sepa sacar las conclusiones adecuadas de las propias vivencias. Nos daremos cuenta que  de que sobran cosas, de que nuestro equipaje  personal arrastra demasiado peso y deberemos vaciar en parte esa maleta para  continuar nuestro viaje por una vida feliz y plena.

Madurar es aprender a aplicar filtros  psicológicos y emocionales dejando ciertas amistades, relaciones, costumbres y determinados entornos y, esto no es pecar de soberbia, al contrario, es practicar un fabuloso mecanismo de supervivencia.

Una vida de calidad pasa por restar personas, situaciones y actividades, seleccionando y quedándonos  con lo que nos hace realmente felices para seguir respirando en paz, creciendo y madurando.

Alguien dijo que el secreto de una vida feliz no está en correr muy rápido ni en subir muy alto, está en saber saltar, sortear obstáculos y altibajos, en encontrar refugio e inspiración en esas rocas del rio de nuestras vidas donde se hallan los rincones más  hermosos, sólidos y relucientes.  
"Sólo se vive una vez y si lo haces bien, será suficiente" 
Mae west.

Fuente: La mente es maravillosa.




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      DE RELACIONES Y EMOCIONES

L  Las relaciones, las emociones, los sentimientos, el amor…En este artículo os voy a hablar de las relaciones sentimentales, el dolor emocional de la ruptura, los vínculos y el apego. Vamos a tratar conceptos como la finalización de una relación, el recurso de contacto cero, el aprendizaje de estar solos tras una separación, amarnos para amar, el amor incondicional y cómo desarrollar un apego seguro.

FINAL DE UNA RELACIÓN PERO NO FINAL DE DEJAR DE PENSAR EN ELLA


Algunos se centran en su trabajo, otros inician a la desesperada una nueva relación. Sin embargo, nada de esto les permite dejar de pensar en su expareja, en esa persona que les dejó y que sigue ocupando espacios en la mente y en el corazón. ¿A qué se debe?

¿Por qué no puedo dejar de pensar en mi expareja? Ha pasado un mes, seis meses e incluso un año y la mente sigue adherida a esa persona, a esa relación fallida que de algún modo condiciona nuestro presente. ¿Por qué ocurre? ¿Qué tipo de mecanismo psicológico es el que nos impide poder pasar de página y avanzar?

Nos encantaría disponer de un botón que nos permitiera borrar a voluntad el sufrimiento e incluso ciertos recuerdos. Sería perfecto poder oprimirlo para lograr, al menos, bajar la intensidad del recuerdo e impedir que esa persona deje de ocupar nuestro pensamiento de manera tan invasiva, dolorosa… Porque hay amores que se anclan al cerebro y dan paso a estados obsesivos y desgastantes.

Todos conocemos o hemos vivido esa sensación en la que alguien es incapaz de dejar del todo una relación. Los mensajes siguen enviándose, anhelando una respuesta; un “visto”, al menos. La persona, incapaz de aceptar la situación, continúa revisando las redes sociales del otro a diario, padeciendo ante cada foto al ver cómo la expareja sigue con su vida, iniciando incluso nuevas relaciones.

“Ayúdame a dejar de pensar en mi expareja”. Muchas personas acuden a terapia psicológica con esta necesidad y lo hacen, eso sí, conscientes de que han llegado a un extremo de elevado desgaste y de obsesión.

Son situaciones en las que cuesta incluso desenvolverse con normalidad en casi cualquier área de la vida. A veces, el recuerdo de esa ruptura imposibilita poder trabajar, disfrutar de instantes de ocio y pensar en proyectos futuros.

Hay quien intenta desviar la atención con nuevas prácticas, con el deporte, con algún curso de autoayuda. Otros inician una relación en un vano intento por olvidar. Asimismo, también hay quien deriva en el consumo del alcohol, las drogas u otro tipo de comportamiento igual de peligroso. Todo ello nos da ya una pista de la respuesta a ese “¿por qué no puedo dejar de pensar en mi expareja?”.

Estas situaciones presentan el mismo mecanismo psicológico que el de una adicción. El cerebro orquesta la misma mecánica que quien no puede dejar el tabaco o entra a diario en una casa de apuestas… Lo analizamos.

El amor es a veces como una máquina tragaperras

La metáfora es poco poética, pero aun así ilustrativa. Hay amores que se convierten en obsesión y que nos hacen actuar como el adicto que acude a diario a una máquina tragaperras. Así, una de las causas por las que no se puede dejar de pensar en esa expareja se debe al circuito de recompensa cerebral de la dopamina.

Cuando estamos con nuestra pareja y todo va bien los niveles de este neurotransmisor están estables. Nos sentimos satisfechos, experimentamos seguridad, placer y bienestar. Ahora bien, cuando se produce la ruptura se reduce drásticamente la producción de dopamina y norepinefrina y entonces surge la alarma, la desesperación y el síndrome de abstinencia.

Lo que debemos hacer para acabar con esa “adicción” es alejarnos, romper el contacto, dejar de revisar sus redes sociales, borrar su número de nuestro móvil. Mientras más nos expongamos o busquemos modos de acercarnos a nuestra expareja, más reforzaremos la adicción, el síndrome de abstinencia y, por tanto, el sufrimiento.

La ansiedad por separación: ¡ahora te quiero mucho más!

La antropóloga Helen Fisher lleva décadas estudiando todo lo relativo a la mecánica del amor y también del desamor. Algo que nos indica al respecto de la eterna cuestión de por qué no podemos dejar de pensar en esa  expareja es que surge un nuevo fenómeno al que ha llamado “atracción por frustración”. Veamos a qué se refiere.

Atracción por desamor, podríamos decir que son situaciones en las que la separación y la ruptura despiertan no solo esa obsesión antes citada. Lo que se da también es una idealización de lo perdido y una mayor necesidad de apego, es más una añoranza a lo que significaba es el modelo de pareja ideal. La propia Helen Fisher lo describe del siguiente modo: “la ansiedad por separación es como un cachorro alejado de su madre: corre en círculos, ladra y gime”.

Por otro lado, estudios como los realizados en la Universidad de Graz (Austria) nos dicen que este hecho se da más en los hombres. Ellos son quienes siguen viendo a sus exparejas de manera positiva y conciben incluso que es posible retomar la relación. Las mujeres, por término medio, suelen centrarse en los aspectos más negativos para reafirmarse en la distancia y en el fin de ese vínculo, aunque por supuesto no podemos generalizar.

¿Qué podemos hacer ante estas situaciones?

Lo más adecuado cuando dejamos una relación es racionalizar de la forma más objetiva posible sobre las causas que la han motivado. De este modo, si nos han abandonado, si la otra persona ha decidido poner fin es que ya no somos amados y esto es algo que debemos asumir lo antes posible.

El dolor emocional y el por qué no puedo dejar de pensar en mi expareja

Ethan Ross, profesor de la Universidad de Michigan, realizó una investigación en la que demostró que el cerebro interpreta el rechazo social y la ruptura de la pareja del mismo modo que una quemadura. Es decir, el dolor emocional que sufrimos es similar al dolor físico. Esto explica también por qué nos cuesta tanto pasar página y dejar de pensar en nuestra expareja.

El apego, los recuerdos del pasado y la imposibilidad de asumir la realidad alimentan esos estados en los que el dolor, lejos de aliviarse día a día, se “inflama” más.

¿Qué podemos hacer?

Toda ruptura importante necesita pasar por un duelo. Una etapa en la que dejar espacio al sufrimiento, al dolor y luego desahogarlo. La aceptación es ese paso en el que nos desapegamos de los recuerdos para crear unos nuevos. Damos paso a una nueva etapa con nuevos planes y nuevas metas, esa es la mejor opción tras una ruptura.

CONTACTO CERO: CLAVES

La regla del contacto cero tiene como objetivo dejar atrás y para siempre un vínculo afectivo. Para ello, es clave no llamar, enviar mensajes o revistar sus redes sociales. Esta será la estrategia más efectiva para poder seguir adelante con mayor dignidad.

Creo importante aquí hacer una aclaración. Hay quien opta por el «contacto cero» como forma temporal de castigo y también para llamar la atención del otro. No es lo adecuado. La manipulación nunca surte efecto y es un acto de total inmadurez. Si elegimos restringir el contacto, debe ser un recurso para nosotros y probablemente para siempre y esto debe acompañarse de una adecuada preparación mental.

Hay que manejar la necesidad de enviar mensajes, audios y de hacer llamadas. Más relevante aún: dejar a alguien significa también no situar la mente en lo que esa persona puede estar haciendo o con quien esté. Esto implica, obligatoriamente, no caer en la tentación de vigilar a la expareja por redes sociales.

La regla de contacto cero es una herramienta de apoyo mental para nosotros mismos. Nos permite ir deshabituándonos del vínculo de alguien que, hasta no hace mucho, fue importante en nuestra vida.

Cumplir la regla de contacto cero implica ver este recurso como una estrategia de desintoxicación. El objetivo no es otro que acabar con la dependencia emocional aún latente hacia la expareja. Al fin y al cabo, dejar canales abiertos de comunicación siempre nos hará caer en la tentación de saber del otro. Y lo que es peor, avivar sentimientos que ya no tienen sentido ni cabida.

Lo más decisivo en estas situaciones es favorecer un adecuado control de los impulsos. Así, algunos trabajos de investigación, como los realizados en la Universidad Deusto , señalan esto mismo. El gran problema de las relaciones dependientes es precisamente el apego insano y la conducta impulsiva. Son dimensiones que dificultan una ruptura definitiva.

Casi sin darnos cuenta, caemos en esos vínculos que se estiran, que son de ida y vuelta, pero que nunca terminan de romperse del todo. Caer en este tipo situaciones solo incrementa el sufrimiento. Por ello, es recomendable seguir unas adecuadas estrategias, las cuales partirán siempre del necesario «contacto cero».

Veamos cómo aplicarlo.

1. Evitar confusiones emocionales: una ruptura es un punto final

Hay personas que rompen una relación sin clarificar lo que ello supone. Si nuestro objetivo es dejar un vínculo que nos genera infelicidad, es necesario tener mentalmente claras unas ideas.

Una ruptura es un final y en esa decisión no caben los puntos suspensivos ni los paréntesis.

Mentalicémonos de aquello que necesitamos: tranquilidad, equilibro y bienestar psicológico. Retomar esa relación sería un gran error y, por tanto, debemos cumplir ese propósito.

La otra persona también debe tener claro el final. Para evitar confusiones emocionales evitaremos también «quedar como amigos».

2. Informar al entorno de que hemos dejado esa relación

Familia, amigos, compañeros de trabajo… Es recomendable que todo nuestro entorno social conozca nuestra ruptura y la respete.

Eso significa también que se evitarán comentarios como “he visto a tu ex con otra pareja en tal sitio” o “tu ex va por ahí muy triste y echándote de menos”. O, más aún, nadie debe actuar de intermediario para traernos mensajes de esa persona con quien ya no deseamos tener contacto.

3. Borrar a la expareja de las redes sociales

En la actualidad, la mayoría tenemos una vida social y una vida digital. Es imprescindible que eliminemos a esa persona de todo ese universo digital de las redes sociales. También de los contactos de nuestro móvil. Así evitaremos la tentación no solo de saber del otro, sino también de ver retazos de vida a través de las fotos que publica.

Cuando sintamos la necesidad de contactar con nuestra expareja, busquemos otras fuentes de dopamina que atraigan la atención de nuestro cerebro. 

4. Controlar los impulsos por contactar con la expareja

A la hora de cumplir la regla de no contacto o contacto cero, podemos pensar en nuestra mente como en la de un adicto: sentimos una necesidad compulsiva por contactar con esa persona.

Una parte de nosotros se obsesiona en ojear su perfil de Instagram, en saber si está en línea en el WhatsApp... Nuestro cerebro necesita esa dosis de dopamina a la que está habituado y, por ello, cuesta tanto alejarnos por completo.

¿Qué hacer en esas situaciones?

Acepta tus sentimientos: tras una ruptura es normal sentir tristeza, nostalgia, desconcierto y hasta rabia.

Sopesa lo que sucederá si contactas de nuevo con esa persona: un subidón temporal de felicidad que terminará de nuevo en sufrimiento, pérdida de la dignidad y más desgaste psicológico.

Busca otras fuentes de dopamina que eleven tu bienestar e ilusiones. Inicia nuevos proyectos, conoce a más gente, descubre otras aficiones…

Desviar la atención de tu móvil evitará la tentación de contactar con tu expareja.

Para cumplir la regla de no contacto no dudes en apoyarte en buenos amigos. Cada vez que sientas la necesidad de enviar un mensaje a tu expareja, llama a ese amigo con quien puedes hablar de lo que sientes y necesitas.

5. Redescubrir fuentes olvidadas de felicidad

Hay relaciones en las que el amor se convierte en obsesión. Nos volvemos ciegos y solo vemos a la otra persona, orbitamos alrededor de una figura hiriente que todo lo nubla. El tiempo pasado en ese vínculo es tiempo perdido, un tiempo valioso que hemos dejado de invertir en nuestra felicidad.

Tengámoslo claro, si seguimos las claves para cumplir la regla de no contacto, descubriremos algo. A medida que pasen los días, lograremos un mayor control sobre nuestras vidas.

La dependencia y la obsesión por estar cerca de quien nos hace daño disminuirá. Solo entonces descubriremos esas fuentes de felicidad que habíamos olvidado. Esas en las que se inscribía nuestra auténtica esencia como persona.

Hagámoslo, el contacto cero puede costar al inicio, pero es altamente beneficioso.

 Aprender a estar sola tras una ruptura



Aprender a convivir con la soledad es necesario para reconstruirnos, sanar y mejorar; y, sobre todo, para que la elección de nuestra próxima pareja sea una decisión y no una necesidad.

Claves para aprender a estar sola tras una ruptura

Si sientes que estar sola es una experiencia atemorizante, un sinónimo de fracaso o de carencia, estás experimentando unas sensaciones muy comunes. Muchas personas permanecen en relaciones infelices y dañinas por miedo a la soledad; otras pasan de un vínculo a otro como saltando entre lianas. Cualquier cosa antes que enfrentarse a la ausencia de compañía.

Si en este momento tu relación de pareja ha terminado y estás decidida a darte un tiempo propio, a invertir en ti, te doy algunas ideas para sacar provecho de esta etapa.

1. Toma conciencia de la importancia de la soledad

Este primer paso es fundamental. Has de tener claro por qué merece la pena tomarse un tiempo en soledad pues, de lo contrario, ante el primer miedo o contratiempo correrás a buscar fuera lo que debería provenir de adentro.

Recuerda que estar sola te permite descubrirte o redescubrirte, conocerte y mejorar la relación contigo. Te permite invertir en ti el tiempo, la dedicación y la energía que le brindabas al otro y, ante todo, te ayuda a crecer y evolucionar personalmente.

2. Refuerza tu amor propio

Cuando una relación termina, perdemos nuestra principal fuente de amor, apoyo, comprensión y validación. Por ende, y para que el vacío no nos desborde, hemos de aprender a llenarlo por nosotras mismas. Si te cuesta estar sola, probablemente no tengas una autoestima sólida, quizá no te consideres valiosa, digna o suficiente.

Este es el momento ideal para comenzar a hablarte y tratarte con amor, a acompañarte con compasión y respeto, a procurarte las mejores personas y experiencias. Piensa en todo lo que fuiste capaz de hacer por la persona que amabas… ahora hazlo contigo.

3. Retoma tus proyectos y diseña otros nuevos

Sin quererlo, y muchas veces sin darnos cuenta, cuando estamos en una relación terminamos dejando a un lado nuestros intereses, aficiones y proyectos personales. Nuestra atención y nuestro esfuerzo se centran en el compañero y casi olvidamos quienes somos.

Ahora, tras la ruptura, puedes retomar aquellas actividades que tanto disfrutabas y abandonaste, puedes recuperar los sueños, los proyectos y las ilusiones que tenías a nivel individual. Incluso, puede ser un excelente momento para proyectar nuevos planes y metas de cara al  futuro.

4. Trabaja tus miedos

Para aprender a estar sola y, esta es una condición indispensable, has de reconocer tus miedos, aceptarlos y trabajar en ellos para que no te dominen. Como te he dicho, la sociedad está hecha para las parejas y este estado civil se premia y refuerza externamente. Esto nos lleva a pensar que estando solteros estamos incompletos, incluso que somos defectuosos o estamos fracasando.

Así, puede aparecer el miedo al rechazo, a la vergüenza, a que los otros piensen que no somos válidos. Por otro lado, pueden sumarse otros temores como el miedo a no volver a disfrutar de una relación de pareja.

Si no logras racionalizar estos pensamientos, podrías convivir con una inquietud tan grande que te lleve a volver con tu expareja o vincularte con la primera persona con la que pienses que es factible. Esto solo causará malestar a largo plazo; por ello, trabaja tus miedos, y conservarás buena parte de tu libertad.

5. Ocúpate de ti

Durante las primeras semanas o meses tras la ruptura es posible que tu mente piense de manera constante en quien fue tu pareja, en los momentos compartidos, en lo que ya nunca será. Recogernos alrededor de estos pensamientos puede resultar muy doloroso, dañino y la mejor estrategia para evitarlo es ocuparte de ti.

Comienza a cuidarte a nivel físico, mental y espiritual. Puedes comenzar a practicar ejercicio, mejorar tu alimentación o tu cuidado personal; puedes empezar a meditar, a escribir un diario terapéutico o a pasar tiempo con las personas que te quieren y te hacen sentir bien. Ahora, tú debes ser tu prioridad más que nunca.

6. Haz de tu vida una experiencia extraordinaria

Por último, recuerda que todo es pasajero y que volverás a amar. Y por haberte dado este tiempo para sanar, podrás hacerlo de un modo más sano, más auténtico y más libre. Sin embargo, tu vida no debe quedar en pausa hasta que aparezca esa persona que vuelva a tocar tu corazón, si es eso lo que buscas.

Por el contrario, este periodo es ideal para que te enfoques en construir una vida tan rica, interesante y próspera que quien entre en ella lo haga por méritos propios, para compartir y sumar, y no para llenar vacíos.

Así, céntrate en tus metas, en tu carrera profesional, en tu salud y tu bienestar, en tu propia felicidad. Cuando esta etapa de tu vida termine, la recordarás como un maravilloso punto de inflexión, como el impulso que te llevó a convertirte en una persona más fuerte y feliz. Y es que, en realidad, aprender a estar sola es un valioso recurso.

Recurrir al amor incondicional para superar una ruptura


¿Crees que lo normal es sentir odio, rabia o rencor hacia una expareja? Te voy a contar por qué el amor incondicional es el camino más saludable para superar una ruptura.

¿Crees que sabes amar? Seguramente tu respuesta haya sido afirmativa. Hay muchas personas en tu vida con las que mantienes o has mantenido un vínculo afectivo: tus padres, tus hermanos, tus amigos, tus hijos si los tienes, tu pareja o tus exparejas.

Todos pensamos que amamos, hasta que nos enfrentamos a una pérdida y nos topamos con una realidad bien diferente: nuestro afecto tiene condiciones. Por ello, en estas líneas quiero explicarte cómo recurrir al amor incondicional para superar una ruptura.

Tal vez nunca habrías imaginado que sea precisamente el amor lo que puede ayudarte a superar una pérdida afectiva.

Cuando una relación se termina, sentimos que son la ira y el rencor las emociones que pueden motivarnos a seguir adelante sin esa persona. Quizá incluso contemplemos la tristeza o la indiferencia como alternativas. Sin embargo, el amor incondicional es el camino más directo y más saludable hacia la superación de esta situación.

Tu amor tiene condiciones

El fin de una relación de pareja es especialmente doloroso para la persona que es dejada, pero también para la que deja, por supuesto. La sensación de indefensión y la falta de control sobre la situación agravan el malestar emocional que surge ante la ruptura. Pero incluso si has sido tú quien ha decidido finalizar el vínculo, esto puede hacerte sentir devastado.

Los sentimientos de enfado, odio y rencor hacia la otra persona pueden acumularse a cada segundo. Te sientes traicionado, abandonado o engañado. Aquella persona que prometió quererte, acompañarte y trabajar contigo en vuestro vínculo ha faltado a su palabra y ahora solo puedes sentir rechazo hacia ella.

¿Qué ha ocurrido en tu interior? ¿Cómo es posible que todo ese afecto que sentías se haya transformado en una emoción tan desagradable? La realidad es que, aunque creías amar, realmente no lo hacías; o, al menos, no de forma incondicional. Es decir, amar con reservas. Pero no te culpes, la mayoría de los seres humanos reaccionamos del mismo modo ante la pérdida. Sin embargo, permítenos explicarte por qué este no es el mejor camino.

¿Qué es el amor incondicional?

Imagina que vas caminando por el campo y ves una preciosa flor que te gusta. Si tú quieres esa flor (la quieres para ti), simplemente la arrancas para llevarla contigo. En cambio, cuando amas la flor, te deleitas con su belleza y admiras su crecimiento sin interrumpirlo o cortarlo por tu deseo de poseerla.


Lo mismo sucede con las personas: generalmente queremos a los demás porque estos llenan nuestros vacíos y cubren nuestras carencias. De este modo, si la relación termina, dejan de sernos útiles y el amor se transforma en odio y en sufrimiento.

De aquí proviene la utilidad del amor incondicional para superar una ruptura: si verdaderamente  amas a alguien, lo amas incluso si su camino ya no es compartido con el tuyo, incluso si ya no puede ofrecerte nada a cambio. El apego (que surgía de tu sentimiento de carencia) se transforma en aprecio genuino y respeto por el camino del otro.

Recurre al amor incondicional para superar una ruptura

Para nadie es sencillo realizar este cambio de perspectiva. La mayoría crecemos equiparando el amor con el apego y tenemos que hacer un esfuerzo consciente para alcanzar la postura del amor incondicional. Sin embargo, aplicar las siguientes pautas te ayudará a lograrlo:

Recuerda que el otro no te pertenece. Establecer una relación con alguien no implica que la otra persona pase a ser de tu propiedad o que tenga la obligación de hacerte feliz, esa tarea es tuya. Si comprendes esto, podrás dejar de percibir la ruptura como una traición y ver que, simplemente, la otra persona ha elegido seguir su propio camino. Y tú puedes seguir el tuyo.

El amor incondicional para superar una ruptura también consiste en amarte incondicionalmente a ti. Esto requiere dejar de juzgarte y de buscar los fallos que pudiste cometer en la relación. Amarte significa recordar que no dependes de la presencia de nadie para ser valioso.

Tal vez tu relación fue fantástica o quizá fue tormentosa; pero, en cualquier caso, puedes extraer una perspectiva positiva y enriquecedora que te ayude a crecer. Si las vivencias con esa persona te hicieron feliz: agradece esa parte del camino que compartisteis. Si el vínculo te hizo desdichado, agradece la claridad que te dio respecto a lo que deseas y mereces.

El amor incondicional te permite librarte del odio, el rencor y la sensación de abandono tras una ruptura. Pero, además, te ayudará a construir (a partir de ahora) relaciones libres de apego en las que encontrarás un bienestar mucho mayor.

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Cómo desarrollar un apego seguro en la edad adulta


Las personas con un estilo de vinculación inseguro suelen sufrir bastante y tener problemas en sus relaciones. Por ello, si quieres desarrollar un apego seguro en la edad adulta, te cuento cómo hacerlo.

Los estilos de apego

El estilo de apego de una persona comienza a formarse durante los primeros años, en función de la atención y los cuidados que el bebé recibe. Así, pueden diferenciarse cuatro tipos de apego:

Apego seguro: se forma cuando los cuidadores son sensibles y receptivos a las necesidades del niño y responden de forma consistente. Ese pequeño crece sintiéndose amado y seguro, es capaz de confiar en otros y tiene un buen concepto de sí mismo.

Apego evitativo: en este caso los cuidadores ignoran las necesidades y llamados del bebé, no cuidan ni responden a sus emociones. Al crecer, este niño aprende a reprimir lo que siente y a ser excesivamente independiente. Evita por todos los medios mostrarse vulnerable y no puede confiar en los demás, no intima emocionalmente.

Apego ambivalente: se crea cuando los cuidadores son inconsistentes e impredecibles; esto es, en ocasiones responden con rapidez y amor a las demandas del niño, y en otras se muestran hostiles y desinteresados. Esto crea una sensación de ansiedad e inseguridad que lleva al niño a no sentirse valioso y a tener que asegurarse constantemente el afecto y la presencia de quienes ama.

Apego desorganizado: se forma cuando el pequeño vive abusos, negligencia grave o abandono. Presenta entonces una mezcla de síntomas ambivalentes y evitativos, puede tener conductas explosivas, gran frustración y un fuerte rechazo (y a la vez anhelo) de vínculos emocionales.

El apego evitativo, el ambivalente y el desorganizado pertenecen al tipo de apegos inseguros.

Cómo desarrollar un apego seguro en la edad adulta

Lo ideal, en términos de felicidad personal y éxito en las relaciones, es tener un apego seguro. Cualquiera de los otros casos nos traerá complicaciones, dolor y frustración. Afortunadamente, hay algunos pasos que podemos dar para matizar nuestro estilo de apego, incluso siendo ya adultos.

Partiendo del apego evitativo

El reto para una persona con apego evitativo es aprender a confiar y permitirse crear intimidad emocional. Así, es importante atender a las siguientes cuestiones:

Comprender de dónde surge este apego evitativo y sanar las heridas infantiles. Es necesario aceptar que en cierto punto llegamos a sentirnos rechazados o minimizados, y que por eso huimos de la intimidad. Igualmente, hay que tomar conciencia de que ese rechazo no tiene por qué volver a ocurrir y que, si sucede, ahora somos adultos y podemos afrontarlo. Los muros que hemos levantado no nos protegen, nos mantienen aislados.

Es fundamental dejar de evitar, ya que este mecanismo no nos permite avanzar. Piensa qué situaciones evitas (por ejemplo, las discusiones que impliquen sentimientos o el compromiso en las relaciones) y permítete irlas afrontando. Ve dando pasos, aunque te saquen de tu zona de confort.

Adquiere alguna herramienta que te ayude a gestionar la inseguridad que te genera vincularte emocionalmente con otros. La respiración diafragmática es una técnica sencilla que te permitirá volver a tu centro y tomar mejores decisiones cuando surja el impulso de huir.

Aprende a expresar tus emociones sin ocultarte y mostrándote vulnerable. Tu pareja necesita saber qué sientes, qué deseas y necesitas. Sé asertivo y comienza a abrir tu interior.

Partiendo del apego ambivalente

Si tienes un apego ambivalente, tu reto es superar la dependencia emocional, dejar de buscar desesperadamente el amor y la presencia de las otras personas. Para esto, puedes tomar las siguientes pautas:

Entiende que tus actitudes surgen de un niño herido que se sintió confuso, carente de afecto y no aceptado incondicionalmente. Es por esto que hoy te sientes siempre inseguro y necesitas asegurarte constantemente de que los demás te quieren y están ahí para ti. Recuerda que ahora eres un adulto y no dependes de nadie para sobrevivir.

Es fundamental que refuerces tu autoestima, trabajes en tu amor propio y comiences a darte eso que tanto anhelas de los demás. Esto es, amor incondicional, aceptación, consuelo y apoyo. Priorízate, ocúpate de ti y de tus necesidades y mejora la relación contigo mismo.

Cuida tu diálogo interno y las inferencias que haces de la conducta de los demás. En este estilo de apego es común estar muy alerta ante el comportamiento de los otros y preocuparse y culparse ante cualquier cambio en ellos. En lugar de pensar que es tu culpa, que has hecho algo mal y que van a dejar de quererte, procura ajustar tus pensamientos y no dejarte llevar.

Puede ser muy positivo que amplíes tu círculo social con personas nutritivas y enriquecedoras. Para las personas que necesitan y disfrutan la intimidad emocional, tener relaciones significativas es importante. Esto ayudará a no recargar toda la responsabilidad y las expectativas sobre tu pareja.

Partiendo del apego desorganizado

En el caso del apego desorganizado, puede ser necesario trabajar en las dos vertientes anteriores para desarrollar un apego seguro. Sin embargo, dado que este estilo de apego surge de un trauma complejo vivido en la infancia, lo más recomendable es buscar apoyo profesional.

Sanar el pasado, aprender a gestionar los disparadores de ansiedad y a vincularse sanamente puede ser especialmente difícil en este caso; por tanto, la psicoterapia será de gran ayuda.

La terapia psicológica ayuda a trabajar los traumas vividos en la infancia.

Desarrollar un apego seguro es posible

Ciertamente, trabajar el apego es una de las cuestiones más complicadas, por lo arraigado que se encuentra desde tanto tiempo atrás. Sin embargo, todos podemos superar nuestro estilo de apego inseguro y avanzar hacia una mayor seguridad, confianza y bienestar.

El cambio llevará tiempo y en muchas ocasiones surgirán de nuevo esas antiguas tendencias, pero con conciencia, perseverancia y trabajo personal podremos aumentar nuestro bienestar y la calidad de nuestras relaciones.


Floren Solà. Soy psicóloga y grafóloga.
 La curiosidad por el conocimiento humano es mi cerradura particular, la Psicología es la llave, escribir un arte que estoy   aprendiendo.





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PERDONAR ES IR AL PASADO  Y VOLVER AL PRESENTE SANA Y SALVA



Tener un sentido de la vida son vitaminas para el cerebro. Actualmente vemos que muchísimas personas se preguntan menos qué es lo que quieren, qué les motiva, con qué se sentirían realizados. Vivimos como autómatas y olvidamos esa capacidad que tenemos de vivir la vida proactivamente.

Cuando sólo nos limitamos a pensar en sentarnos delante de una pantalla, en tumbarnos en un sofá, no pensar ni hacer nada, eso nos va enfermando. Sin embargo, cuando tomamos las riendas de nuestra vida y la vivimos con sentido porque ayudamos a los demás, escuchamos y sonreímos a las personas de nuestro entorno, porque cuidamos a nuestros padres, dedicamos tiempo para estar y disfrutar con los hijos, hermanos, amigos, es cuando adquirimos ese sentido de la vida que a la vez fortalece nuestro sistema inmunológico y nos permite vivir más sanas.  

Un buen antídoto para el sufrimiento, el estrés, las enfermedades, las pérdidas, los contratiempos, las frustraciones o los reveses de la vida, es el amor: un amor hacia una misma (autoestima) y hacia los demás, ese amor que se traduce en solidaridad, amistad, amor de pareja, de familia, amor hacia los otros, amor a las creencias e ideales, ayudar a los que sufren…

Es impresionante, por ejemplo, el amor que tienen los recuerdos. El poder del recuerdo es capaz de activar las mismas zonas del cerebro que cuando esa situación sucedió en el momento real. El cerebro al revivir las situaciones agradables del pasado segrega las mismas sustancias del momento que ocurrió. Recordar ese momento feliz del nacimiento de un hijo o hija, ese ascenso profesional o económico, aprobar unas oposiciones, o cualquier otro evento especialmente importante, hace que el cerebro segregue sustancias como la serotonina, oxitocina, dopamina y eso ayuda mucho creando un bienestar presente.


Cuando una vive y revive recuerdos trágicos de manera que se engancha al pasado recurrentemente, una puede enfermar.


Cuando revivimos algunas experiencias trágicas o negativas que nos han dolido del pasado y no somos capaces de experimentarlas, comprenderlas, integrarlas y aceptarlas, tampoco seremos capaces de perdonarlas, buscando siempre un culpable exterior. Esta actitud que no es más que un mecanismo de defensa erróneo, nos conduce a un malestar permanente porque no nos permite estar en paz con nosotras mismas ni con la situación o personas que nos causaron ese dolor, ya sea real o imaginario. 

Cuando una intenta comprender porque te han hecho daño te sientes aliviada y puedes entrar en el perdón. El perdón, en realidad, es por una misma, no por el otro, porque hoy en día sabemos que quien no es capaz de perdonar, en su vida se asienta en el rencor, el odio y la venganza, que son auténticos venenos para la salud mental y física. Hoy sabemos que esas emociones nos pueden enfermar, que están en la base de algunas enfermedades. En realidad se puede enfermar de odio.


Cuando perdonas es por ti, el perdón te hace libre, no se exige, se otorga. Y eso sirve tanto para perdonar a los otros como para perdonarte a ti misma.  Por eso perdonar es ir al pasado y volver sana y salva.

(Fuente: Marian Rojas Estapé. Del libro “Cómo hacer que te pasen cosas buenas.”)



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CLAVES PARA SABER SI ESTAMOS ENAMORADOS DE NUESTRA PAREJA

¿ESTAMOS ENAMORADOS DE NUESTRA PAREJA?

Es algo absolutamente normal que, después de haber pasado por una mala experiencia con una pareja, uno no quiera volver a equivocarse. En algunas ocasiones, y ante la posibilidad de habernos vuelto a enamorar, empezamos a preguntarnos¿y cómo sé que lo que estoy sintiendo es lo correcto?
Podría decirse que casi hemos perdido la confianza en lo que sentimos como guía de lo que debemos hacer a continuación. Esto nos devuelve directamente a la inteligencia emocional, al mundo de las emociones y los sentimientos, que tan poco conocemos y, como consecuencia, tan torpemente manejamos.
¿Cómo saber cuándo una relación ya no funciona o simplemente cuándo ha llegado el momento de cambiar algo? Racionalmente podemos dar muchas explicaciones, pero básicamente es porque nos sentimos mal. El aprendizaje que tenemos de las emociones es tan escaso que, cuando éstas se manifiestan, o no les prestamos la atención que requieren, o las interpretamos al revés. Hemos oído con cierta frecuencia decir a algunas personas que para ellos amar y sufrir es todo uno, que el amor va ligado al dolor, que amar significa aguantar,... y un sinfín de interpretaciones del amor que hacen que éste sea finalmente de muy poquita calidad, a veces incluso incómodo.
Entonces, ¿cómo saber si la relación con alguien va por buen camino? Sencillamente, porque nos sentimos bien. Sentirse bien no es el sustituto de la bola de cristal para adivinar el futuro y, por lo tanto, no quiere decir que vaya a ser una pareja para toda la vida, el alma gemela, o la persona ideal. La relación, ya lo hemos comentado con frecuencia, es fruto de lo que se hace cada día, no de que Cupido sea más o menos certero cuando lanza la flecha. Por eso, lo que se hace cada día hay que hacerlo con alguien con quien nos sintamos bien.
Algunas claves para saber que se está enamorado serían:
  • Sentirse bien cuando se está con la pareja. Se crea un clima de confianza y la persona se siente segura al lado del otro.
  • Tener deseos de compartir, de hacer actividades y cosas conjuntamente.
  • Tener ganas de conocer más profundamente los deseos, las ilusiones y los objetivos del otro.
  • Tener ilusión, una proyección positiva hacia el futuro (puede ser en el mismo día, en semanas, en meses...). Es lo que solemos identificar con sentirse vivo.
  • Echarse de menos cuando se está separado (aviso: esto no justifica una interminable cadena de llamadas diarias o de control de la vida del otro).
  • Tener deseo físico, sexual, buscar el contacto de piel que es fundamental para la creación del vínculo entre dos personas.
Es importante también distinguir entre estar enamorado y querer al otro. Se puede querer y no estar enamorado. Se puede estar enamorado y no saber querer. En pareja, especialmente cuando ésta ya se ha consolidado, ambos aspectos, querer (saber querer) y estar enamorado, son necesarios. Hacer que ese sentimiento vaya creciendo, introduciendo cambios a lo largo de la relación, para que no se produzca el aburrimiento o la falta de interés, es el proceso necesario para que una relación resulte duradera.
Estar enamorado, en principio, sería más el deseo, a veces casi exclusivamente sexual, de estar con el otro. Implica la necesidad de piel y de contacto íntimo. Esta sensación se puede mantener a lo largo del tiempo pero, en otras ocasiones, cuando el deseo sexual se ha satisfecho, uno suele pensar que se ha desenamorado y, en el fondo, no falta razón, pues ya no es preciso satisfacer una necesidad física.
Querer al otro significa haber tenido tiempo para conocerle, para valorarle, y para estimar si se trata de la persona con la que se quiere compartir el tiempo, el espacio y las ilusiones.
Para que el juego en la pareja sea limpio es preciso constatar que este sentimiento es recíproco y tener presente que hay que respetar la voluntad del otro. Una pareja es cosa de dos (par), y muchas veces la necesidad propia hace que se olvide la voluntad ajena, de manera que cuando uno se siente enamorado, empieza a desplegar una serie de estrategias cuyo fin es gustarle al otro, pero no necesariamente quererle.
Si cuando se está enamorado se intenta conquistar o seducir a la otra persona, pero ésta no responde de manera acorde a lo que se quiere, no hay que forzar, perseguir, obsesionarse ni, mucho menos, dramatizar.
En el juego nada frívolo del amor hay dos participantes que tienen que establecer claras las reglas del juego, tienen que tener ganas de jugar los dos y, por encima de todo, tiene que ser una partida agradable y divertida de jugar. Aprender, disfrutar y crecer con la experiencia dependerá de las habilidades personales, pero es sin duda la jugada que todo el mundo quiere que le toque.
Por lo tanto, hay que aprender a:
  • escuchar nuestras emociones
  • identificarlas
  • interpretarlas
  • gestionarlas eficazmente
Nadie nos puede decir si una persona es buena para nosotros o no. Cada uno tiene la respuesta, y ésta nos la da lo que sentimos. Aprender a confiar en ti mismo y en lo que sientes, es la clave para saber si estás enamorado y si quieres querer a alguien.
Fuente: https://www.meeticaffinity.es/misc/advices_online.php?article=




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MANEJANDO EMOCIONES:  INTELIGANCIA EMOCIONAL.

Cerrando círculos, puertas. Seguir adelante con tranquilidad, eso es a vida.

Cierra, clausura, limpia, tira, oxigénate, despréndete, sacúdete y suéltate.

Nadie es indispensable. Ni una persona, ni un lugar, ni un trabajo. Nada es vital para vivir porque cuando tú viniste a este mundo, llegaste sin ese adhesivo.  

Siempre es preciso saber cuándo se acaba una etapa de la vida. Si insistes en permanecer en ella más allá del tiempo necesario, pierdes la alegría y el sentido del resto.

Cerrando círculos, o cerrando puertas, o cerrando capítulos, como quieras llamarlo. Lo importante es poder cerrarlos y dejar ir momentos de la vida que se van clausurando.
¿Terminó tu trabajo, se acabó tu relación, ya no vives en esa casa, perdiste a alguien? Puedes pasarte mucho tiempo de tu presente “revolcándote” en los por qué y tratar de entender por qué sucedió tal o cual hecho.

El desgaste va a ser infinito, porque en la vida, tú, yo, tu amigo, tus hijos, tus hermanos, todos y todas estamos encaminados hacia ir cerrando capítulos, ir pasando hoja, a terminar con etapas, o con momentos de la vida y seguir adelante.

No podemos estar en el presente añorando el pasado. Ni siquiera preguntándonos por qué. Lo que sucedió, sucedió y después del tiempo de duelo hay que soltarlo, hay que desprenderse.
No podemos ser niños eternos, ni adolescentes tardíos, ni empleados de empresas inexistentes, ni tener vínculos con quien no quiere estar vinculado a nosotros ¡Los hechos pasan y hay que dejarlos ir!
 
Por eso, a veces es tan importante “destruir” recuerdos, regalar presentes, cambiar de casa, romper papeles, tirar documentos y vender o regalar libros.
Los cambios externos pueden simbolizar procesos interiores de superación.
Dejar ir, soltar, desprenderse. En la vida nadie juega con las cartas marcadas y hay que aprender a perder y a ganar.

Sólo que tenemos el presente. El pasado puede muy bien decorar el presente. Podemos hacer planes de futuro, pero no quedarnos ni en el pasado ni en el futuro.
Recuerda que nada ni nadie es indispensable. Ni una persona, ni un lugar, ni un trabajo. Nada es vital para vivir porque cuando tú viniste a este mundo llegaste sin ese adhesivo.
El pasado ya pasó, no esperes que te lo devuelvan, no esperes que te reconozcan,  ni esperes que alguna vez se den cuenta de quién eres tú… Suelta el resentimiento.
Volver continuamente al pasado lo único que se consigue es dañarte lentamente, envenenarte y amargarte.

La vida está para ir adelante nunca hacia atrás. Si andas por la vida dejando “puertas abiertas”, por si acaso, nunca podrás desprenderte ni vivir el presente con satisfacción.
Parejas, amistades que se clausuraron, aún sigues pensando en posibilidades de volver, de regresar (¿a qué?) ¿Necesidad de aclaraciones? ¿Palabras que no se dijeron? ¿Silencios que lo invadieron? Si puedes enfrentarlos ahora, hazlo, si no, déjalos ir y cierra capítulo.
Dite a ti mismo/a que no, que no vuelven. Pero no por orgullo ni soberbia, sino porque tú ya no encajas allí, en ese lugar, en ese corazón, en esa habitación, es esa casa, en esa oficina o en ese trabajo.

Tú ya no eres el mismo/a  que fuiste hace dos días, hace tres meses, hace un año. Por lo tanto, no hay nada a qué volver. Cierra la puerta.
Ni tú serás la misma persona, ni el entorno al que regreses será igual, porque en la vida nada se queda quieto, nada es estático, todo fluye como el agua del rio.

Esa costumbre que tenemos de apegarnos al pasado debemos trabajarla para aprender a vivir sin él, sin el adhesivo humano o físico que hoy duele dejar ir.
Es un proceso de aprender a desprenderse y se puede lograr porque nada ni nadie es indispensable.
Sólo se trata de costumbre, apego, necesidad. Por eso cierra, clausura, limpia, tira, oxigena, despréndete, sacúdete, suéltate.

Hay muchas palabras para significar salud mental y cualquiera que sea la que escojas te ayudará definitivamente a seguir adelante con tranquilidad.

¡Esa es la vida!



Autor del texto Paulo Coelho


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A VECES HAY QUE TOMAR DECISIONES QUE DUELEN AL CORAZÓN PERO TRANQUILIZAN AL ALMA


A veces hay que tomar decisiones que duelen al corazón pero tranquilizan al alma por saber que hemos hecho lo correcto.

Nuestras decisiones van tejiendo nuestro día a día, nuestra vida, nuestro destino. Dependerá de cada una de ellas, desde la más simple hasta la más compleja, como será nuestro porvenir. 
A veces evitamos aquello que creemos que nos va a doler emocionalmente y nos atamos a vivir experiencias que nos hacen daño, que nos aburren y que no nos dejan evolucionar. Nos instalamos en ese mundo pequeño y cuanto más tiempo permanecemos en él, más difícil es salir y continuanos aferrados a lo conocido  aunque ello nos cause sufrimiento y dolor.
Para mejorar vamos colocándonos paños de agua tibia, tratando de no tomar la decisión, una decisión difícil pero necesaria y que por apegos y miedos vamos aplazando.


“Jamás dejes que las dudas paralicen tus acciones. Toma siempre todas las decisiones que necesites tomar, incluso sin tener la seguridad o certeza de que estás decidiendo correctamente”  (Paulo Coelho)

La vida a veces se complica y nos enredamos en caminos tortuosos, de tal forma que cuando queremos emprender otra dirección nos damos cuenta de que hemos levantado barreras, cavado zanjas y toda clase de impedimentos para tapar la luz de salida y cuanto más tiempo pasa, más difícil salir, lo cual nos lleva al desencanto y a la frustración. 
Pero una vez que nos damos cuenta de que un cambio es necesario, ya hemos dado el primer paso en nuestro camino y esto significa que nos hemos quitado la venda de los ojos, lo que sigue, aunque duro, no requiere de mayor esfuerzo que reconocer objetivamente la situación, decidirse, actuar y no mirar atrás, al menos en un primer momento.


Tomar decisiones trascendentales nunca es sencillo, abrirse a los cambios requiere fortaleza, incluso para las personas que están bien preparadas.
Pero la realidad apunta a que somos responsables de nuestro bienestar, de generarnos experiencias que nos hagan crecer y vivir desde el amor. Lo que hoy apartemos de nuestra vida y dejemos ir, quizá nos genere dolor, sin embargo si sentimos que hacerlo nos pone en línea con nuestro propósito de vida, no dudemos ni perdamos más tiempo en tomar la decisión que nos conduzca allí donde queremos estar.
La falta de decisión nos puede hacer perder oportunidades tanto de prosperar como de ser felices. Decidir es un acto de valor, es más que escoger entre una cosa u otra, es aceptar un reto, una responsabilidad y asumir valientemente las consecuencias de esa decisión.
Lograr cambios significativos en la vida es algo que no todas las personas logran porque muchas no están dispuestas a ello.
Tomar ese camino difícil, asumir riesgos y caminar por sitios no seguros es más dificil que transitar por caminos sencillos y conocidos, aunque el precio sea la infelicidad, el tedio y la frustración.
Levantarse, dar el primer paso y continuar pisando cada vez más fuerte es un acto de valentia que lleva a la realización de los sueños.  

“Es necesario correr riesgos, seguir ciertos caminos y abandonar otros. Nadie es capaz de elegir sin miedo.” (Paulo Coelho) 


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APRENDER A MEDITAR CAMINANDO

Para algunas personas aprender a meditar es difícil, la mente

no sintoniza bien con esa calma inmóvil en la práctica de una atención plena y en mantener esa quietud en la que se adquiere esa calma mental. Sin embargo, no es necesario mantener una determinada postura ni estar en rigurosa quietud para llegar a ese estado de calma, podemos, al menos al principio, lograrlo mientras caminamos. Empezar a caminar puede descalzar las penas y liberar la mente.

Mindfulness es una poderosa técnica terapéutica pero que no todas las personas son capaces de realizar. Hay personas con una elevada carga de ansiedad que no acaban  de alcanzar ese punto perfecto de relajación donde aprender a ser más conscientes de su mundo interior a través de un estado de relajación.
Así que “Caminar vale la pena aunque te caigas”.
Cuando la mente grita y nuestros pensamientos son repetitivos y obsesivos y llevamos todas nuestras preocupaciones adheridas como una segunda piel sobre nuestro ser, hay una estrategia que casi nunca nos va a fallar: Caminar.
No hay nada mágico en el simple acto de caminar, el movimiento de nuestro cuerpo es como el metrónomo que marca un compás, un ritmo perfecto, donde tarde o temprano la propia mente queda armonizada formando una misma entidad, una misma melodía.
Con cada paso que damos el corazón crece, la respiración se vuelve profunda, sonora, el cerebro se oxigena y nuestro ser se expande a consecuencia de esos movimientos repetitivos para hallar su punto de equilibrio. Ese punto de equilibrio donde tomar las riendas  de nuestra vida mediante ese ejercicio de caminar combinado con la meditación.  
Meditar mientras caminamos es un medio gratificante para un fin saludable. Cuando los psicólogos integramos el Mindfulness o atención plena en la psicoterapia, no buscamos convertir a los pacientes en hábiles meditadores espirituales, ni convencerlos de que pasen los fines de semana en retiros de silencio de línea budista.
La atención plena es una herramienta  para que las personas puedan vivir su vida con más equilibrio, plenitud y con una conciencia más amplia.
Pero la meditación no es fácil y se requiere responsabilidad y voluntad. Aislar el sonido de nuestro entorno, el ruido de nuestras ciudades y acallar la mente necesita entrenamiento y fuerza de voluntad. Por eso, este nuevo enfoque  que se puede resumir en: caminar sin llegar, puede ser un camino más fácil para aquellas personas que han intentado muchas veces  la meditación y la han dejado otras tantas.
La técnica, es muy sencilla, consiste en empezar a caminar  sin tener un destino concreto al que llegar, eso nos permite disfrutar del simple movimiento, caminar por el simple placer de caminar.
Podemos utilizar el símil del mono que va saltando de rama en rama en un viaje un tanto caótico e improductivo, para describir la mente humana. Además esa mente que no logra callar y es sumamente repetitiva, acaba perdiéndose en sus propios laberintos. Pero si logramos apaciguar ese nerviosismo, esos continuos pensamientos repetitivos de nuestra mente a través del movimiento de caminar, de mover las piernas  y de realizar una respiración acompasada  a cada paso que damos, lograremos ese control consciente de nuestra mente y de esos pensamientos.
La técnica de aprender a meditar mientras caminamos es sencilla. Nuestro paseo deberá ser diario y no durar más de media hora, deberemos buscar un entorno natural (no valen las calles llenas de tiendas y gente) y tranquilo. Elegiremos ropa y calzado cómodos.

Veamos la técnica:


  • Empezaremos a caminar a paso normal. Poco a poco deberemos encontrar el ritmo que nos sea más cómodo y relajante, más catártico y liberador. Habrá personas que caminen a buen ritmo y otras con paso más lento.
  • Ahora es el momento de centrar la atención en algún aspecto. Visualizamos en nuestra mente como si fuera una linterna que orienta su luz sobre un aspecto concreto y luego a otro: Primero a la respiración, luego a la sensación de los pies cuando tocan el suelo, más tarde el viento o el calor del sol  acariciando nuestra piel. Focalizamos nuestra atención en esos aspectos de manera cíclica: Primero uno, respiración, luego otro movimiento pies, luego el tercero el viento  o sol  acariciando nuestra piel… vamos repitiendo
  • Poco a poco nos iremos dando cuenta de que ya no necesitamos centrar nuestra atención en cada uno de esos aspectos del cuerpo. Al cabo de los días el foco de nuestra linterna será tan amplio que lo vamos a percibir todo de una vez.
  • Nuestra conciencia se habrá ampliado tanto que nuestro “ser” formará un todo perfecto en calma y armonía.


CAMINAR EN UN LABERINTO: LA MAGIA DE LA CONCENTRACIÓN.
Vamos ahora un poco más allá. Imaginemos que en tu caso, ni te es útil el Mindfulness, ni logras aprender a meditar mientras caminas. El simple hecho de salir de casa y andar sin un rumbo fijo te distrae, dispersa tu mente y no logras hallar tu punto de equilibrio, tu centro, tu punto de calma.
En este caso podemos iniciarnos en una práctica tan curiosa como antigua en muchas culturas. Hablamos de recorrer un laberinto. Esta práctica ancestral es como visualizar los propios problemas tatuados en el suelo para recorrerlos paso a paso mientras encontramos una salida. Se sabe, que algunas de las formas más tempranas de  laberintos se encuentran en Grecia y que tenían como finalidad hallar un sentido para la propia vida a través de esos circuitos en espiral. Era otro tipo de meditación que a día de hoy se sigue practicando en diversos países.
Puntos a tener en cuenta:


  •  En los laberintos no hay una única salida ni se gana cuando una haya cómo salir de él. El beneficio está en el propio recorrido y en lo que conseguimos mientras lo transitamos
  • El objetivo es calmar la mente, abrir el corazón a través del propio recorrido del laberinto.
  • Cuando se entra en el laberinto primero hay que detenerse a reflexionar, pensando qué deberíamos dejar ir antes de iniciar ese recorrido concéntrico para centrarnos de forma plena en el presente, en el aquí y ahora
  • Se camina despacio, un pie tras otro y viendo en todo momento la forma de los trazos y de los caminos.
  • Cuando se llega al centro o “roseta” del laberinto, debemos descansar y meditar unos minutos sobre el trayecto recorrido. El objetivo de este ejercicio no es encontrar la salida a la maraña de nuestros problemas, sino salir fortalecidos por el aprendizaje adquirido durante el proceso.


La mente puede ir en mil direcciones.
Pero sobre esta hermosa senda, camino en paz.
A cada paso, un suave viento sopla.
A cada paso, se abre una flor.

Fuente: El arte de vivir despierto. Thich Nhat Hanh (Maestro de Zen)





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TENER QUE DECIR “NO TE QUIERO” REQUIERE MUCHO VALOR.


Todos nosotros hemos vivido el amor y el desamor y conocemos las consecuencias emocionales que tienen, la desilusión que sientes cuando te dicen que ya no te quieren o el dolor que nos atraviesa al decir “ya no te quiero”. El desamor ha sido tratado por la literatura, la filosofía, el cine, la psicología y muchas otras áreas, pero al final en el momento crucial, cuando somos los protagonistas, nos quedamos sin palabras.
Asociamos el desamor con algo negativo, por diversas razones: Una ruptura de una relación se entiende como un fracaso personal y socialel desamor conlleva unos patrones que se parecen a un estado de duelo por la muerte de una persona querida; el desamor está relacionado con una sensación de abandono.

Los secretos del desamor

Una pareja puede pasar por momentos de crisis, pero hay veces en que la crisis no tiene solución. No olvidemos que una relación es algo vivo que puede cambiar por muchos motivos, y como se suele pensar no siempre se debe a la aparición de otra persona, en ocasiones es porque languidece la relación o  por  cambios en la forma de pensar de cada persona, entre otros motivos.
Cuando llega el momento de romper una relación y de decir “ya no te quiero”, la rabia, el dolor y el aislamiento se apoderan de nosotros y nos sentimos pequeños y traicionados. Según John Cacioppo, director del Centro para la Neurología Cognitiva y Social de la Universidad de Chicago en Estados Unidos: Fuimos diseñados para establecer lazos y es muy hiriente que estos se rompan porque la persona en quien confiaste y en quien creíste te falló.”

El corazón roto

Tener roto el corazón es una de las metáforas más utilizadas para expresar el desamor. Se ha demostrado científicamente que en las situaciones de ruptura de pareja, se sufre una caída del ritmo cardíaco por debajo de los 60 latidos por minuto, sobre todo los primeros días tras la separación.

Dolor corporal

Según un estudio holandés publicado por la revista Psychological Science, cuando sufrimos desamor se activan las mismas áreas del cerebro que cuando sentimos dolor corporal, por lo que existe una relación entre los sentimientos y el dolor físico.

Perder a una pareja cuando estamos enamorados

Según diversos estudios científicos, el dolor de perder a una pareja cuando estamos enamorados es similar al que se siente cuando se pierde a un ser querido. Esta pérdida activa las mismas regiones que el dolor en el cerebro.

Las probabilidades de romper

La antropóloga Hellen Fisher afirma que alrededor del cuarto año de relación suele llegar un momento en el que viviremos una situación en la que tendremos que definirnos por el amor y no por el enamoramiento basado en la simple atracción.

Formas de decir: ya no te quiero

Es muy difícil decirle a alguien “ya no te quiero”. Es importante que antes hayamos tenido una reflexión muy profunda sobre lo que sentimos y qué es lo que nos ha llevado a esa situación. Nunca es un buen momento para hacérselo saber a la otra persona, pero sí es importante que seamos honestos y sinceros.
A la hora de comunicar la noticia a nuestra pareja, es fundamental mantener una actitud sincera y firme y, sobre todo, escuchar de forma activa a la otra persona. La conversación debe realizarse cara a cara y sin rodeos, para demostrar respeto. Es bueno que sea una conversación en la que mostremos convencimiento, empatía y escucha.
Si la otra persona no acepta la situación o nos echa en cara reproches o críticas, es esencial dejar que hable y escuchar, pero mantenernos firmes en nuestra decisión. No entrar a defendernos y sortear los chantajes emocionales, por eso es tan importante meditar la decisión antes.
Utilizar un tono de voz firme y una postura erguida ayudan a transmitir el mensaje con seguridad y a dar la sensación de que estamos plenamente convencidos de lo que decimos. Es muy importante ser honesto y comprensivo y decir lo que uno piensa y siente de forma amable. No olvides que decir “ya no te quiero” requiere mucho valor.
Conversar desde lo más auténtico del corazón propicia el entendimiento.
Si no es así, seguramente es porque, en verdad, se trata de una relación que no tiene oportunidad de crecer. Ahí sí vale la pena terminar, sin otro propósito que el de mejorar la vida para ambos.
Cada pareja es un mundo distinto y con muchas particularidades. Peculiaridades que por otra parte cambian a lo largo del tiempo, intentando adaptarse a una realidad de por sí cambiante. Una realidad de la que los miembros de la pareja pueden echarse mutuamente sin querer, de manera gradual y sin notar los cambios, de forma que un día se dan cuenta de que la persona con la que duermen cada noche es un extraño.
A veces por miedo a la reacción de nuestra pareja nos escudamos en frases banales como “No eres tu soy yo”, “Ya no estoy enamorado/a” o “Me he enamorado de otra persona”. Pero en el fondo existen motivos que no nos atrevemos a verbalizar. Así, si sigues leyendo, a continuación vamos a ver algunos de esos motivos.

Ausencia de comunicación

Tanto en relaciones de pareja que acaban de empezar como en relaciones largas, es bastante común que exista un gran miedo a expresar sentimientos. Un miedo que aparece especialmente cuando alguno de los miembros de la pareja empieza a sentir miedo a mostrarse vulnerable. Así, tiene la sensación de que comunicando su dolor o su alegría le da información a su “rival-pareja” para que gane todas las disputas.
Por otra parte, diciendo la verdad tememos dañar y que nos dañen. De esta manera, silenciando lo que nos falta evitamos que empiece la guerra de reproches y el dolor. Así, vamos acumulando y acumulando y acumulando… y ya sabéis qué pasa cuando ya no cabe nada más.

Mostrar indiferencia

Walter Riso en su “Guía práctica para no sufrir de amor” sostiene que una de las mejores formas de acabar con el amor es la indiferencia. Yo diría que más que con el amor, la indiferencia es el ácido más corrosivo que puede existir en cualquier tipo de relación. Manda un mensaje claro: no me importas. No me importa lo que pienses, ni lo que sientas, ni lo que hagas.
Además, la indiferencia suele mezclarse con el orgullo. ¿Por qué? Piensa, ¿qué sueles hacer cuando alguien te muestra indiferencia? Lo más normal es que se la devuelvas. Es decir, si tú no me hablas yo tampoco. De manera que la indiferencia no solo es peligrosa en sí, sino que además nos hace muy cabezotas.

Falta de compromiso

Hay que entenderlo en el contexto social. La mayoría de los jóvenes, cada vez más, tienen la sensación de que la vida es muy larga, de que les queda mucho por vivir, por probar, antes de decidirse por la persona con la que compartirán el resto de su vida. Por eso, la falta de compromiso en el siglo XXI va unida al miedo a perderse experiencias, a tener que dar explicaciones demasiado pronto.
En las personas con una edad más avanzada, la situación es más compleja y los miedos suelen ser otros. Muchas de estas personas pueden venir de haber pasado por relaciones anteriores en las que se han sentido traicionados, después de montar todas sus vidas en torno a una relación. Temen el compromiso porque antes alguien ya lo traicionó cuando ellas lo mantuvieron. 
Por otro lado, hay otras personas que ya empiezan una nueva relación con hijos más o menos pequeños, por lo que las decisiones que tienen que tomar ya no solo le afecta directamente a ellos, sino que si se equivocan también lo van a pagar ellos.

Una tercera persona

El amor no es necesariamente eterno ni, por lo tanto, fijo. Al igual que todo lo que acontece a nuestro alrededor cambia y nuestros sentimientos también. De hecho, el propio amor cambia. Ya no se trata de querer más o menos, sino con diferentes matices.
Así, muchas parejas se terminan porque quizás tenían que hacerlo, porque se ha extinguido el amor.

Las razones por las que se termina el amor según la ciencia

Varios científicos de la Universidad de Western en Ontario (Canadá), seleccionaron a 6.500 personas (tanto hombres como mujeres) para hacer un estudio y descubrir las verdaderas razones por las que el amor de pareja termina.
El estudio consistió en hacer varias entrevistas a cada persona del grupo seleccionado. Finalmente, los investigadores llegaron a la conclusión de que las principales razones por las que suelen terminar las parejas son las siguientes:

La falta de sentido del humor

El humor es esencial en cualquier ámbito de nuestra vida, personal, profesional y, por supuesto, en las relaciones de pareja. Una persona que nos hace reír y que tiene sentido del humor nos conquista, nos divierte y nos hace sentirnos plenos y felices.
Aprender a sonreír y a compartir con nuestra pareja nos puede unir mucho y, por el contrario, ser demasiados serios o perder el sentido del humor es posible que afecte de forma negativa a nuestra relación. Una persona que está siempre triste o seria nos transmite negatividad.

La falta de confianza

Otra de las razones por las que según el estudio termina el amor en las parejas es la falta de confianza. Pueden ocurrir muchas cosas en una relación, pero si descubrimos que la otra persona no ha sido honesta o nos ha mentido en algo perderemos la confianza.
Una vez perdida la confianza en nuestra pareja, es muy complicado recuperarla, porque existirá mucho recelo y una gran cantidad de dudas se interpondrán entre los dos miembros de la pareja. Superar esa situación es un obstáculo muy duro.

La falta de intimidad

La falta de intimidad con nuestra pareja es una de las razones por las que suelen terminar las relaciones, ya que el hecho de no querer cuidar los momentos de intimidad con nuestra pareja es una forma de indiferencia y la indiferencia, como hemos dicho antes, gota a gota termina con la relación.
Dentro de la intimidad, en las parejas englobamos a las relaciones sexuales. Al inicio de las relaciones, el deseo sexual suele ser fuerte, pero llega un momento en el que la rutina se instala y este deseo sufre. Sufre por las prisas, por las preocupaciones y por otras ilusiones que compiten con la persona amada.

Cinco apoyos sólidos para enfrentar una ruptura

La peor ruptura es aquella en la te preguntas “¿por qué dejó de amarme?” y ves que no hay razones externas, que la razón eres tú mismo. Walter Riso, en su libro “Manual para no morir de amor” nos cuenta como un hombre le decía entre lamentos: «Lo que lo hace más cruel, lo que más me duele, aunque parezca absurdo, ¡es que no me ha dejado por nadie!… Nada le impide estar conmigo, sino ella misma…». […] «Si no hay nada externo, ni amantes, ni crisis, ni una enfermedad… no cabe duda: ¡el problema soy yo!».
Que nos dejen es una prueba de fuerza para nuestro ego, porque es muy complicado admitir que ya no nos quieren o se han enamorado de otra persona. Nuestro ego no se lo cree, nos impulsa a pedir explicaciones cuando no hay más razones que una: el amor a veces se termina.

“Intenté ahogar mis dolores, pero ellos aprendieron a nadar”
-Frida Kahlo-

Pueden dejarnos una o mil veces a lo largo de nuestra vida, pero siempre duele. Aunque de distinta manera y en un tiempo diferente, pero el vacío que se siente es desolador todas y cada una de las veces. Así, por mucho que hayamos aprendido, se produce una tormenta de sentimientos en nuestro corazón. Por eso, te proponemos 5 frases que te ayudarán a empezar a superar una ruptura y a pensar con mayor objetividad.

Aprende a perder y rodéate de quien te ama

No tiene sentido intentar convencer a alguien para que te quiera, el amor va por ese camino. A veces es necesario dejar ir si queremos ser felices y encontrar a otra persona que realmente nos quiera y nos aprecie por lo que somos. Al cabo del tiempo una vez superada la fase de duelo, incluso puede que llegue el momento en que demos las gracias por esa ruptura que tanto nos dolió.
Las personas que te aman de verdad, tras una ruptura te apoyan en tu decisión, te animan a salir adelante, no te recuerdan lo bueno que fue tu ex, te quieren sin condiciones. Lo que necesitas en un momento tan complicado son abrazos y palabras de consuelo, una mano amiga.

Recuerda lo bueno y lo malo y disfruta la soledad

Tu relación ha tenido cosas buenas, pero también ha tenido momentos malos y debes recordar ambos para tener una visión objetiva de esa relación que se ha roto. No pasa nada, tu vida sigue y tras un periodo de duelo más o menos largo, incluso podrás llegar a agradecer esa ruptura.
Tenemos mucho miedo a la soledad y en gran cantidad de ocasiones dejamos de lado cosas o no hacemos cosas que nos gustan por no hacerlas solos. ¿Y si pruebas a ir al cine solo o sola? A lo mejor alguien te mira, pero en unos segundos todo será de lo más normal y nadie te observará. Deja que la soledad te acaricie y utiliza tu tiempo para reflexionar y conocertepara saber más de ti misma.

El amor se debe sentir y ver: evita idealizar

No es suficiente que nos digan que nos quieren, el amor lo debes sentir en cada poro de tu piel, en cada gesto y en cada mirada. El amor está hecho de palabras, pero también de acciones. Si no sientes el amor en todo su esplendor, es un amor que no te vale.
Tu ex tiene virtudes, pero también tiene defectos que tendemos a dejar de ver después de un tiempo tras la ruptura. Pero es necesario ver la cruda realidad, ver lo que hay, con total sinceridad y saber que hay aspectos de esa persona que no nos gustan y por qué motivo. Es un ejercicio que requiere una gran valentía y que duele, pero es esencial ver la cruda realidad, sea cual sea.

Una ruptura te enseña lo que no quieres saber del amor

Una separación nos puede hacer reflexionar sobre lo que queremos del amor y a lo mejor no lo tenemos claro, pero seguro que sí sabremos lo que no queremos, aquello por lo que no deseamos volver a pasar.
Es necesario pensar que es lo que no queremos repetir: no quiero tener una relación sin sexo no quiero tener una relación en la que la otra persona me ignora o me engaña, no quiero que mi pareja sea aburrida. Es lo que Walter Riso llama “la sabiduría del no”.

Explora situaciones nuevas

A lo mejor hay un curso de cocina, de escritura, de pintura o de cualquier actividad que te guste, que siempre quisiste hacer… pues este es el momento, apúntate y comienza a disfrutar de lo que te interesa y desarrolla tu verdadera pasión, seguro que lo vas a disfrutar.
Las situaciones nuevas pueden ser un aliciente para salir de nuestra zona de confort y perder el miedo a hacer cosas diferentes y enriquecedoras que nos ayuden a conocernos y a aceptarnos. Podemos conocer gente nueva con la que sentirnos identificados y disfrutar de la vida y de las pequeñas cosas.
“Si no te aman no ruegues ni te arrodilles. El amor no se suplica ni se exige, solo acontece. Y si no ocurre, te retiras dignamente y a otra cosa”
-Walter Riso-

Elegir ser prioridad, elegir ser feliz

Asumir que uno es su prioridad es una cuestión de elección. Cuando ves que tu mundo interior se convierte en una batalla entre los deseos propios y las expectativas de los demás, esto nos hace caer en un profundo hoyo emocional.
Merecemos atendernos, escucharnos y ser los protagonistas de nuestra película, una película en la cual hay un telón de fondo que debe permanecer siempre: el amor propio. Este tiene como base la consideración de uno mismo alejada de los sometimientos ajenos.
Si queremos decir NO, estamos en nuestro pleno derecho. Si queremos decir BASTA, también. Si queremos no negociar los términos de una relación porque vemos perjudicados nuestros anhelos, también.
Tenemos que procurar ponernos a salvo de nosotros mismos y no engañarnos con falsas promesas escritas en puntos suspensivos. Cuando los anhelos y los derechos de uno mismo están en juego, no todo vale. Por eso hemos de dejar a un lado esa falsa idea de que en el amor y en la guerra cualquier cosa puede ser válida.

La mayor aventura que podemos vivir es la de quererse a uno mismo

Decidir y elegir por nosotros es la elección que mayores garantías de felicidad nos ofrece. Por eso el proceso se articula en distintos puntos que siempre debemos tener en cuenta. Veamos algunos puntos clave:

Rodearnos de gente que suma, no que resta

La gente que nos aporta luz, que nos conmueve y nos considera es la gente que merece la pena y la alegría. Dejar a un lado aquellas relacionas que nos sumen en el sufrimiento es un principio de salud emocional que TODOS debemos tener muy claro.

Las personas auténticas son sinónimo de relaciones auténticas

Tendemos a realizar un copia y pega en nuestras relaciones. Solemos conformarnos con relaciones que son monótonas por el miedo a la incertidumbre y al vacío emocional. Las personas no siempre encajan con lo que somos o necesitamos, al igual que nosotros tampoco lo hacemos. Perder ese miedo y decirle adiós a la influencia del temor nos ayuda a liberar nuestros derechos de búsqueda de relaciones significativas.

Cultivar nuestras fortalezas nos ayuda a atender a nuestro YO interno

Para ser felices debemos realizar un viaje interior por medio del cual trabajemos nuestras características fundamentales. Si alguien o algo nos controla y no nos ofrece un apoyo que permita el crecimiento, estamos hipotecando nuestros puntos fuertes y cavando una profunda fosa para debilitarnos a través de nuestras necesidades.
Si equilibramos estos puntos, los cambios se acercarán a nosotros de una manera más natural y saludable. Por eso conviene que hagamos uso de nuestro amor propio en cada momento. Abrir los ojos y hacernos valer es un punto clave para conseguirlo.

No trates como prioridad a quien te trata como una opción

Deberíamos valorar solo a aquellas personas que nos valoran y no tratar como prioridad a quien nos trata como una opción. Resulta costoso hacerlo, lo cual en gran parte se debe a que habitualmente guardamos la esperanza de que el egoísmo se torne en agradecimiento y en interés mutuo.
Sin embargo, lo que estamos haciendo así es hipotecar nuestro bienestar a las voluntades de los demás, tapándonos los ojos ante las evidencias y no escuchando a nuestras necesidades afectivas, presos del egoísmo ajeno.
Con estas ideas arruinamos nuestro presente por alimentar las esperanzas de cambios que nunca llegan, muchas veces debido al recuerdo de un pasado que ya no tiene futuro.
De todas maneras en este sentido y aunque sea de manera fugaz e intermitente, somos capaces de darnos cuenta de que hay algo que no está funcionando como debe en nuestras relaciones, que las personas cambiamos y que con el tiempo mostramos nuestra cara menos amable y más interesada.

Lo que aprendemos con el tiempo
Hay un texto que se atribuye a varios autores (Borges o Shakespeare entre otros) que refleja de una manera estupenda aquello que aprendemos a lo largo de la vida.
Resulta un buen ejercicio repasar frase por frase y ver qué significa y qué podemos cambiar o comprender para mejorar en nuestras relaciones.

1.      Con el tiempo aprendí la sutil diferencia que hay entre tomar la mano de alguien y encadenar un alma.
2.      Con el tiempo aprendí que el amor no significa apoyarse en alguien y que la compañía no significa seguridad.
3.      Con el tiempo…empecé a entender que los besos no son contratos, ni los regalos promesas.
4.      Con el tiempo aprendí que estar con alguien porque te ofrece un buen futuro significa que tarde o temprano querrás volver a tu pasado.
5.      Con el tiempo…te das cuenta de que casarse solo porque “ya urge” es una clara advertencia de que tu matrimonio será un fracaso.
6.      Con el tiempo comprendí que solo quien es capaz de amarte con tus defectos, sin pretender cambiarte, puede brindarte toda la felicidad que deseas.
7.      Con el tiempo te das cuenta de que si estas al lado de esa persona solo por acompañar tu soledad, irremediablemente acabarás no deseando volver a verla.
8.      Con el tiempo te das cuenta de que los amigos verdaderos valen mucho más que cualquier cantidad de dinero.
9.      Con el tiempo entendí que los verdaderos amigos se cuentan con los dedos de la mano, y que el que no lucha por ellos tarde o temprano se verá rodeado solo de amistades falsas
10. Con el tiempo aprendí que las palabras dichas en un momento de ira pueden seguir lastimando a quien heriste, durante toda la vida.
11. Con el tiempo aprendí que disculpar cualquiera lo hace, pero perdonar es solo de almas grandes…
12. Con el tiempo comprendí que si has herido a un amigo duramente, muy probablemente la amistad jamás volverá a ser igual.
13. Con el tiempo te das cuenta que aunque seas feliz con tus amigos, algún día llorarás por aquellos que dejaste ir.
14. Con el tiempo te das cuenta de que cada experiencia vivida con cada persona, es irrepetible.
15. Con el tiempo te das cuenta de que el que humilla o desprecia a un ser humano tarde o temprano sufrirá las mismas humillaciones o desprecios multiplicados al cuadrado.
16. Con el tiempo aprendía construir todos tus caminos en el hoy, porque el terreno del mañana, es demasiado incierto para hacer planes.
17. Con el tiempo comprendí que apresurar las cosas o forzarlas a que pasen ocasionará que al final no sean como esperabas.
18. Con el tiempo te das cuenta de que en realidad lo mejor no era el futuro, sino el momento que estabas viviendo justo en ese instante.
19. Con el tiempo verás que aunque seas feliz con los que están a tu lado, añoraras terriblemente a los que ayer estaban contigo y ahora se han marchado.
20. Con el tiempo aprendí que intentar perdonar o pedir perdón decir que amas, decir que extrañas, decir que necesitas, decir que quieres ser amigo…. ante una tumba…, ya no tiene ningún sentido…
Pero desafortunadamente…esto solo lo entendemos con el tiempo.

(Fuente: La Mente es Maravillosa)
                                             

                                                                   
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