PSICOLOGÍA:
RESPONDIENDO PREGUNTAS
El arte de ser sabio consiste en ignorar con inteligencia
Sabio no es aquel que acumula muchos conocimientos y experiencias. Sino más bien quien sabe utilizar de forma efectiva cada cosa aprendida y, además, sabe ignorar con inteligencia todo aquello que no es útil, que no le permite crecer para avanzar como persona.
Sabiduría es también saber diferenciar el lastre de lo que le ofrece energía. Porque vivir es, al fin y al cabo, economizar y tener claro qué es lo importante.
Ahora bien, parece que la mayoría no aplicamos esta sencilla regla. Según un estudio llevado a cabo por el doctor Daniel Gilber, de la Universidad de Harvard, las personas tenemos una capacidad asombrosa de centrar la atención en cosas “que no están sucediendo”. Nos preocupamos por aspectos que no son importantes minando así nuestra capacidad de ser felices en el “aquí y ahora”.
El arte de saber ignorar con inteligencia no es fácil de aplicar en nuestro día a día. Se debe, sobre todo, a que ignorar supone en muchos casos alejarnos de ciertas situaciones e incluso de personas. Estamos ante un acto de auténtica valentía, que debe venir precedido por un tipo de discriminación meditada. Reflexionemos sobre ello.
La primera regla de la vida nos indica que la persona más sabia es aquella que sabe ser feliz y que es capaz de eliminar de su existencia todo aquello que le hace daño o que no es útil.
Ignorar con inteligencia es aprender a priorizar
Ser feliz es para muchos un arte donde en un momento dado, se aprende por fin a elegir, a tomar decisiones. Es más, trabajos tan interesantes como el estudio llevado a cabo en la Universidad de psicología de Oviedo por el psicólogo Ignacio Madera, nos explican que este proceso cognitivo es clave para el bienestar y equilibrio personal.
Para ello, es necesario adquirir una perspectiva no solo más positiva de las cosas, sino también más realista, ahí donde el autoconocimiento y la autoestima siempre serán fundamentales.
Cómo aprender a establecer prioridades
Para aprender a establecer prioridades es necesario dar a cada cosa que nos rodea su auténtico valor. No el que puede tener de manera objetiva, sino el que puede acumular en función de nuestras necesidades y deseos.
Para conseguirlo, debemos atender estas dimensiones.
Si nos cuesta elegir entre lo que es importante y lo que no, es porque tenemos un conflicto interno entre las cosas que queremos y las que sabemos que nos convienen. Además, tenemos miedo a “quedar mal”, “hacer daño” o incluso a actuar de una forma diferente a como esperan los demás si nos atrevemos a romper vínculos.
A mayor nivel de estrés y ansiedad, más nos costará establecer prioridades. Así pues, reflexionemos sobre qué situaciones y qué personas tienen auténtico valor para nosotras en momentos de calma personal, cuando estemos más centrados y relajados.
Pensemos en aquello que es importante para nosotros y no para los demás, sin temer a las críticas ajenas o lo que se pueda pensar por las decisiones que queramos tomar.
Entender que priorizar no es únicamente ignorar con inteligencia lo que nos hace daño. Es por encima de todo, reorganizar nuestra vida para encontrar espacios propios para ser felices.
Ignorar personas también es saludable
Según un interesante trabajo publicado en la revista Livesciencie, las relaciones personales que nos ocasionan estrés o sufrimiento afectan a nuestra salud mental. Experimentamos un aumento de cortisol en sangre y de la presión arterial, hasta el punto de correr el riesgo de sufrir problemas cardíacos severos. No merece la pena.
Aprender a ignorar a quienes no nos aportan nada
No se trata de ir a malas ni de hacer uso de chantajes. Ignorar con inteligencia es un arte que puede llevarse a cabo con elegancia y sin llegar a extremos innecesarios. Para ello, tendremos en cuenta estos puntos sobre los que reflexionar.
No nos preocupemos por lo que no podamos cambiar. Aceptemos, por ejemplo, que ese familiar seguirá teniendo esa actitud cerrada, que mi compañero de trabajo va a ser igual de entrometido. Dejemos de acumular emociones negativas como rabia o frustración y limitémonos aceptarlos tal y como son.
Ignoremos críticas ajenas mientras aumentamos la propia confianza. Es muy posible que en el momento en que decidamos poner distancia de quien no nos interesa, aparezcan los reproches. Debemos entender que las críticas no nos definen, las críticas no soy yo. Fortalecer la autoestima y saborear cada paso que damos en libertad lejos de quien nos hace daño, es un triunfo personal.
Cuando la ayuda es un acto interesado, es muy importante aprender a discriminar los actos de supuesto altruismo. Hay quien nos repite aquello de “yo lo hago todo por ti, para mí eres lo más importante”, cuando en realidad la balanza de esa relación se inclina siempre hacia un lado que no es el nuestro. Nunca existe el equilibrio.
Cuanto más ligero, mejor. En la vida merece la pena contar con “personas” y no acumular “gente”. Así pues, prioricemos y avancemos ligeros. Ligeros de enfados, rabia, frustraciones y, sobre todo, de personas que lejos de valer la alegría solo valen penas y distancias.
Para concluir, un modo de ganar en bienestar y paz mental es aprendiendo a tomar decisiones más valientes y en armonía con las propias necesidades. Pongámoslo en práctica.
El arte de ser sabio es comprender qué vínculos es mejor dejar de alimentar sin tener ninguna carga de conciencia por haber dicho “no” a quien jamás se preocupó en decirnos “sí”.
CINCO MANTRAS PARA RECUPERAR EL ÁNIMO Y LA ENERGÍA
¿Cómo podemos saber que nos relacionamos desde el SER y cómo sabemos que el EGO nos está boicoteando nuevamente en nuestro desarrollo personal?
Cuando sentimos que nos alejamos del bienestar, de la paz y de la armonía, aspectos en los que ya hemos conectado anteriormente, entonces debemos entender que el EGO está otra vez intentando manipular, tiranizar y boicotear. Ese es el juego del EGO.
No debemos frustrarnos por ello ya que es algo habitual, lo importante es darnos cuenta. Para los que empiezan ese camino y también los que ya llevamos tiempo en él, es importante entender que ese EGO quiere sacar el máximo provecho de todo, cosechar resultados, es su ilusión. Sin embargo, los que trabajamos en el SER confiamos más en el proceso inconsciente y en la vida con humildad que en la meta final y lo que hacemos es repensarnos transformando viejas formas de pensar en un nuevo enfoque y perspectiva cambiando nuestra mentalidad.
En la formación que imparto, algunos alumnos me preguntan si lo están haciendo bien, les digo que sí, pero que no es fácil, esto no es dos más dos igual a cuatro, a veces se retrocede, pero eso es parte del proceso de aprendizaje y no pasa nada, se trata de como cada uno se gestiona a sí mismo mientras se realiza el proceso y, por supuesto, lo hacen bien, se trata de detectar cuando el EGO te está sacando de tu centro armónico, tranquilo, relajado y esperanzado y aquí es cuando algunas veces este EGO te habla a través de tus pensamientos disruptivos, repetitivos y te generan perturbación porque te los crees sin tan siquiera cuestionarlos.
Cuando se ha iniciado el camino, las exigencias del EGO ya no son materialistas como antes, ahora tienen un cariz espiritual y oímos que nos susurra:
"Debería haber encontrado mi propósito!
¿Cómo que no estoy meditando una hora a diario?
¿ Y hoy porqué no he hecho mi clase de yoga?"
Este es el juego. La conciencia escucha estos pensamientos que están impregnados de un matiz espiritual. En este momento es mejor pensar que estamos en el viaje en lugar de sentirmos frustrados. No debemos dejarnos manipular por el EGO, porque se trata de un EGO disfrazado de SER.
¿Cuál es el juego del EGO?
Pues, ni más ni menos, que hacernos sentir mal, generar insatisfacción y perturbarnos. Si eso lo podemos ver claro sin dejarnos arrastrar por los pensamientos, podremos detectarlo y centrarnos en nosotros mismos sin culpabilizarnos, porque la sabiduría no pasa por una acumulación de conocimientos y actitudes modélicas, se trata de ser más conscientes, darnos cuenta de como actúa ese EGO castrador y acusador para alejarnos del bienestar.
No seremos más felices cuando honremos nuestro propósito o talento sino cuando estemos más en línea con nuestros valores, entonces estaremos más motivados.
El EGO siempre está cuestionándolo todo, sacándonos del momento presente y nos hace sufrir. Pero al ser conscientes de ello y de que nuestra mente es una fábrica de pensamientos neuróticos y perturbadores que muchas veces se disfrazan de espiritualidad, eso es ya dar un paso de gigante en nuestro desarrollo personal.
La pregunta es ¿desde dónde actúo? ¿desde el EGO disfrazado de espiritualidad o desde el SER? Porque muchas personas manifiestan propósito y espiritualidad pero se sienten tensionadas por dentro y no debería ser así porque el SER es paz y bienestar.
El verdadero sabio es la persona que está conectada con el instante presente, que es lo único que existe y en paz con la realidad tal como es en este momento y desde ahí construir el siguiente instante.
DESARROLLO PERSONAL
Floren Solà. Psicóloga, Logoterapeuta.
CADA AMOR ES INCOMPARABLE. CADA REENCUENTRO ES EXCLUSIVO, CADA RELACIÓN ES ÚNICA.
Hay teorías para todo, pero las teorías son solo eso, teorías, las personas somos muy complejas y cada persona, cada pareja es un mundo. Esta es la razón por la que cuando buscamos en internet o en redes explicaciones a lo que sentimos muchas veces las teorías y los estudios no reflejan totalmente nuestro sentir.
Encontraremos de todo: cómo volver con tu ex, reglas a seguir para volver con tu ella, cuando tiene sentido y cuando no lo tiene el volver con tu ex, estrategias, complicaciones de volver, pros y contras, olvidar, reemprender, continuar, volver a empezar una antigua relación, como volver a una relación pasada que no debió acabar, etc. Vamos a encontrar miles de artículos porque hay miles de situaciones y nadie nos va a poder decir lo que es mejor para nosotros, porque solo nosotras sabemos lo que queremos, lo que nos conviene y si dudamos o no lo sabemos vamos a tener que descubrirlo solas guiándonos de nuestra experiencia y sobre todo de nuestra intuición.
Y eso cómo lo vamos a poder hacer cuando nuestra vida es un caos. Pues bien, primero vamos a ordenar nuestra vida, eso sí podemos hacerlo. El segundo paso es hacer de la forma más honesta posible un repaso a nuestra historia personal incidiendo en ese periodo en el que estuvimos con esa pareja con la que pretendemos volver. El tercer paso es un análisis de nuestros sentimientos, expectativas y razonamientos, sin olvidar en qué momento estamos y está nuestra expareja, finalmente estableceremos el contacto intentando saber la situación física, psíquica y emocional de nuestra expareja.
Hemos de tener en cuenta varias cosas que nos van a ayudar. Ser realistas, saber si es una posibilidad real o es una idea fantasiosa. Y siempre tener en cuenta qué es lo que nos separó de esa pareja. Si fue maltrato del tipo que sea, está fuera de lugar volver.
Si quedan sentimientos, volver con una expareja, puede ser una buena opción (fenómeno psicológico conocido por economía sentimental).
Una de las cosas que experimentamos los seres humanos a lo largo del camino por la vida son las rutinas y algunas no son precisamente elegidas: un trabajo monótono, una vivienda que se ha convertido en rutinaria, una ciudad que te lleva una y otra vez a los mismos planes, las mismas atracciones, los mismos lugares, unas compañías monótonas, una pareja que acaba por aburrirnos. El paso del tiempo trae madurez pero también hastío y sensación de fracaso en muchas personas. Si a eso sumamos esos programas televisivos de telerrealidad, series y películas de ficción románticas o, al contrario, de relaciones tortuosas y además entramos en las redes sociales donde vemos no solo los perfiles de amigos sino también de nuestros ex, ya tenemos el caldo de cultivo para entrar en pensamientos bucle sobre nuestras relaciones pasadas.
A veces nos recreamos en esas exparejas y comenzamos a idealizar situaciones y también a la persona en sí. Ahí nuestra mente se vuelve perezosa en eso de volver a empezar a buscar directa o indirectamente pareja. Y, la pereza es bastante perniciosa ya que puede hacer que no escuchemos esa voz interior que nos advierte del dolor, la tristeza y el daño que nos hicieron. Y las emociones incluso las intensas como el sufrimiento o la tristeza pueden llenar vacíos que nos empujan a volver con parejas que han sido nefastas. Por tanto reconstruir o retomar una relación también puede ser una tentación o una meta. Estadísticamente las parejas que vuelven a estar juntas y les va bien llega al 50%, así que nos la jugamos.
Veamos ahora en general, sin entrar en la idiosincrasia de cada pareja en particular, las ventajas de ir a una relación anterior frente a entrar en una relación nueva, siempre que aún existan esos sentimientos de amor que nos unieron.
En una relación ya vivida sabemos muy bien donde nos estamos metiendo. Michael McNulty, terapeuta de parejas, dice que cada relación romántica tiene “diferencias perpetuas”. Estos son puntos de posible conflicto, como navegar en un espacio de vida compartido, el dinero, el sexo, los hijos, los amigos, la familia y otros. estas diferencias perpetuas representan el 69 % de los problemas que enfrentan la mayoría de las parejas en una relación. Por eso que algunas personas puedan querer volver a estar con una pareja anterior o tratar de aguantar con la actual.
Aunque a menudo comenzamos una nueva relación esperando que sea mejor que la anterior, hay que tener cierta cautela. Si estás en una relación y piensas en dejarla, ¡cuidado! porque básicamente estás intercambiando el 69 % de diferencias perpetuas con una pareja con el 69% de diferencias perpetuas para la otra parte.
Por tanto, si vuelves con un ex, al menos ya sabes cuáles serán esas diferencias perpetuas. Entrar en el ritmo de la relación puede parecer menos complicado que conocer a alguien nuevo y empezar de cero.
Otro beneficio de volver con un ex es la facilidad con la que podéis adoptar ciertas rutinas -probablemente ya confías en esa persona aunque sea en el sentido más pragmático.
Al mismo tiempo, este regreso puede hacerte ver lo que has madurado. Con una expareja, obtienes un fotograma de un antes y un después de tu evolución (también de la suya). Una de las razones más comunes para que los ex reinicien su romance es “sentir que han crecido y madurado”. Que entonces no estaban preparados, que la situación no era la idónea, las circunstancias estaban en contra, pero ahora sí es el momento.
A veces, con la sabiduría de los años y las experiencias en otras relaciones, las personas sienten que tal vez puedan resolver ese obstáculo que en su día fue insalvable o, simplemente, que ya no exista. En la fantasía o en la realidad, nuestras ex parejas también forman parte de nuestra historia, y podemos querer volver a esos lugares y a ese tiempo en los que en un momento fuimos felices.
Volver con una expareja puede tener sus ventajas y desventajas. Lo bueno es que la realidad ha demostrado que una nueva oportunidad, desde la experiencia que nos da el paso de los años, puede ser buena, especialmente si el otro es una buena persona.
«Siempre hay un poco de locura en el amor. Pero siempre hay también un poco de razón en la locura».
-Friedrich Nietzsche-
En ese estado de cosas, dar una oportunidad a la otra persona para que te eche de menos es una buena forma de acercamiento, aunque ese acercamiento a veces puede durar mucho tiempo, pero también tenemos que dejar que las cosas sucedan cuando ambas partes están preparadas para ello. Cuando queda mucho amor tras una ruptura se establece el deseo consciente e inconsciente de volver, aún existiendo sentimientos muy potentes de tristeza y sufrimiento.
El sentimiento más negativo es el miedo y debemos conocerlo puesto que este sentimiento nos bloquea e inmoviliza. Aun así, si una de las partes tiene el impulso casi instintivo de volver, va a tener que sufrir en silencio y dar la oportunidad a la otra parte para que sane sus heridas y pueda ver crecer su amor al tiempo que ve disminuir su miedo. Si hay odio y rabia no queda más opción que esperar a que desaparezcan y no dejarse llevar por la ansiedad sino dar tiempo a la otra persona para sanar.
Este tiempo es el que va a permitir a las dos partes a percibir la vida sin el otro y va a ser normal que se vayan sucediendo periodos de añoranza mutua. Poco a poco se va fortaleciendo la personalidad, se va madurando y se va asentando ese sentimiento de amor. Si en lugar de moderarte tienes cada vez más desesperación, es hora de replantearte la situación:¿De verdad es el amor lo que te une a tu ex pareja o más bien se trata de una fuerte dependencia?
La imposibilidad de vivir sin él o ella son una señal de que está en juego algo más que un gran amor. En cambio, si tras mucho tiempo aún sientes ese amor, en los más o menos largos contactos, si has sabido si era el momento o no, si has renunciado a presionarlo y si has dejado que pueda llenar sus necesidades y tener sus experiencias, ese amor va a ser lo más sólido de tu vida, algo que jamás nada ni nadie podrá romper nunca. Hay una película que refleja muy bien ese tipo de emociones y sentimientos con el paso del tiempo: One Day (Siempre el mismo día) 2011
Así que no mendigues amor. Aprende a estar contigo mismo/a y espera a que esa pareja esté preparada y quiera volver contigo, no importa el tiempo que pase, siempre es mejor estar preparado que quedarse corto. No creas que si le dices cuanto le echas de menos o le reiteras que sin ella no puedes vivir, va a caer en tus brazos, en realidad ocurrirá lo contrario.
No sobrecargues a tu ex pareja, deja que tenga sus vivencias y realiza también las tuyas, eso os enriquecerá a los dos. Dale una oportunidad y dátela a ti también. Recuerda que cuando se cortó la relación fue porque las cosas no marchaban bien sea en el sentido que sea, cuando queda amor tras esa ruptura es muy probable que se pueda retomar. El tiempo permite, a su vez, percibir la vida sin el otro, vivir experiencias nuevas.
El amor incondicional consiste en dejar libre a tu ex pareja si es feliz no estando contigo, no lo olvides, no es lo que yo quiero es lo que yo quiero para ti que te haga feliz aunque tenga que renunciar a ti.
Y finalmente haz un análisis exhaustivo de esa relación que terminó, que fue lo que llevó a la ruptura. Aprovecha la distancia para pensar con tranquilidad. Crece, madura. Examina tus errores y aprende. Haz lo mismo con los de la otra persona y piensa en ello, saca tus propias conclusiones. Al final cuando sientas que estás fuerte y tengas una vida satisfactoria, puedes buscar el acercamiento o quizá la vida te proporcione ese encuentro. En ese acercamiento valorareis y evaluareis honestamente si hay interés, hablareis a dúo sobre lo que sentís i será el momento de que ese fuego vuelva a prender y arderá, no lo dudes.
Floren Solà Psicóloga
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EL INCONSCIENTE, EL CONSCIENTE Y EL SUBCONSCIENTE
“Hasta que el Inconsciente no se haga consciente, el Subconsciente seguirá dominando tu vida y tú le llamarás destino”.
A diario nos damos cuenta que en pequeñas cosas de la vida es el inconsciente el que dirige nuestra vida y no tanto la voluntad.
Según Jung el arquetipo sombra se define como el aspecto inconsciente de la personalidad caracterizado por rasgos y actitudes que el consciente no reconoce como propios. El inconsciente lucha por mostrarse pero es reprimido continuamente por el ego. La sombra está formada por energía psíquica reprimida que se proyecta en el exterior. Hay muchas formas de alimentar a la sombra, la más usual es lo que conocemos por “Luchar por ser bueno o buena”.
Todos tenemos una doble historia, la que mostramos y la que ocultamos. Con la primera nos identificamos, la segunda la rechazamos. Es precisamente la historia oculta la que nos hace repetir una y otra vez situaciones, dramas y patrones que nos perjudican. ¿Cómo educamos a nuestros hijos? ¿Cómo creamos proyectos que no llegan a la meta porque nos boicoteamos? o ¿cómo fracasan relaciones al establecerlas con ideas preconcebidas? Vamos a poner algunos ejemplos: Imaginemos que queremos mejorar nuestra economía y queremos ganar más dinero. Para ello nos esforzamos mucho y dirigimos las energías a conseguirlo. Al fin, llega la oportunidad pero el inconsciente nos sabotea porque tenemos unas creencias contrapuestas a un nivel más profundo y que nos dicen que las personas con dinero no son honestas, que el dinero corrompe y trae problemas, mucha infelicidad, que conduce a una ambición desmesurada, que genera envidias. Todas esas ideas opuestas no permanecen en la mente, el inconsciente va a buscar la forma de que no alcancemos ese objetivo porque no queremos ser deshonestos, corruptos e infelices y no queremos sufrir por poseer más dinero.
Otro ejemplo sería en la educación de nuestros hijos, la cual queremos que sea respetuosa con nuevas técnicas y métodos que contemplen la paciencia, la escucha activa, la comprensión y la ecuanimidad, pero nos encontramos que a pesar de la buena voluntad y la convicción de hacerlo bien perdemos los papeles y gritamos, amenazamos y castigamos a nuestros niños repitiendo patrones aprendidos y entonces nos sentimos frustrados. Eso ocurre porque muchas veces tenemos esa creencia inconsciente, que el entorno social nos ha transmitido, de que los niños y niñas que se portan mal, de alguna manera, tienen que ser castigados. Otro ejemplo nos lleva a las relaciones de parejas que queremos que sean unas relaciones donde impere el amor incondicional, la confianza mutua, el respeto y la armonía, pero nuestras creencias aquí tampoco nos acompañan, porque dependiendo de lo que hayamos aprendido y la información acumulada en el inconsciente esto afectará a nuestras relaciones de pareja y a los vínculos. Así, podremos desear tener confianza, pero sin conseguir dominar los celos, proyectando sobre las parejas nuestros miedos no resueltos porque no hemos conseguido alinear el consciente con el inconsciente topándonos directamente con el fracaso.
Jung contempla la Psique como una unidad de procesos conscientes e inconscientes, en la que encontramos la personalidad o ego y la sombra como parte oculta. La parte consciente de la Psique ocupa un 5% y la inconsciente un 95%. Y esta parte consciente, muy inferior, va intentando continuamente bloquearnos, controlarnos, nos indica lo que está bien y lo que está mal, lo que hay que hacer, lo que no, las creencias y como interpretar la vida; así vamos creando nuestra sombra que se almacena en el Inconsciente pero no se queda ahí si no que se va expresando en lo que hacemos. Está en esas reacciones que no acabo de entender y que justifico cuando algo va mal. En esos errores repetidos tantas veces y que parece que nunca aprendo de ellos. Esas discusiones que siempre acaban con dolor de cabeza y una gran frustración y en esos conflictos en las relaciones que se repiten.
En realidad el destino es algo que estamos creando continuamente en nuestras vidas. Tomar conciencia de ello y permitir que esa sombra salga, la acepte y la reconozca por doloroso que sea, será lo que me va a permitir cambiar el rumbo de mi vida y mejorarla. La sombra la estamos creando continuamente, el reconocerla y ser consciente de ella al tiempo que vamos trabajando con ella y la vamos aceptando es un trabajo que no acaba mientras seguimos vivos. Al conectar, aunque sea con un mínimo aspecto de ella, por sutil que sea, adquirimos fuerza, creatividad, inspiración y coherencia lo qual nos permite avanzar mucho mejor en nuestra vida. Como dice el psicólogo Enric Corbera: “Nuestra sombra es una de las fuentes del agua de la vida y por mucho que se intente ocultar, ésta siempre acabará manando.” Esta agua de la vida es la esencia de la espiritualidad en el sentido no religioso, porque una mente que está integrando constantemente su parte oscura con su personalidad, está integrando las dos polaridades, pudiendo sacar la mejor parte para desarrollar sus capacidades espirituales además de las físicas y mentales. Al aceptar nuestra sombra alcanzamos nuestra plenitud.
El inconsciente familiar –ese arquetipo – acumula experiencias y vivencias de nuestros ancestros, todo lo no dicho, los secretos, los incestos, los hijos no deseados, los abusos, los malos tratos, violaciones, muertes… Nina Canolt, autora del libro “como reparamos los errores de nuestros antepasados”, nos viene a decir: “una historia transmitida con una falsa explicación a los familiares, provoca destrozos en el inconsciente de los descendientes.” Por ejemplo, obsesiones e ideas que no se acaban de comprender, conductas compensatorias, sufrimientos, comportamientos que llevan al sufrimiento propio y ajeno y que no acabamos de entender pero que hay un impulso que llevan a realizarlas.
Además de la familia la sombra tiene muchos otros senderos, una de las formas que tenemos de compensar las sombras familiares transmitidas es con nuestras parejas y no me refiero solo a las parejas sentimentales, también parejas de socios, compañeros de trabajo, amistades etc. Se llama a esta forma de compensar estas sombras resonancias familiares. Se trata de la información que se ha acumulado en el inconsciente, al final esas alianzas con nuestras parejas, del tipo que sean, serán espejos perfectos de todos los “no dicho” y de las omisiones que ha habido en nuestras familias. La información que llevamos cada uno resuena en las relaciones que establecemos en nuestras vidas. Por eso es importante prestar atención en lo que vemos en esa persona que nos gusta o en aquella que nos desagrada.
Françoise Dolto, médico y psicoanalista nos dice que “Al final el niño integrará en su inconsciente mucha información que él no va a poder procesar, pero que estará condicionando su forma de vivir.”
Una de las mejores cosas que podemos hacer es tomar conciencia de ello y sanar nuestras relaciones interpersonales para favorecer a nuestros niños.
Reequilibrar nuestra sombra requiere del consciente y del inconsciente. La sombra reprimida la podemos proyectar en nuestro trabajo, con nuestros amigos, parejas, vecinos, en nuestra cultura, en los nacionalismos intransigentes, en los activismos exacerbados etc. Utilizamos la sombra para asustar a los niños: “mira que viene el hombre del saco” o peor aún “Si no eres bueno no te querré”.
La sombra cuando se manifiesta suele ser explosiva o tener un efecto desproporcionado ante una situación dada. Eso nos descoloca porque no llegamos a explicarnos nuestras reacciones. Hay acciones como aguantar inferencias de nuestra pareja, familia u otras personas cercanas que nos obligan a hacer cosas que no deseamos y todos los “tengo que” “debo de" son expresiones derivadas de ello que nos obligan y nos indican que estamos acumulando sombra. Así como las historias que nos contamos a nosotros mismos para justificarnos y además convencernos que sí, sí queríamos hacer tal o cual cosa o no, no queríamos hacerla. Así pues, las soluciones o los conflictos en nuestras vidas pasa por toma de conciencia de la sombra e integrarla mediante el “no juicio” y la plena aceptación entendiendo que toda experiencia en la vida tiene un sentido y sabiendo honestamente donde quiero estar y que quiero hacer, así como dejar de buscar culpables fuera de mí.
Esta es una forma de honrar a nuestros ancestros, respetar nuestra familia y entender nuestras actuaciones. Al no juzgar y comprender que, por ejemplo, otros miembros de la familia actuaron de cierta manera, entendemos el porqué de sus reacciones y acciones según lo que llevaban en sus sombras y tomamos conciencia de que nuestros antepasados no supieron o no pudieron hacerlo de otra forma mejor. Sí que es cierto que todos llevamos una carga, pero es nuestra alma la que asume eso y cuando eres consciente de ello empiezas a tener otra visión de las cosas siendo más auténtico y alineado con tu inconsciente. Connie Zweig y Jeremiah Abrams en su libro “Encuentro con la sombra. El poder del lado oscuro de la naturaleza humana”, nos dice una frase que resume lo anterior: “Probablemente terminaremos sintiéndonos inclinados hacia aquellas personas que compensan nuestras propias carencias y correremos el riesgo de no desarrollarnos por nosotros mismos”.
Muchas veces elegimos una pareja porque vemos en ella esa manera de ser que a mí me gustaría o que puede realizar cosas que a mí me es muy difícil hacerlas.
Como dice Enric Corbera: “Al esconder nuestra sombra apagamos nuestra luz”.
Tennessee Williams dijo: “Mata a mis demonios y mis ángeles morirán también" Nosotras nos podemos preguntar: ¿Cuánta sombra hemos llamado destino en nuestra vida?
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BUSCANDO LA FELICIDAD ¿QUÉ ES LA FELICIDAD?
La felicidad es difícil de definir, debe experimentarse para conocerla. No hay una única idea que defina la felicidad, ni una guía, ni claves para la felicidad. Podemos hallar estudios que nos den una aproximación a la experiencia del bienestar físico y psicológico pero la felicidad en realidad es un proceso, un camino y se puede experimentar por momentos más o menos largos, más o menos intensos. La felicidad tiene relación con el sentido de nuestra vida. ¿Qué es lo que deseamos?, ¿qué es para cada una de nosotras vivir?, ¿qué nos hace sentir bien, plenos y realizados? ¿A qué le damos valor? Son estas y otras preguntas similares las que nos van a dar la pauta de como ser felices en nuestro andar por la vida. Esto además nos ayudará a encontrar sentido a nuestra vida, a discernir en este mundo que ya perdido el “norte” y el sentido, cuál es el nuestro, a donde nos dirigimos, quienes somos, qué estamos haciendo y como nos sentimos con todo ello. Preguntas y respuestas que nos darán la clave de qué es lo que buscamos, acaso son nuevas sensaciones que experimentamos de forma rápida, gratificaciones del momento que enseguida nos dejan un vacío que nos afanamos en volver a llenar. La comida, bebida, el juego, las compras, ¿de eso se trata ser felices?
La verdadera felicidad no puede ser eso tan efímero, esas cosas materiales que una vez las posees deja de tener interés. Esas personas a las que nos aferramos exigiendo amor cuando no somos capaces de dárnoslo a nosotras mismas y menos de darlo a la otra persona. Decimos “quererla” pero querer algo o a alguien es poseer. Yo quiero una manzana, la quiero para un beneficio propio, saborearla, comerla, nutrirme de ella. Amar es diferente de “querer”, amar no es poseer, amar es entregar y con esa entrega que hace feliz a la otra persona es experimentar esa felicidad. Eso es amor incondicional y ese es el camino a la felicidad. La felicidad es encontrar los auténticos valores personales, esos que nos hacen ser y sentir que somos buenas personas o que nos ayudan a ello. Tener unos principios claros ayuda a clarificar a donde nos dirigimos y entender el mundo en el que estamos y encontrar la felicidad con nuestra forma de vivir, de ayudar a los demás desinteresadamente, de ser coherentes con nosotras mismas. Viktor Frank’l decía que él había encontrado el sentido de su vida ayudando a otros a encontrar el suyo, eso se puede decir que es realización, por tanto, felicidad. La felicidad sin significado caracteriza una vida relativamente superficial, decía Frank’l y este es uno de los signos de nuestro tiempo. Por eso Frank’l nos invitaba a dejar de buscar la felicidad, Hoy parece que sea una obligación el ser felices y ahí están los cientos de libros de autoayuda, las dietas para vernos más bien, decretos y frases prefabricadas de ser felices. Jung dijo que la felicidad requiere que seamos capaces de mirar primero en nuestro interior. Solo cuando despertamos, solo cuando hacemos consciente lo inconsciente y dejamos atrás las sombras, nos sentimos libres para alcanzar aquello que nos hace felices. Jung hacía referencia a ese proceso mediante el que logramos convertirnos en individuos psicológicos libres, pero unidos en todas nuestras partes. Sin miedos, sin angustias, formando una totalidad donde nada queda en la sombra, ahí donde lo inconsciente se vuelve consciente y tenemos claros nuestros propósitos.
Si pensamos en la vida de personajes como Oliver Sacks, Jung, Kant, Rilke o Frankl, entendemos por qué todos estos hombres nunca buscaron la felicidad. Buscaron, más bien, algo que le diera sentido a su vida y con ello quedaron para siempre impresos en lo que ninguna catástrofe puede borrar. “Ningún hombre puede vivir sin significado”, dijo Jung alguna vez. Algo realmente grave sucede cuando el ser humano deja de buscar un sentido más grande que sí mismo y se dedica a recibir placer. La búsqueda de sentido implica, desde luego, discusiones, angustia, tristeza y decepción. Pero sin estos mecanismos de duda es difícil trascender o llevar una vida que, aunque no feliz, sea un poco más plena. Si existe un sentido del todo, escribió Frankl, entonces debe haber sentido en el sufrimiento. El ser humano siempre apunta, y está dirigido, a algo o alguien distinto de uno mismo; ya sea un sentido de satisfacer o el conocer a otro ser humano. Entre uno más se olvida de sí mismo –al entregarse a una causa para servir o a otra persona que amar– más humano es.
La eudaimonía o la clave de la felicidad según Carl Jung
Eudaimonía significa tener buena fortuna, riqueza o felicidad. Es un florecimiento interno que según Carl Jung todos deberíamos promover tomando contacto primero con nuestro propio daimon. Se trata de un genio interno, de un arquetipo que guía nuestras pasiones y motivaciones inconscientes, ese que define nuestras esencias y al que deberíamos escuchar más a menudo.
Si hay algo que abunda en exceso en casi cualquier lado (librerías, redes sociales, mensajes impresos en nuestra ropa) es la necesidad de ser felices. No hay anuncio de televisión donde no se nos sugiera que al beber ese refresco o tener ese móvil, experimentaremos nuevas y maravillosas sensaciones. Hay una visión de la felicidad actual que adquiere un tono casi imperativo.
“El carácter del hombre es su daimon”.
-Heráclito-
Vivimos una postmodernidad donde esa obligación por ser felices nos lleva muy a menudo a la propia infelicidad. Recordemos, por ejemplo, lo que nos dice el matemático y filósofo Nassim Nicholas Taleb en su libro El cisne negro: las personas aún creemos que todo el mundo está lleno de cisnes blancos, que basta con esforzarse para conseguir lo que uno desea, que las promesas que nos hicieron de niños ser harán un día realidad.
Sin embargo, según Taleb, nuestro mundo es tremendamente complejo. Tanto, que cuando vemos un cisne negro no sabemos cómo reaccionar, nos volvemos vulnerables porque no sabemos gestionar los imprevistos y la incertidumbre. La felicidad, por tanto, nunca podrá hallarse si ponemos la mirada en el exterior. Debemos fortalecer nuestro carácter, nuestro daimon, como diría el propio Carl Jung.
La eudaimonía y la importancia de conocernos a nosotros mismos
Uno de los herederos del legado de Carl Jung fue James Hillman. Este analista junguiano fue uno de los exponentes que más profundizó en el concepto de los arquetipos, y más concretamente, en la ideal del daimon. En su libro The Souls Code nos recuerda la importancia de tomar contacto con ese genio o “demonio” interno para poder construir una vida plena, una felicidad real. Para comprender mejor esta interesante teoría, analicemos con detenimiento lo que nos revela el profesor Hillman en su libro.
¿Qué es un daimon?
Daimon en griego significa demonio. Sin embargo, lejos de tener una atribución negativa o maligna, simboliza en realidad la entidad más elevada del ser humano. En la ética de Aristóteles, daimon era virtud y la sabiduría en su aspecto más práctico.
Carl Jung, por su parte, nos explicó que el daimon habita en nuestro inconsciente. Guía muchos de nuestros actos, nos impulsa, nos susurra ideas, nos inspira y da voz a nuestra intuición. Sin embargo, en la sociedad actual y en el ritmo de vida que llevamos a día de hoy es común alejarnos de esa voz interna.
Una educación orientada a formar personas iguales y un mercado laboral que no valora la originalidad, merma por completo la oportunidad de sacar a la luz este duende interno. Esa entidad está llena de vitalidad, tiene un enorme potencial y clama por liberar su impulso creativo, sin embargo, no siempre nos atrevemos darle su espacio.
El daimon y la eudaimonía: cuestión de valentía
El doctor James Hillman nos sugiere que pocas cosas son tan decisivas como aprender a escuchar a ese espíritu, a esa entidad mágica y colorida que habita en todas nuestras motivaciones. Por ello, nada puede inspirarnos más que esa frase que estaba inscrita en el pronaos del templo de Apolo en Delfos: “conócete a ti mismo”.
Quien deja de poner su mirada en el exterior, en lo que quieren los otros y se inicia por fin en el viaje del autoconocimiento, logrará alcanzar a su daimon.
Ahora bien, abrazar la eudaimonía no siempre es fácil. Porque en ocasiones, el daimon quiere cosas que nuestro entorno no entiende. Tal vez el abogado no quiera ejercer la abogacía, tal vez desee ser artista. Puede a su vez que el artista famoso y acaudalado, ya no quiera crear, puede que su daimon le pida ejercer una labor humanitaria. Puede también que nuestro daimon nos clame mayor independencia, espacios propios y libertades que ahora no nos atrevemos a pedir.
La eudaimonía exige sin duda altas dosis de valentía. Aún más, si nos atrevemos a escuchar a esa voz interior, a ese daimon inquieto y hambriento por hacer cosas, nos someterá a diferentes castigos. Tal y como nos recuerda Carl Jung, si no somos capaces de escuchar las necesidades del daimon, nuestra alma enfermará. Porque ir en contra de nuestros deseos y motivaciones trae la infelicidad.
¿Cómo cultivar la eudaimonía?
Sabemos ya que nada puede ser tan decisivo como favorecer el autoconocimiento. Tomar contacto con nuestros deseos, nuestras esencias, identidades y valores personales es sin duda un modo de abrazar nuestro daimon y de reconocerlo. Sin embargo, no basta con tomar contacto con él, con decirle “sé que estás ahí”. Debemos darle libertad, libertad creativa, libertad de expresión.
Cultivar una auténtica eudaimonía exige hacer cambios, implica dejar a un lado esquemas impuestos desde el exterior y ser capaces de crear nuestra propia realidad. Así, debemos ser a su vez plenamente conscientes de la complejidad de nuestro entorno, ahí donde lo imprevisto, la incertidumbre y las dificultades serán constantes. El daimon quiere cosas, pero para alcanzar la eudaimonía debemos lidiar también con unos escenarios donde no es fácil expresarnos, realizarnos.
En relación a esto mismo nos viene bien recordar lo que Immanuel Kant nos explicó una vez: para ser felices debemos aprender a ser sagaces. Es decir, debemos ser capaces de elegir los medios adecuados para conseguir la mayor cantidad bienestar propio. Queda claro que tal empresa, tal finalidad, no es nada fácil.
Por ello, siempre tenemos a nuestro alcance la terapia Junguiana. Este enfoque terapéutico está orientado precisamente a este fin, a poner a nuestro alcance la eudaimonía, ayudándonos a discernir nuestras singularidades y potencial para alcanzar la felicidad que queremos, la que se ajusta a nosotros mismos.
“El arte de vivir implica saber cuando aferrarse y cuando dejar ir”. Havelock Ellis
La metáfora de la mochila cargada a nuestra espalda alude al significado de un peso subjetivo derivado de la carga emocional y también, por qué no, material.
Estas cargas suelen tener caras, tamaños y significados muy diferentes. Algunas pueden expresarse en forma de conflictos no resueltos, otras a través de heridas mal curadas, etcétera. Lo importante en este caso es que dichas experiencias repercuten en nuestro estado de ánimo y en nuestro modo de enfrentarnos al día a día.
En el mundo actual, la sobrecarga parece ser algo natural, algo con lo que nacemos y debemos aprender a vivir sin dar muestra de disgusto por ello. La necesidad del ahora, de la inmediatez o del nunca, nos tiraniza convirtiéndonos en esclavos de nuestros propios pasos. Resulta curioso como a través del caminar tomamos conciencia de nuestra lentitud al andar y es justo allí, en ese punto muerto, donde tomamos conciencia de que algo nos está arrastrando sin dejarnos avanzar.
A veces ese algo puede ser una persona, una relación tóxica, puede ser también un sentimiento mal gestionado como la culpa, una emoción enquistada con la que no conectamos del todo o por qué no, una falta de autoestima y autoconocimiento. Todas estas experiencias, nos tiñen y transforman, configurando parte de nuestra historia; sin embargo a estas alturas del viaje lo realmente importante es aprender a resolver la siguiente pregunta.
Llevar a cuestas nuestra mochila emocional sin sacar de vez en cuando lo que llevamos dentro genera heridas emocionales que son importantes sanar.
¿Cómo podemos vaciar?
Desde la perspectiva terapéutica, resulta realmente importante que las personas aprendamos a vaciar nuestra propia mochila y así poder proseguir con nuestro viaje sin dañarnos a nosotros mismos y haciendo más confortable nuestra experiencia de vida.
Por complicado que resulte, es importante hacer hueco a nuevas experiencias, que oxigenen nuestra mochila y rompan con anclajes ya pasados y trillados. Durante este proceso de soltar, deberemos dejar ciertos pesos en nuestro camino y será muy habitual a medida que vayamos avanzando que volvamos la vista atrás por la simple inercia de recuperar aquello que tanto tiempo nos acompañó durante nuestro proceso de crecimiento. Pero creedme, esta intención de volver recoger lo que quedó a atrás no es más que vértigo ante lo desconocido, a la incertidumbre y a lo que sucederá.
El acto de vaciar implica un acto de consciencia, de reflexión, de escucha y de reparación, a través de la cual, atendemos a nuestros pesos sin perder las ganas de seguir adelante ni dejar el presente en manos del pasado, ya que soltar no es un simple adiós, más bien un agradecimiento por lo aprendido y por lo que sucedió.
Descarga tu mochila emocional.
Cada uno de nosotros soporta en su espalda el peso de las situaciones vividas en forma de mochila emocional. Su contenido son recuerdos y experiencias de diferentes tamaños que de alguna manera no hemos soltado y quedan reflejados en nuestra piel.
Si no aprendemos a vaciar nuestra mochila de las experiencias tóxicas y negativas, cuanto más tiempo pase, más cargada estará y mayor peso tendremos que soportar, repercutiendo en nuestro estado de ánimo y en nuestras futuras elaciones.
No es lo mismo avanzar con heridas emocionales que se abren y duelen que con heridas que hayan sido sanadas y nos han proporcionado una oportunidad de aprendizaje.
El fantasma de la culpa, la sensación de traición o abandono, las voces críticas, los vacíos de las ausencias o la carga de la frustración conforman entre otras cosas ese peso que nos hace caminar despacio y nos impide disfrutar con plenitud. Son experiencias que nos tiñen y transforman y que configuran parte de nuestra historia. Pero, ¿cómo vaciarnos de ello si llega un momento en el que forma parte de nosotros?
Revisa tu mochila y reflexiona sobre lo que llevas dentro, tanto lo que hayas incorporado tú como lo que hayan depositado otras personas. Tómate tu tiempo. Aunque no puedas verlo, está presente en tu día a día. Ten en cuenta que muchas de tus reacciones tienen que ver con el peso que soportas; para aliviarlo tendrás que aprender a diferenciar entre lo que te ayuda y lo que no. Llevar tu mochila a rebosar es un lastre para cualquier avance que pretendas hacer.
No dejes que tu mochila se sobrecargue hasta llegar al punto de que no puedas casi moverte y la vida, en general, te pese. No pierdas las ganas de seguir adelante ni dejes tu presente a manos del pasado. Tampoco te obsesiones con olvidar, porque el olvido no es amigo de la intención.
Por incómodo y complicado que resulte tienes que sacar lo que llevas dentro, para aprender a crecer con ello en lugar de anclarte. El primer paso consiste en reconocer qué provoca nuestro peso y aceptarlo.
Puede que incluso te inunde un sentimiento de identidad y de apego que te impida, en un principio, deshacerte del peso que conforma tu mochila emocional. Ese vértigo es el miedo enmascarado, fruto de la rutina, te has acostumbrado tanto a esas heridas que si faltan parece que no eres nadie y se origina un vacío. Pero créeme, solo es el temor a la incertidumbre y a lo desconocido: el temor a soltar.
Aprende a vaciarla soltando todo aquello que te tiene preso del pasado y te agota. Acepta tus errores, identifica y conoce tus emociones, dale alas a tus sueños, descubre tus fortalezas, valórate y sobre todo, aprende que crecer es aceptar lo que te pasa y no luchar contra ello.Encuentra una enseñanza en tus vivencias. Recuerda que a veces soltar no es un simple adiós sino un agradecimiento por lo aprendido para seguir avanzando con más sabiduría.
¿Cómo evitar que tu mochila emocional dañe tus relaciones?
Por supuesto cada experiencia vivida nos deja una huella de una u otra manera, tenemos marcas en la piel, pero lo importante y lo que provocará la diferencia es qué hacemos con ellas, las podemos usar para crecer o para justificar lo que no sabemos afrontar y gestionar. En consulta veo, en muchos momentos, cómo una parte de la pareja justifica y defiende sus conductas disfuncionales con los traumas y malas vivencias del pasado, por ejemplo, soy inseguro y te controlo porque en mi pasado me han engañado. No debería ser así, esto lo que muestra es que no se ha hecho un proceso emocional ni la gestión necesaria para pasar del trauma al aprendizaje.
Lo primero que recomiendo a la parte de la pareja que lleve la carga emocional es que revise la mochila y reflexione sobre lo que lleva dentro, aunque no lo creamos gran parte de las reacciones y del estado emocional del día a día tiene que ver con lo que soportamos a nivel emocional. Por incómodo y complicado que resulte se debe analizar qué hay dentro y aprender a aceptarlo, ese es el primer paso, pero hacen falta dos más.
El segundo es aprender a vaciar la mochila soltando todo el peso del pasado, aceptar los errores, identificar las emociones y buscar el camino para resolverlas, muchas veces hace falta un apoyo externo para superar las vivencias negativas, un psicólogo.
Y el tercer paso es compartirlas con la persona que te acompaña, tu pareja. Ésta también tiene derecho a ser consciente de lo que puede afectar y/o condicionar la relación. No acostumbramos a tener presente que el pasado y el cómo lo tengamos ubicado afecta el ahora.
Pero es importante también el papel que adopte la pareja, puede ser un apoyo, sí, pero no debe encargarse ni responsabilizarse de ello porque ahí empieza la toxicidad. Cuando la pareja coge el trabajo emocional del otro, se hace responsable y asume un papel de educador, maestro o psicólogo que no le toca, genera una dinámica disfuncional en la relación.
En definitiva se trata de soltar y eso nos cuesta. A veces, ciertamente las circunstancias que no elegimos no nos ayudan a soltar lo que nos daña. Sin embargo, podemos tratar de asumir ciertas incomodidades sin caer en sufrimientos añadidos. Y para ello deberemos elegir dónde colocar nuestra mirada, darnos otras explicaciones. Esto significa, hacerse nuevas preguntas, fijarnos en nuevos detalles y cambiar algunos hábitos. Cuánto más vacía esté la mochila más fácil resultará. Otro elemento importante que nos impide soltar lo que nos daña es empecinarnos en que algo salga tal como lo habíamos planeado, que encaje en nuestros esquemas de la forma que lo habíamos imaginado. Entre lo que imaginamos y lo que sucede existe un gran abanico de posibilidades.
La vida, es pues, un continuo flujo de cosas, relaciones y situaciones. Todo va y viene en una constante oportunidad de mejorar y prosperar. Si queremos tener una vida más rica y próspera con nuevas oportunidades debemos crear espacio en nuestro corazón y en nuestra mente, limpiando y sanando para que lleguen esos cambios deseados y también para pasar página, cerrar círculos o terminar etapas. Eso nos va a permitir, si lo hacemos bien, terminar con viejas creencias del pasado. Solo una actitud más abierta, amorosa y más lúcida hacia nosotros mismos, puede ayudarnos a identificar lo que ya no nos sirve. Elegir darnos tiempo en lugar de criticar, juzgar o exigirnos siempre, es la única forma de realizar verdaderos cambios en nuestra vida. Nos convertimos en lo que pensamos y hacemos . La impaciencia y el perfeccionismo solo crean obstáculos y sensaciones desagradables de que una no vale y de que algo nunca llegará, dándo así razón al pasado. Aferrarse así al pasado por miedo a no saber quien somos sin la mirada o la aprobación del otro o por temos a tener que reconstruir-se sin otro modelo que el nuestro despues de habernos abandonado tanto tiempo, es ponerse piedras en el camino impidiendo que el flujo natural de todo lo bueno fluya y podamos vivienciarlo. Es una forma de estancarnos, bloquearnos e impedir que lo que más nos llena y hace felices se pueda producir.
Vamos pues, por todas esas razones y otras muchas a descargar nuestra mochila.
El corazón tiene razones que la razón ignora. Blaise Pascal
El corazón es a menudo más fuerte que la razón. Las razones del corazón no son siempre racionales, las ganas y el deseo, la razón las ignora.
Además, ¿por qué ser razonable en el amor, por ejemplo?
A veces es difícil comprender la atracción que podemos sentir por una persona y entender porque hacemos cosas contra natura por otra persona. Porque el corazón no escucha a la razón. Es así de sencillo (y complicado). Sin embargo el paso del tiempo, el mayor conocimiento de la otra persona, el formarse una nueva imagen de ella permite eliminar la atracción, la fantasía y es esa nueva realidad la que hace que el corazón y la razón remen al mismo compás. Así pueden pasar los años hasta que nos damos cuenta que aquello que en un momento nos sirvió, hoy ya no funciona de la misma manera. Nos damos cuenta que nos habíamos congelado en el paradigma.
Se trata de ver la vida con otra mirada, para lo cual deberemos retroceder al paradigma original, ya sea mental o emocional, porque sólo desde la verdad que hallemos podremos sanarnos.
Eso, evidentemente, no es fácil porque vamos a encontrarnos en un juego de emociones y racionalidades intenso, fuerte. En todo caso será un proceso incómodo en el que tendremos que utilizar potentes herramientas desde la emoción y desde la razón para restablecer el equilibrio.
“Acéptate tal como eres y habrás silenciado al más severo de los jueces. “
Aquí es donde trabajaremos con la autoestima y el autocuidado. Entender lo que somos y cómo somos, potenciar el amor hacia uno mismo. Aceptar lo que somos entendiendo que ninguna persona es mejor que otra en una relación, entender que somos diferentes y cada uno tenemos nuestras fortalezas y debilidades. No buscar cambiar lo que somos –nuestro paradigma real- aunque sí que podemos incorporar nuevas herramientas con las que potenciar las facetas que deseemos. La autorregulación incorporada a través de prácticas como el yoga y la meditación, junto con el acompañamiento de la psicoterapia, son prácticas muy eficaces para llevar con éxito estos tipos de procesos de integración del Yo interno. Este yo integrado toma decisiones y regula nuestras emociones basándose en lo que nuestro corazón (el yo emotivo) nuestras vísceras (el yo sensorial e intuitivo) y nuestra mente (el yo cognitivo y neuropsicológico) nos dicen, de común acuerdo, que es cierto. Cuando se halla incorporado un conocimiento integrado y sutil del yo, se es capaz de vivir tanto intuitivamente como a partir de los conocimientos de que al cabo de los años hemos ido haciendo acopio. A esta integración de nuestras personalidades emotiva y racional se entiende en términos de “mente llena de sabiduría”, de esta forma, una mente sabia agrega el conocimiento intuitivo y el análisis lógico a la experiencia emocional.
“Sabiduría no es acumulación de hechos, nombres o información. Sabiduría es la transformación que conseguimos en nuestro espacio interior.”
Por eso acabaré diciendo desde mi perspectiva de psicóloga, que ante algo crucial, como puede ser la elección de una carrera universitaria o un trabajo, debe primar la cabeza, pero y aquí vine el quid de la cuestión, no hay que olvidar que el corazón es el primero que guía las decisiones. Y es que, a veces es muy difícil dejar de lado nuestro corazón, ¿verdad?

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DE RELACIONES Y EMOCIONES
L Las relaciones, las emociones, los sentimientos, el amor…En este artículo os voy a hablar de las relaciones sentimentales, el dolor emocional de la ruptura, los vínculos y el apego. Vamos a tratar conceptos como la finalización de una relación, el recurso de contacto cero, el aprendizaje de estar solos tras una separación, amarnos para amar, el amor incondicional y cómo desarrollar un apego seguro.
FINAL DE UNA RELACIÓN PERO NO FINAL DE DEJAR DE PENSAR EN ELLA
Algunos se centran en su trabajo, otros inician a la desesperada una nueva relación. Sin embargo, nada de esto les permite dejar de pensar en su expareja, en esa persona que les dejó y que sigue ocupando espacios en la mente y en el corazón. ¿A qué se debe?
¿Por qué no puedo dejar de pensar en mi expareja? Ha pasado un mes, seis meses e incluso un año y la mente sigue adherida a esa persona, a esa relación fallida que de algún modo condiciona nuestro presente. ¿Por qué ocurre? ¿Qué tipo de mecanismo psicológico es el que nos impide poder pasar de página y avanzar?
Nos encantaría disponer de un botón que nos permitiera borrar a voluntad el sufrimiento e incluso ciertos recuerdos. Sería perfecto poder oprimirlo para lograr, al menos, bajar la intensidad del recuerdo e impedir que esa persona deje de ocupar nuestro pensamiento de manera tan invasiva, dolorosa… Porque hay amores que se anclan al cerebro y dan paso a estados obsesivos y desgastantes.
Todos conocemos o hemos vivido esa sensación en la que alguien es incapaz de dejar del todo una relación. Los mensajes siguen enviándose, anhelando una respuesta; un “visto”, al menos. La persona, incapaz de aceptar la situación, continúa revisando las redes sociales del otro a diario, padeciendo ante cada foto al ver cómo la expareja sigue con su vida, iniciando incluso nuevas relaciones.
“Ayúdame a dejar de pensar en mi expareja”. Muchas personas acuden a terapia psicológica con esta necesidad y lo hacen, eso sí, conscientes de que han llegado a un extremo de elevado desgaste y de obsesión.
Son situaciones en las que cuesta incluso desenvolverse con normalidad en casi cualquier área de la vida. A veces, el recuerdo de esa ruptura imposibilita poder trabajar, disfrutar de instantes de ocio y pensar en proyectos futuros.
Hay quien intenta desviar la atención con nuevas prácticas, con el deporte, con algún curso de autoayuda. Otros inician una relación en un vano intento por olvidar. Asimismo, también hay quien deriva en el consumo del alcohol, las drogas u otro tipo de comportamiento igual de peligroso. Todo ello nos da ya una pista de la respuesta a ese “¿por qué no puedo dejar de pensar en mi expareja?”.
Estas situaciones presentan el mismo mecanismo psicológico que el de una adicción. El cerebro orquesta la misma mecánica que quien no puede dejar el tabaco o entra a diario en una casa de apuestas… Lo analizamos.
El amor es a veces como una máquina tragaperras
La metáfora es poco poética, pero aun así ilustrativa. Hay amores que se convierten en obsesión y que nos hacen actuar como el adicto que acude a diario a una máquina tragaperras. Así, una de las causas por las que no se puede dejar de pensar en esa expareja se debe al circuito de recompensa cerebral de la dopamina.
Cuando estamos con nuestra pareja y todo va bien los niveles de este neurotransmisor están estables. Nos sentimos satisfechos, experimentamos seguridad, placer y bienestar. Ahora bien, cuando se produce la ruptura se reduce drásticamente la producción de dopamina y norepinefrina y entonces surge la alarma, la desesperación y el síndrome de abstinencia.
Lo que debemos hacer para acabar con esa “adicción” es alejarnos, romper el contacto, dejar de revisar sus redes sociales, borrar su número de nuestro móvil. Mientras más nos expongamos o busquemos modos de acercarnos a nuestra expareja, más reforzaremos la adicción, el síndrome de abstinencia y, por tanto, el sufrimiento.
La ansiedad por separación: ¡ahora te quiero mucho más!
La antropóloga Helen Fisher lleva décadas estudiando todo lo relativo a la mecánica del amor y también del desamor. Algo que nos indica al respecto de la eterna cuestión de por qué no podemos dejar de pensar en esa expareja es que surge un nuevo fenómeno al que ha llamado “atracción por frustración”. Veamos a qué se refiere.
Atracción por desamor, podríamos decir que son situaciones en las que la separación y la ruptura despiertan no solo esa obsesión antes citada. Lo que se da también es una idealización de lo perdido y una mayor necesidad de apego, es más una añoranza a lo que significaba es el modelo de pareja ideal. La propia Helen Fisher lo describe del siguiente modo: “la ansiedad por separación es como un cachorro alejado de su madre: corre en círculos, ladra y gime”.
Por otro lado, estudios como los realizados en la Universidad de Graz (Austria) nos dicen que este hecho se da más en los hombres. Ellos son quienes siguen viendo a sus exparejas de manera positiva y conciben incluso que es posible retomar la relación. Las mujeres, por término medio, suelen centrarse en los aspectos más negativos para reafirmarse en la distancia y en el fin de ese vínculo, aunque por supuesto no podemos generalizar.
¿Qué podemos hacer ante estas situaciones?
Lo más adecuado cuando dejamos una relación es racionalizar de la forma más objetiva posible sobre las causas que la han motivado. De este modo, si nos han abandonado, si la otra persona ha decidido poner fin es que ya no somos amados y esto es algo que debemos asumir lo antes posible.
El dolor emocional y el por qué no puedo dejar de pensar en mi expareja
Ethan Ross, profesor de la Universidad de Michigan, realizó una investigación en la que demostró que el cerebro interpreta el rechazo social y la ruptura de la pareja del mismo modo que una quemadura. Es decir, el dolor emocional que sufrimos es similar al dolor físico. Esto explica también por qué nos cuesta tanto pasar página y dejar de pensar en nuestra expareja.
El apego, los recuerdos del pasado y la imposibilidad de asumir la realidad alimentan esos estados en los que el dolor, lejos de aliviarse día a día, se “inflama” más.
¿Qué podemos hacer?
Toda ruptura importante necesita pasar por un duelo. Una etapa en la que dejar espacio al sufrimiento, al dolor y luego desahogarlo. La aceptación es ese paso en el que nos desapegamos de los recuerdos para crear unos nuevos. Damos paso a una nueva etapa con nuevos planes y nuevas metas, esa es la mejor opción tras una ruptura.
CONTACTO CERO: CLAVES
La regla del contacto cero tiene como objetivo dejar atrás y para siempre un vínculo afectivo. Para ello, es clave no llamar, enviar mensajes o revistar sus redes sociales. Esta será la estrategia más efectiva para poder seguir adelante con mayor dignidad.
Creo importante aquí hacer una aclaración. Hay quien opta por el «contacto cero» como forma temporal de castigo y también para llamar la atención del otro. No es lo adecuado. La manipulación nunca surte efecto y es un acto de total inmadurez. Si elegimos restringir el contacto, debe ser un recurso para nosotros y probablemente para siempre y esto debe acompañarse de una adecuada preparación mental.
Hay que manejar la necesidad de enviar mensajes, audios y de hacer llamadas. Más relevante aún: dejar a alguien significa también no situar la mente en lo que esa persona puede estar haciendo o con quien esté. Esto implica, obligatoriamente, no caer en la tentación de vigilar a la expareja por redes sociales.
La regla de contacto cero es una herramienta de apoyo mental para nosotros mismos. Nos permite ir deshabituándonos del vínculo de alguien que, hasta no hace mucho, fue importante en nuestra vida.
Cumplir la regla de contacto cero implica ver este recurso como una estrategia de desintoxicación. El objetivo no es otro que acabar con la dependencia emocional aún latente hacia la expareja. Al fin y al cabo, dejar canales abiertos de comunicación siempre nos hará caer en la tentación de saber del otro. Y lo que es peor, avivar sentimientos que ya no tienen sentido ni cabida.
Lo más decisivo en estas situaciones es favorecer un adecuado control de los impulsos. Así, algunos trabajos de investigación, como los realizados en la Universidad Deusto , señalan esto mismo. El gran problema de las relaciones dependientes es precisamente el apego insano y la conducta impulsiva. Son dimensiones que dificultan una ruptura definitiva.
Casi sin darnos cuenta, caemos en esos vínculos que se estiran, que son de ida y vuelta, pero que nunca terminan de romperse del todo. Caer en este tipo situaciones solo incrementa el sufrimiento. Por ello, es recomendable seguir unas adecuadas estrategias, las cuales partirán siempre del necesario «contacto cero».
Veamos cómo aplicarlo.
1. Evitar confusiones emocionales: una ruptura es un punto final
Hay personas que rompen una relación sin clarificar lo que ello supone. Si nuestro objetivo es dejar un vínculo que nos genera infelicidad, es necesario tener mentalmente claras unas ideas.
Una ruptura es un final y en esa decisión no caben los puntos suspensivos ni los paréntesis.
Mentalicémonos de aquello que necesitamos: tranquilidad, equilibro y bienestar psicológico. Retomar esa relación sería un gran error y, por tanto, debemos cumplir ese propósito.
La otra persona también debe tener claro el final. Para evitar confusiones emocionales evitaremos también «quedar como amigos».
2. Informar al entorno de que hemos dejado esa relación
Familia, amigos, compañeros de trabajo… Es recomendable que todo nuestro entorno social conozca nuestra ruptura y la respete.
Eso significa también que se evitarán comentarios como “he visto a tu ex con otra pareja en tal sitio” o “tu ex va por ahí muy triste y echándote de menos”. O, más aún, nadie debe actuar de intermediario para traernos mensajes de esa persona con quien ya no deseamos tener contacto.
3. Borrar a la expareja de las redes sociales
En la actualidad, la mayoría tenemos una vida social y una vida digital. Es imprescindible que eliminemos a esa persona de todo ese universo digital de las redes sociales. También de los contactos de nuestro móvil. Así evitaremos la tentación no solo de saber del otro, sino también de ver retazos de vida a través de las fotos que publica.
Cuando sintamos la necesidad de contactar con nuestra expareja, busquemos otras fuentes de dopamina que atraigan la atención de nuestro cerebro.
4. Controlar los impulsos por contactar con la expareja
A la hora de cumplir la regla de no contacto o contacto cero, podemos pensar en nuestra mente como en la de un adicto: sentimos una necesidad compulsiva por contactar con esa persona.
Una parte de nosotros se obsesiona en ojear su perfil de Instagram, en saber si está en línea en el WhatsApp... Nuestro cerebro necesita esa dosis de dopamina a la que está habituado y, por ello, cuesta tanto alejarnos por completo.
¿Qué hacer en esas situaciones?
Acepta tus sentimientos: tras una ruptura es normal sentir tristeza, nostalgia, desconcierto y hasta rabia.
Sopesa lo que sucederá si contactas de nuevo con esa persona: un subidón temporal de felicidad que terminará de nuevo en sufrimiento, pérdida de la dignidad y más desgaste psicológico.
Busca otras fuentes de dopamina que eleven tu bienestar e ilusiones. Inicia nuevos proyectos, conoce a más gente, descubre otras aficiones…
Desviar la atención de tu móvil evitará la tentación de contactar con tu expareja.
Para cumplir la regla de no contacto no dudes en apoyarte en buenos amigos. Cada vez que sientas la necesidad de enviar un mensaje a tu expareja, llama a ese amigo con quien puedes hablar de lo que sientes y necesitas.
5. Redescubrir fuentes olvidadas de felicidad
Hay relaciones en las que el amor se convierte en obsesión. Nos volvemos ciegos y solo vemos a la otra persona, orbitamos alrededor de una figura hiriente que todo lo nubla. El tiempo pasado en ese vínculo es tiempo perdido, un tiempo valioso que hemos dejado de invertir en nuestra felicidad.
Tengámoslo claro, si seguimos las claves para cumplir la regla de no contacto, descubriremos algo. A medida que pasen los días, lograremos un mayor control sobre nuestras vidas.
La dependencia y la obsesión por estar cerca de quien nos hace daño disminuirá. Solo entonces descubriremos esas fuentes de felicidad que habíamos olvidado. Esas en las que se inscribía nuestra auténtica esencia como persona.
Hagámoslo, el contacto cero puede costar al inicio, pero es altamente beneficioso.
Aprender a estar sola tras una ruptura
Aprender a convivir con la soledad es necesario para reconstruirnos, sanar y mejorar; y, sobre todo, para que la elección de nuestra próxima pareja sea una decisión y no una necesidad.
Claves para aprender a estar sola tras una ruptura
Si sientes que estar sola es una experiencia atemorizante, un sinónimo de fracaso o de carencia, estás experimentando unas sensaciones muy comunes. Muchas personas permanecen en relaciones infelices y dañinas por miedo a la soledad; otras pasan de un vínculo a otro como saltando entre lianas. Cualquier cosa antes que enfrentarse a la ausencia de compañía.
Si en este momento tu relación de pareja ha terminado y estás decidida a darte un tiempo propio, a invertir en ti, te doy algunas ideas para sacar provecho de esta etapa.
1. Toma conciencia de la importancia de la soledad
Este primer paso es fundamental. Has de tener claro por qué merece la pena tomarse un tiempo en soledad pues, de lo contrario, ante el primer miedo o contratiempo correrás a buscar fuera lo que debería provenir de adentro.
Recuerda que estar sola te permite descubrirte o redescubrirte, conocerte y mejorar la relación contigo. Te permite invertir en ti el tiempo, la dedicación y la energía que le brindabas al otro y, ante todo, te ayuda a crecer y evolucionar personalmente.
2. Refuerza tu amor propio
Cuando una relación termina, perdemos nuestra principal fuente de amor, apoyo, comprensión y validación. Por ende, y para que el vacío no nos desborde, hemos de aprender a llenarlo por nosotras mismas. Si te cuesta estar sola, probablemente no tengas una autoestima sólida, quizá no te consideres valiosa, digna o suficiente.
Este es el momento ideal para comenzar a hablarte y tratarte con amor, a acompañarte con compasión y respeto, a procurarte las mejores personas y experiencias. Piensa en todo lo que fuiste capaz de hacer por la persona que amabas… ahora hazlo contigo.
3. Retoma tus proyectos y diseña otros nuevos
Sin quererlo, y muchas veces sin darnos cuenta, cuando estamos en una relación terminamos dejando a un lado nuestros intereses, aficiones y proyectos personales. Nuestra atención y nuestro esfuerzo se centran en el compañero y casi olvidamos quienes somos.
Ahora, tras la ruptura, puedes retomar aquellas actividades que tanto disfrutabas y abandonaste, puedes recuperar los sueños, los proyectos y las ilusiones que tenías a nivel individual. Incluso, puede ser un excelente momento para proyectar nuevos planes y metas de cara al futuro.
4. Trabaja tus miedos
Para aprender a estar sola y, esta es una condición indispensable, has de reconocer tus miedos, aceptarlos y trabajar en ellos para que no te dominen. Como te he dicho, la sociedad está hecha para las parejas y este estado civil se premia y refuerza externamente. Esto nos lleva a pensar que estando solteros estamos incompletos, incluso que somos defectuosos o estamos fracasando.
Así, puede aparecer el miedo al rechazo, a la vergüenza, a que los otros piensen que no somos válidos. Por otro lado, pueden sumarse otros temores como el miedo a no volver a disfrutar de una relación de pareja.
Si no logras racionalizar estos pensamientos, podrías convivir con una inquietud tan grande que te lleve a volver con tu expareja o vincularte con la primera persona con la que pienses que es factible. Esto solo causará malestar a largo plazo; por ello, trabaja tus miedos, y conservarás buena parte de tu libertad.
5. Ocúpate de ti
Durante las primeras semanas o meses tras la ruptura es posible que tu mente piense de manera constante en quien fue tu pareja, en los momentos compartidos, en lo que ya nunca será. Recogernos alrededor de estos pensamientos puede resultar muy doloroso, dañino y la mejor estrategia para evitarlo es ocuparte de ti.
Comienza a cuidarte a nivel físico, mental y espiritual. Puedes comenzar a practicar ejercicio, mejorar tu alimentación o tu cuidado personal; puedes empezar a meditar, a escribir un diario terapéutico o a pasar tiempo con las personas que te quieren y te hacen sentir bien. Ahora, tú debes ser tu prioridad más que nunca.
6. Haz de tu vida una experiencia extraordinaria
Por último, recuerda que todo es pasajero y que volverás a amar. Y por haberte dado este tiempo para sanar, podrás hacerlo de un modo más sano, más auténtico y más libre. Sin embargo, tu vida no debe quedar en pausa hasta que aparezca esa persona que vuelva a tocar tu corazón, si es eso lo que buscas.
Por el contrario, este periodo es ideal para que te enfoques en construir una vida tan rica, interesante y próspera que quien entre en ella lo haga por méritos propios, para compartir y sumar, y no para llenar vacíos.
Así, céntrate en tus metas, en tu carrera profesional, en tu salud y tu bienestar, en tu propia felicidad. Cuando esta etapa de tu vida termine, la recordarás como un maravilloso punto de inflexión, como el impulso que te llevó a convertirte en una persona más fuerte y feliz. Y es que, en realidad, aprender a estar sola es un valioso recurso.
Recurrir al amor incondicional para superar una ruptura
¿Crees que lo normal es sentir odio, rabia o rencor hacia una expareja? Te voy a contar por qué el amor incondicional es el camino más saludable para superar una ruptura.
¿Crees que sabes amar? Seguramente tu respuesta haya sido afirmativa. Hay muchas personas en tu vida con las que mantienes o has mantenido un vínculo afectivo: tus padres, tus hermanos, tus amigos, tus hijos si los tienes, tu pareja o tus exparejas.
Todos pensamos que amamos, hasta que nos enfrentamos a una pérdida y nos topamos con una realidad bien diferente: nuestro afecto tiene condiciones. Por ello, en estas líneas quiero explicarte cómo recurrir al amor incondicional para superar una ruptura.
Tal vez nunca habrías imaginado que sea precisamente el amor lo que puede ayudarte a superar una pérdida afectiva.
Cuando una relación se termina, sentimos que son la ira y el rencor las emociones que pueden motivarnos a seguir adelante sin esa persona. Quizá incluso contemplemos la tristeza o la indiferencia como alternativas. Sin embargo, el amor incondicional es el camino más directo y más saludable hacia la superación de esta situación.
Tu amor tiene condiciones
El fin de una relación de pareja es especialmente doloroso para la persona que es dejada, pero también para la que deja, por supuesto. La sensación de indefensión y la falta de control sobre la situación agravan el malestar emocional que surge ante la ruptura. Pero incluso si has sido tú quien ha decidido finalizar el vínculo, esto puede hacerte sentir devastado.
Los sentimientos de enfado, odio y rencor hacia la otra persona pueden acumularse a cada segundo. Te sientes traicionado, abandonado o engañado. Aquella persona que prometió quererte, acompañarte y trabajar contigo en vuestro vínculo ha faltado a su palabra y ahora solo puedes sentir rechazo hacia ella.
¿Qué ha ocurrido en tu interior? ¿Cómo es posible que todo ese afecto que sentías se haya transformado en una emoción tan desagradable? La realidad es que, aunque creías amar, realmente no lo hacías; o, al menos, no de forma incondicional. Es decir, amar con reservas. Pero no te culpes, la mayoría de los seres humanos reaccionamos del mismo modo ante la pérdida. Sin embargo, permítenos explicarte por qué este no es el mejor camino.
¿Qué es el amor incondicional?
Imagina que vas caminando por el campo y ves una preciosa flor que te gusta. Si tú quieres esa flor (la quieres para ti), simplemente la arrancas para llevarla contigo. En cambio, cuando amas la flor, te deleitas con su belleza y admiras su crecimiento sin interrumpirlo o cortarlo por tu deseo de poseerla.
Lo mismo sucede con las personas: generalmente queremos a los demás porque estos llenan nuestros vacíos y cubren nuestras carencias. De este modo, si la relación termina, dejan de sernos útiles y el amor se transforma en odio y en sufrimiento.
De aquí proviene la utilidad del amor incondicional para superar una ruptura: si verdaderamente amas a alguien, lo amas incluso si su camino ya no es compartido con el tuyo, incluso si ya no puede ofrecerte nada a cambio. El apego (que surgía de tu sentimiento de carencia) se transforma en aprecio genuino y respeto por el camino del otro.
Recurre al amor incondicional para superar una ruptura
Para nadie es sencillo realizar este cambio de perspectiva. La mayoría crecemos equiparando el amor con el apego y tenemos que hacer un esfuerzo consciente para alcanzar la postura del amor incondicional. Sin embargo, aplicar las siguientes pautas te ayudará a lograrlo:
Recuerda que el otro no te pertenece. Establecer una relación con alguien no implica que la otra persona pase a ser de tu propiedad o que tenga la obligación de hacerte feliz, esa tarea es tuya. Si comprendes esto, podrás dejar de percibir la ruptura como una traición y ver que, simplemente, la otra persona ha elegido seguir su propio camino. Y tú puedes seguir el tuyo.
El amor incondicional para superar una ruptura también consiste en amarte incondicionalmente a ti. Esto requiere dejar de juzgarte y de buscar los fallos que pudiste cometer en la relación. Amarte significa recordar que no dependes de la presencia de nadie para ser valioso.
Tal vez tu relación fue fantástica o quizá fue tormentosa; pero, en cualquier caso, puedes extraer una perspectiva positiva y enriquecedora que te ayude a crecer. Si las vivencias con esa persona te hicieron feliz: agradece esa parte del camino que compartisteis. Si el vínculo te hizo desdichado, agradece la claridad que te dio respecto a lo que deseas y mereces.
El amor incondicional te permite librarte del odio, el rencor y la sensación de abandono tras una ruptura. Pero, además, te ayudará a construir (a partir de ahora) relaciones libres de apego en las que encontrarás un bienestar mucho mayor.
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Cómo desarrollar un apego seguro en la edad adulta
Las personas con un estilo de vinculación inseguro suelen sufrir bastante y tener problemas en sus relaciones. Por ello, si quieres desarrollar un apego seguro en la edad adulta, te cuento cómo hacerlo.
Los estilos de apego
El estilo de apego de una persona comienza a formarse durante los primeros años, en función de la atención y los cuidados que el bebé recibe. Así, pueden diferenciarse cuatro tipos de apego:
Apego seguro: se forma cuando los cuidadores son sensibles y receptivos a las necesidades del niño y responden de forma consistente. Ese pequeño crece sintiéndose amado y seguro, es capaz de confiar en otros y tiene un buen concepto de sí mismo.
Apego evitativo: en este caso los cuidadores ignoran las necesidades y llamados del bebé, no cuidan ni responden a sus emociones. Al crecer, este niño aprende a reprimir lo que siente y a ser excesivamente independiente. Evita por todos los medios mostrarse vulnerable y no puede confiar en los demás, no intima emocionalmente.
Apego ambivalente: se crea cuando los cuidadores son inconsistentes e impredecibles; esto es, en ocasiones responden con rapidez y amor a las demandas del niño, y en otras se muestran hostiles y desinteresados. Esto crea una sensación de ansiedad e inseguridad que lleva al niño a no sentirse valioso y a tener que asegurarse constantemente el afecto y la presencia de quienes ama.
Apego desorganizado: se forma cuando el pequeño vive abusos, negligencia grave o abandono. Presenta entonces una mezcla de síntomas ambivalentes y evitativos, puede tener conductas explosivas, gran frustración y un fuerte rechazo (y a la vez anhelo) de vínculos emocionales.
El apego evitativo, el ambivalente y el desorganizado pertenecen al tipo de apegos inseguros.
Cómo desarrollar un apego seguro en la edad adulta
Lo ideal, en términos de felicidad personal y éxito en las relaciones, es tener un apego seguro. Cualquiera de los otros casos nos traerá complicaciones, dolor y frustración. Afortunadamente, hay algunos pasos que podemos dar para matizar nuestro estilo de apego, incluso siendo ya adultos.
Partiendo del apego evitativo
El reto para una persona con apego evitativo es aprender a confiar y permitirse crear intimidad emocional. Así, es importante atender a las siguientes cuestiones:
Comprender de dónde surge este apego evitativo y sanar las heridas infantiles. Es necesario aceptar que en cierto punto llegamos a sentirnos rechazados o minimizados, y que por eso huimos de la intimidad. Igualmente, hay que tomar conciencia de que ese rechazo no tiene por qué volver a ocurrir y que, si sucede, ahora somos adultos y podemos afrontarlo. Los muros que hemos levantado no nos protegen, nos mantienen aislados.
Es fundamental dejar de evitar, ya que este mecanismo no nos permite avanzar. Piensa qué situaciones evitas (por ejemplo, las discusiones que impliquen sentimientos o el compromiso en las relaciones) y permítete irlas afrontando. Ve dando pasos, aunque te saquen de tu zona de confort.
Adquiere alguna herramienta que te ayude a gestionar la inseguridad que te genera vincularte emocionalmente con otros. La respiración diafragmática es una técnica sencilla que te permitirá volver a tu centro y tomar mejores decisiones cuando surja el impulso de huir.
Aprende a expresar tus emociones sin ocultarte y mostrándote vulnerable. Tu pareja necesita saber qué sientes, qué deseas y necesitas. Sé asertivo y comienza a abrir tu interior.
Partiendo del apego ambivalente
Si tienes un apego ambivalente, tu reto es superar la dependencia emocional, dejar de buscar desesperadamente el amor y la presencia de las otras personas. Para esto, puedes tomar las siguientes pautas:
Entiende que tus actitudes surgen de un niño herido que se sintió confuso, carente de afecto y no aceptado incondicionalmente. Es por esto que hoy te sientes siempre inseguro y necesitas asegurarte constantemente de que los demás te quieren y están ahí para ti. Recuerda que ahora eres un adulto y no dependes de nadie para sobrevivir.
Es fundamental que refuerces tu autoestima, trabajes en tu amor propio y comiences a darte eso que tanto anhelas de los demás. Esto es, amor incondicional, aceptación, consuelo y apoyo. Priorízate, ocúpate de ti y de tus necesidades y mejora la relación contigo mismo.
Cuida tu diálogo interno y las inferencias que haces de la conducta de los demás. En este estilo de apego es común estar muy alerta ante el comportamiento de los otros y preocuparse y culparse ante cualquier cambio en ellos. En lugar de pensar que es tu culpa, que has hecho algo mal y que van a dejar de quererte, procura ajustar tus pensamientos y no dejarte llevar.
Puede ser muy positivo que amplíes tu círculo social con personas nutritivas y enriquecedoras. Para las personas que necesitan y disfrutan la intimidad emocional, tener relaciones significativas es importante. Esto ayudará a no recargar toda la responsabilidad y las expectativas sobre tu pareja.
Partiendo del apego desorganizado
En el caso del apego desorganizado, puede ser necesario trabajar en las dos vertientes anteriores para desarrollar un apego seguro. Sin embargo, dado que este estilo de apego surge de un trauma complejo vivido en la infancia, lo más recomendable es buscar apoyo profesional.
Sanar el pasado, aprender a gestionar los disparadores de ansiedad y a vincularse sanamente puede ser especialmente difícil en este caso; por tanto, la psicoterapia será de gran ayuda.
La terapia psicológica ayuda a trabajar los traumas vividos en la infancia.
Desarrollar un apego seguro es posible
Ciertamente, trabajar el apego es una de las cuestiones más complicadas, por lo arraigado que se encuentra desde tanto tiempo atrás. Sin embargo, todos podemos superar nuestro estilo de apego inseguro y avanzar hacia una mayor seguridad, confianza y bienestar.
El cambio llevará tiempo y en muchas ocasiones surgirán de nuevo esas antiguas tendencias, pero con conciencia, perseverancia y trabajo personal podremos aumentar nuestro bienestar y la calidad de nuestras relaciones.
La curiosidad por el conocimiento humano es mi cerradura particular, la Psicología es la llave, escribir un arte que estoy aprendiendo.
- Sentirse bien cuando se está con la pareja. Se crea un clima de confianza y la persona se siente segura al lado del otro.
- Tener deseos de compartir, de hacer actividades y cosas conjuntamente.
- Tener ganas de conocer más profundamente los deseos, las ilusiones y los objetivos del otro.
- Tener ilusión, una proyección positiva hacia el futuro (puede ser en el mismo día, en semanas, en meses...). Es lo que solemos identificar con sentirse vivo.
- Echarse de menos cuando se está separado (aviso: esto no justifica una interminable cadena de llamadas diarias o de control de la vida del otro).
- Tener deseo físico, sexual, buscar el contacto de piel que es fundamental para la creación del vínculo entre dos personas.
- escuchar nuestras emociones
- identificarlas
- interpretarlas
- gestionarlas eficazmente
MANEJANDO EMOCIONES: INTELIGANCIA EMOCIONAL.
Cerrando círculos, puertas. Seguir adelante con tranquilidad, eso es a vida.
Cierra, clausura, limpia, tira, oxigénate, despréndete, sacúdete y suéltate.
A VECES HAY QUE TOMAR DECISIONES QUE DUELEN AL CORAZÓN PERO TRANQUILIZAN AL ALMA

A veces evitamos aquello que creemos que nos va a doler emocionalmente y nos atamos a vivir experiencias que nos hacen daño, que nos aburren y que no nos dejan evolucionar. Nos instalamos en ese mundo pequeño y cuanto más tiempo permanecemos en él, más difícil es salir y continuanos aferrados a lo conocido aunque ello nos cause sufrimiento y dolor.
Para mejorar vamos colocándonos paños de agua tibia, tratando de no tomar la decisión, una decisión difícil pero necesaria y que por apegos y miedos vamos aplazando.
Pero una vez que nos damos cuenta de que un cambio es necesario, ya hemos dado el primer paso en nuestro camino y esto significa que nos hemos quitado la venda de los ojos, lo que sigue, aunque duro, no requiere de mayor esfuerzo que reconocer objetivamente la situación, decidirse, actuar y no mirar atrás, al menos en un primer momento.
Pero la realidad apunta a que somos responsables de nuestro bienestar, de generarnos experiencias que nos hagan crecer y vivir desde el amor. Lo que hoy apartemos de nuestra vida y dejemos ir, quizá nos genere dolor, sin embargo si sentimos que hacerlo nos pone en línea con nuestro propósito de vida, no dudemos ni perdamos más tiempo en tomar la decisión que nos conduzca allí donde queremos estar.
Tomar ese camino difícil, asumir riesgos y caminar por sitios no seguros es más dificil que transitar por caminos sencillos y conocidos, aunque el precio sea la infelicidad, el tedio y la frustración.
Levantarse, dar el primer paso y continuar pisando cada vez más fuerte es un acto de valentia que lleva a la realización de los sueños.
APRENDER A MEDITAR CAMINANDO
- Empezaremos a caminar a paso normal. Poco a poco deberemos encontrar el ritmo que nos sea más cómodo y relajante, más catártico y liberador. Habrá personas que caminen a buen ritmo y otras con paso más lento.
- Ahora es el momento de centrar la atención en algún aspecto. Visualizamos en nuestra mente como si fuera una linterna que orienta su luz sobre un aspecto concreto y luego a otro: Primero a la respiración, luego a la sensación de los pies cuando tocan el suelo, más tarde el viento o el calor del sol acariciando nuestra piel. Focalizamos nuestra atención en esos aspectos de manera cíclica: Primero uno, respiración, luego otro movimiento pies, luego el tercero el viento o sol acariciando nuestra piel… vamos repitiendo
- Poco a poco nos iremos dando cuenta de que ya no necesitamos centrar nuestra atención en cada uno de esos aspectos del cuerpo. Al cabo de los días el foco de nuestra linterna será tan amplio que lo vamos a percibir todo de una vez.
- Nuestra conciencia se habrá ampliado tanto que nuestro “ser” formará un todo perfecto en calma y armonía.
- En los laberintos no hay una única salida ni se gana cuando una haya cómo salir de él. El beneficio está en el propio recorrido y en lo que conseguimos mientras lo transitamos
- El objetivo es calmar la mente, abrir el corazón a través del propio recorrido del laberinto.
- Cuando se entra en el laberinto primero hay que detenerse a reflexionar, pensando qué deberíamos dejar ir antes de iniciar ese recorrido concéntrico para centrarnos de forma plena en el presente, en el aquí y ahora
- Se camina despacio, un pie tras otro y viendo en todo momento la forma de los trazos y de los caminos.
- Cuando se llega al centro o “roseta” del laberinto, debemos descansar y meditar unos minutos sobre el trayecto recorrido. El objetivo de este ejercicio no es encontrar la salida a la maraña de nuestros problemas, sino salir fortalecidos por el aprendizaje adquirido durante el proceso.
Pero sobre esta hermosa senda, camino en paz.
A cada paso, un suave viento sopla.
A cada paso, se abre una flor.
Fuente: El arte de vivir despierto. Thich Nhat Hanh (Maestro de Zen)
Los secretos del desamor
El corazón roto
Dolor corporal
Perder a una pareja cuando estamos enamorados
Las probabilidades de romper
Formas de decir: ya no te quiero
Ausencia de comunicación
Mostrar indiferencia
Falta de compromiso
Una tercera persona
Las razones por las que se termina el amor según la ciencia
La falta de sentido del humor
La falta de confianza
La falta de intimidad
Cinco apoyos sólidos para enfrentar una ruptura
Aprende a perder y rodéate de quien te ama
Recuerda lo bueno y lo malo y disfruta la soledad
El amor se debe sentir y ver: evita idealizar
Una ruptura te enseña lo que no quieres saber del amor
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